Edición Nº 24

La Revista

Cuarto Oscuro

¡Ay, Carmela!, El milagro de Candeal, Habana Blues: Tejiendo la red socio-musical

 

Autor: Mitsuko Shimose

La música es la fisioterapia del mundo El milagro de Candeal ¿Qué tienen de común estos tres filmes: ¡Ay, Carmela!, El milagro de Candeal y Habana Blues? Al ver las películas, nos damos cuenta que el hilo conductor que las une es la música. Sin llegar a ser películas musicales del todo, las tres la tienen como ingrediente principal.   Pero más allá de la música en sí misma, se puede encontrar que en las tres ocurre un fenómeno especial: la música sirve para tejer una red social, dejando de lado lo político-estatal. Esto se puede ver claramente, por ejemplo, en ¡Ay, Carmela! de Carlos Saura (1990) pues es precisamente el grupo de teatro, cuyas representaciones eran en su mayoría musicales, el que reúne a gran parte de los soldados que peleaban en la ya creciente Guerra Civil Española. La música, pues, les servía tal vez como una especie de catarsis después de tener que pasar por los traumas que toda guerra lleva consigo. En El milagro de Candeal (Fernando Trueba, 2004) esta red social se torna más evidente, ya que es sólo mediante la música que este barrio, ubicado en Bahía-Brasil, puede mejorar sus condiciones de vida de una manera colectiva. Por su parte, Habana Blues (Benito Zambrano, 2005) nos muestra una especie de hermandad construida en torno también de la música: un grupo de músicos de la Habana que anhelan triunfar en la vida por medio de lo que más aman.  Por otro lado, y como decíamos anteriormente, si bien por una parte se teje una red social a través de la música, por la otra se va dejando de lado lo político. En ¡Ay, Carmela! se da preferencia a la libertad que brinda lo artístico en detrimento de la opresión que deja un régimen político autoritario (el franquista). Asimismo, en El milagro de Candeal, el pianista cubano Bebo Valdés dice claramente que la política de su país lo tiene sin cuidado, pues más allá de ésta él no siente identificación alguna con el país en sí. En realidad, lo que motiva a Valdés es la cultura africana que pervive en países como el suyo (Cuba) o como en el que se encontraba visitando (Brasil). De igual forma sucede en Habana Blues, pues Luis rechaza el contrato ofrecido por los españoles –el cual le brindaba la oportunidad de viajar a Europa para promocionar su trabajo– en vista de que este trato parecía tener más intereses políticos que artísticos.  La temática de la sobrevivencia podría ser otro eje sobre el cual giran dichas películas. Aunque lo hacen dedistinta manera, la sobrevivencia se torna en la transversal del trío ya mencionado. En ¡Ay, Carmela!, la sobrevivencia estaría dada en cuanto a lo político. Vivir, pues, en un régimen autoritario se torna casi imposible por las dificultades en cuanto a libertad de expresión se refiere. En Habana Blues, la sobrevivencia vendría de la mano de lo económico. La vida para un músico en la Habana se torna complicada en tanto ausencia de oportunidades laborales. El milagro de Candeal muestra, por su parte, la sobrevivencia de clase racial, ya que según el propio film, este barrio bahiano está habitado por descendientes de migrantes africanos.     De esta forma, si bien las tres películas tienen estas cosas en común, también encontramos ciertas diferencias entre ellas. La primera y la más clara es la manera en la que son contadas. Por ejemplo, El milagro de Candeal parece ser un documental sobre la visita de Bebo Valdés a Bahía, visita con tintes pesquisidores. Dicha indagación se basa en la música, tanto cubana como bahiana, en cuanto contenedora de sus antepasados africanos. En cambio, ¡Ay, Carmela! es contada desde la perspectiva de gente que hace teatro; así como Habana Blues lo hace desde personas que se dedican a la música como modus vivendis.   La fotografía también es parte fundamental de los filmes. En primer lugar, señalamos que así como El milagro de Candeal es relatada bajo la forma documental, de la misma manera la fotografía se encuentra regida por este formato. Las tomas, como los travellings de las cámaras, acompañan al señor Valdés, con el fin de que luego todo quede registrado no sólo como una investigación, sino también, y principalmente, como testimonio de vida. En el caso de Habana Blues, la fotografía dialoga perfectamente con la música. Cada toma, pues, parece estar en armonía con la música de fondo que se escucha. Sin embargo, ¡Ay, Carmela! es un caso aislado, ya que creemos que la fotografía se encuentra en disonancia con la parte musical, simplemente porque no logra transmitir lo que la sonoridad sugiere. Respecto a los finales de las películas, se podría decir que dos de ellas terminan de manera casi trágica y sólo una concluye de modo jubiloso. ¡Ay, Carmela! y Habana Blues cierran con escenas “tristes”: la primera en tanto la muerte de Carmela a manos de un soldado franquista, y la segunda en cuanto Luis se queda en su isla solo, sin su esposa, ni sus hijos, ni su mejor amigo en vista de la decisión migratoria que ellos toman en busca de mejores oportunidades. No obstante, El milagro de Candeal concluye de forma gozosa, pues se proyecta una escena festiva, llena de música, de cantos y de bailes en honor a la inauguración de la nueva plaza del barrio. En este caso, pues, el milagro estaría dado por la unión colectiva que se ve materializada en obras públicas.  En síntesis, más allá de las similitudes y diferencias que puedan existir entre estas películas, me quedo con la última frase que alguien dice en El milagro de Candeal: “la música es la fisioterapia del mundo”. Fisioterapia por su acción curativa-espiritual y unificadora en tanto su capacidad para forjar imaginarios sociales… ¡Qué sería del cine si no existiera la música creadora de atmósferas! Formas de expresión como las gestuales, por ejemplo, palpitarían en nuestra mente, pero es sólo con el sonido que esas impresiones vibran tocando cada fibra de todo nuestro ser.    

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