Edición Nº 11

La Revista

Cuarto Oscuro

Caóticas y extrañas: mujeres de cinco películas españolas

 

Autor: Luis Velasco

 

Todo el mes de junio el ciclo Martes de Cine Español "Para gustos, colores…" está dedicado a la mujer representada a través de cinco visiones, que aún sin agotar todos los espectros nos muestran que ellas siguen siendo una rica inspiración en el cine. La amante apasionada, la víctima de sus recuerdos, la viajera misteriosa, la líder subestimada y la musa ausente serán los receptáculos del imaginario de cinco directores con propuestas creativas distintas.

"Las batallas contra las mujeres son las únicas que se ganan huyendo" decía Napoleón, un hombre que ciertamente sabía de estrategia. Sin embargo, cientos y cientos de siglos de historia han pasado y no parece que tantas batallas supuestamente ganadas hayan rendido fruto alguno. Aún hoy, hay un aire de misterio que los hombres de una u otra manera hemos creado alrededor de ellas.

El film En la Ciudad de Sylvia de José Luis Guerín se vuelve un claro ejemplo de la fascinación del hombre por la mujer que no conoce. Obsesionado por un recuerdo, un hombre decide volver a la ciudad donde años atrás se topó con una mujer. Esta inquietud, que ahora más que nunca trasciende la pura curiosidad, se ve manifestada fuertemente en las artes. Ya sea por la libertad que ofrece la enorme cantidad de medios de expresión que podemos encontrar o la gran cualidad que tiene (o debería tener) el artista, la reflexión, es que se desmitifica la imagen de la mujer y la visión que él tiene de ella. El cine, como no podía ser de otra manera servirá de manera muy eficaz a este propósito pues se ha convertido en una herramienta clave a la hora de replantearnos ideas.

Qué mejor entonces, que remontarnos al momento más lejano en el tiempo, momento al que los libros de historia, las crónicas y las leyendas nos pueden llevar, allende los hombres entendían mejor a la naturaleza y su pensamiento simbólico estaba mucho más depurado. Hay quienes aseguran que todas las culturas derivaron de los primeros egipcios, pues fueron los depositarios de conocimientos que venían de tiempos y lugares más remotos y que fue acá donde la humanidad alcanzó su mayor desarrollo, más que todo espiritual. Fruto de ésta búsqueda es que han llegado hasta nuestros días testimonios muchas veces incomprendidos y/o manipulados de cómo convivían los seres humanos unos con otros y cómo se relacionaban con su entorno. El libro del Kybalion es uno de los tratados más antiguos que se conocen donde se explicaba a manera de reglas o leyes cómo funcionaba el Universo y contenía en sí mismo la clave para interpretar y aplicar esas leyes en nosotros mismos. Sin necesidad de hablar de todas las leyes que componen este libro, pues de todos modos son solamente siete, podremos ver que hay un principio que aparece insistentemente en varias de ellas: el principio de dualidad, de que todo está formado por polos opuestos y que es en la interrelación que surge de ambos donde se genera el ritmo que permite que la naturaleza se manifieste. Todo tiene en sí mismo un principio femenino y otro masculino.

El segundo principio del Kybalion encierra en sí mismo el que es probablemente el reto más grande a la hora de comprender a los demás: "Así es arriba como así es abajo". Proponemos que esta idea es significativamente una de aquellas que dio origen al renacimiento, tras varios siglos de oscurantismo provocado por la iglesia católica, pues el ser humano ya no era una suerte de huérfano separado de aquello que entendía como Dios, por un lado, y de la naturaleza que lo rodeaba, por el otro, y que si las mismas leyes que se aplican en el Universo se aplican en nosotros, aquello que conocemos como Dios, Hombre y Naturaleza son una misma cosa. Si decidimos partir de este punto y adentrarnos aún más en aquello que se dice en este antiguo tratado, nos toparemos con otras leyes que nos hablan del punto en cuestión: "Todo es doble, todo está en los dos polos, todo tiene su opuesto"; "Todo es flujo y reflujo, todo tiene sus periodos de avance y retroceso, todo sube, todo baja, todo se balancea como un péndulo, la cantidad de su movimiento a la derecha es la de su movimiento a la izquierda. El ritmo es la compensación"; "La generación existe por todas partes. Todo tiene su principio masculino y su principio femenino". Vemos entonces que se hace un hincapié no solamente en que todas las cosas tienen dos polos que las componen, sino que es precisamente en la relación que existe entre ambos donde radica su equilibrio.

 

Bajo este mismo principio y trasladándonos en el tiempo y el espacio nos toparemos con otro tratado llamado el I Ching y que tiene su manifestación formal en un símbolo que todos nosotros conocemos muy bien, el famoso yin-yang. Acá se nos habla también de dos polos entrelazados, el yin: femenino, pasivo, receptivo, móvil, el negro; y el yang: masculino, activo, estático, el blanco. Cabe recalcar que si bien son particularidades atribuidas a cada principio no significan en sí mismos "hombre" y "mujer", pues veremos que más allá de los rasgos físicos, es más a un nivel mental donde se dice que cada una de estas características se manifiesta.

Es precisamente por estas características inherentes que, por ejemplo, en los templos de la antigüedad eran las vírgenes vestales o, sin ir más lejos las ñustas en la Isla del Sol, las que se encargaban de resguardar los misterios: eran ellas las que se quedaban en casa a resguardarla mientras los hombres salían a cazar. Si quieren hacer un experimento interesante, dicen que el hecho de que los hombres cuando ven a una mujer lo hagan con la mirada fija y las mujeres cuando miran a los hombres lo hagan con una mirada más abierta es un gesto de estas costumbres, pues los hombres necesitaban mirar fijamente a su presa y las mujeres necesitaban desarrollar más la vista periférica para vigilar los alrededores.

Con el pasar de los siglos todos los aspectos de la vida humana se comenzaron a institucionalizar, incluyendo la misma religión, y fue la iglesia católica la que se encargó de sepultar mediante un sólo decreto la división justa de roles. La Trinidad que hasta ese momento había sido, como en todas las religiones alrededor del mundo y a lo largo de la historia: Padre, Madre e Hijo, paso a ser Padre, Hijo y Espíritu Santo, quitándole de lleno todo protagonismo a la mujer, que si en los asuntos de dios no tenía cabida, mucho menos en los de los hombres. En La Reina Isabel en Persona de Rafael Gordon, Isabel Ordaz interpreta a una actriz que es de alguna manera poseída por el espíritu de Isabel de Castilla y nos relata la historia de su vida y su reinado, en una época donde el renacimiento estaba en pleno auge. La historia problematiza los espacios de poder y da cuenta de una mujer adelantada para su época, en la que despliegan no sólo las problemáticas de la posición de la mujer en la sociedad sino la contraposición de éstas en un espacio contemporáneo.

No fue sino hasta la revolución francesa que se habló de una "liberación femenina" como tal, la cual se desarrolló durante todo el siglo XIX y encontró en la revolución industrial y la inserción de la mujer en el mundo laboral el momento perfecto para hacerse sujeto activo y problematizador en las sociedades. En el cine de principios del siglo pasado vimos la aparición de las famosas femme fatales, bellas y poderosas, durante el llamado ¨pre code Hollywood¨, que fue un periodo de cinco años entre 1929 y 1934 donde aun no se había establecido el código de censura. De todos modos, estos personajes femeninos todavía seguían formándose en base a estereotipos creados fundamentalmente por visiones masculinas, que detentan cierto poder al configurar estas imágenes femeninas. En palabras de Simone de Beauvoir: "El problema de la mujer siempre ha sido un problema de hombres".

Con el pasar de los años, y gracias especialmente a las artes, es que muchos tabúes entorno a la mujer y su papel como mujer hacia sí misma y hacia la sociedad se han roto, los límites se han llevado al extremo y muchas preguntas que nadie quería hacer han sido respondidas. La cineasta Catherine Breillat es de las más prolíficas en ese sentido, pues todos sus filmes giran en torno a la mujer que se cuestiona y enfrenta las trabas que el hombre ha creado a su alrededor, haciéndolo sin tapujos, sin dejar nada por sentado. Otra directora que ha trabajado mucho sus personajes femeninos es la española Isabel Coixet, que en La Vida secreta de las Palabras nos muestra no una reflexión sobre el papel de la mujer, sino más bien una fuerte crítica a los crímenes impunes que se han cometido hacia ella, quien es capaz de amar una vez que haya recuperado el amor hacia ella misma. Un acercamiento, tal vez un poco más ingenuo, lo hará Roser Aguilar con Lo Mejor de Mí, que en la misma línea del profundo amor que puede ofrecer una mujer, hace hincapié en el sacrificio como prueba de ese amor. Es ella quien decide lo que debe entregar a un hombre que por orgullo no quiere aceptarla, volviendo una vez más a rehuir, a evitar el confrontamiento.

No se trata entonces de escapar a la confrontación y levantar falsos velos de misterio sólo para no tener que asumir una responsabilidad. Nuestra visión supuestamente progresista hace que pensemos que hacia adelante están todas las respuestas y preferimos no volver la mirada hacia aquello que nuestros antepasados pensaban porque los consideramos menos inteligentes. No olvidemos que inteligencia significa literalmente discernimiento y bastantes pruebas tenemos de que no hemos tomado muchas buenas decisiones a lo largo de los siglos. Aquellas personas que sabían convivir con la naturaleza y entendían que cada uno cumple un rol específico guardaban en sus costumbres la clave para enfrentar todos los problemas que nos aquejan hoy.

Quizás sea en Caótica Ana de Julio Medem donde se crucen todos los temas que el resto de las películas del ciclo han querido tocar, pues es una suerte de homejane a la mujer y una problematización de su papel en la historia y la sociedad. Ahora ya no se tratará del hombre que sale a cazar y la mujer que se queda a cuidar a la familia: pensar en labores específicos no tiene sentido, pero si es necesario cambiar de mentalidad y no seguir fomentando actitudes viejas. Los esquemas ya se han roto y tenemos en las manos las piezas necesarias para reestructurar las formas pasadas. Entonces, ¿Qué hacer? ¡A seguirse enamorando y a crear juntos se dijo!

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