Edición Nº 29

La Revista

Cuarto Oscuro

¿Cine de mujeres?

 

Autor: Sebastian Morales Escoffier

 

 

 

El Martes de Cine Español cierra este año con un ciclo dedicado a  cuatro grandes directoras españolas.  Este ciclo nos propone películas temporal y temáticamente alejadas (salvo ciertos motivos que nos esforzaremos en hacer tangibles en este texto), suponiendo que el hilo curatorial del ciclo, “grandes directoras”, es suficiente para enlazar películas como Siete mesas de billar francés (Quejereta), Mataharis (Bollaín), Cosas que nunca te dije (Coixet) y El perro del hortelano (Miró).

Según el teórico de arte español, José Jiménez, en la tradición del arte occidental, las mujeres siempre han tenido un papel más bien marginal. En efecto, si hacemos una pequeña revisión de la historia del arte, nos daremos cuenta que las mujeres  como creadoras de arte y no sólo como objeto de representación, aparecen con relativa fuerza recién en los comienzos del siglo XX. Esta inclusión de la mujer en el arte, ha sido sin duda positiva para la creación artística, puesto que,  como afirma Jimenéz: “ese proceso social y estético impulsado por una nueva voluntad de intervención de la mujer en el arte ha ido dando lugar a la aparición de una sensibilidad diferente, que con no pocos esfuerzos se va abriendo paso también en el mundo artístico” (2010: 216).

Según Jiménez, “la gran fuerza del nuevo arte hecho por mujeres reside en la capacidad de identificar y poner en cuestión los estereotipos dominantes durante siglos en la cultura de Occidente” (Ibíd: 217). Así pues, la inclusión de las mujeres en el arte como entes activos, daría la posibilidad que las obras se renueven, dando un nuevo impulso a la creación artística. Si bien es cierto que Jiménez en los pasajes citados se refiere  sobre todo a los movimientos feministas de los años setenta, el hecho de que se haga un ciclo dedicado exclusivamente a directoras supone que hay una sensibilidad más o menos similar. Sobre todo si consideramos que las películas escogidas para este ciclo tienen muy poco que ver las unas con las otras.

Sin embargo, suponer que por el mero  hecho de ser mujer implica que uno haga algo parecido a un “cine de mujeres” es una  idea que resulta al menos curiosa y se acerca mucho a las concepciones marxistas sobre el arte. Según esta corriente, el burgués sólo puede hacer cine burgués (¿lo que quiere decir que el proletariado sólo hace cine popular?). Este tipo de concepciones son sin duda muy peligrosas para la crítica cinematográfica. El analista marxista de un film investiga las condiciones de vida del director, descubre que tuvo una vida muy acomodada (por ejemplo) y concluye que la película que debe criticar es burguesa y por tanto, hay que rechazarla. El problema de este tipo de concepciones es el hecho que lo último que se toma en cuenta, es justamente la película. Esto sucede con mucho más frecuencia en  el arte que suponemos más marginal; nos encanta ver películas de lugares exóticos o  de grupos excluidos, más allá de su propuesta formal o discursiva.

 

Es cierto que muchos grupos feministas han utilizado el cine como herramienta para mostrar cierta forma de ver el mundo, que tiene que ver mucho con el discurso de esta corriente. Sin duda alguna, este tipo de cine nos propone una nueva sensibilidad, nuevas formas de comprender las pf_contenido entre los géneros y por tanto, es posible encontrar (más allá de los contenidos que nos proponen las películas) hilos comunes entre estas directoras. Sin embargo, esto es una elección consciente, que responde a una propuesta discursiva.

De ahí la dificultad de escribir un ensayo sobre “grandes directoras españolas”. Más allá de los reparos puestos más arriba, intentemos demostrar, yendo a lo concreto, la imposibilidad de hablar, salvo del caso del cine feminista, de un “cine de mujeres”.

Hay sin duda un punto común en las cuatro películas propuestas en este ciclo: las protagonistas de los films son  todas mujeres. Sin duda, el hecho de que se traten de realizadoras, implica una ligera modificación en los mecanismos de identificación en la película. Las mujeres toman un papel más activo dentro del film, ya no son simplemente  (como generalmente pasa) objetos de deseo (o de la mirada) de un protagonista masculino.  Este cambio en los papeles potencialmente puede llevar a la innovación temática o estética, sin embargo, en los filmes propuestos esto no sucede.

El perro del hortelano de Pilar Miró es una adaptación de la obra homónima del gran escritor español Lope de la Vega. Sin duda alguna, el gran aporte de este film, es el reto que se impone la directora: ser absolutamente fiel al texto. Así pues, los diálogos  son exacta expresión de la obra de Lope de la Vega, en cuanto  Miró intentó preservar la tonalidad, las palabras y el refinamiento del español antiguo que utiliza el escritor. Más allá del problema de la adaptación (¿hay que ser fiel a la obra?, ¿hasta qué punto?) hay que reconocer que la propuesta de la directora española tiene muy poco de “femenina”, al ser su intención hacer una adaptación exacta de la obra del escritor.    

La trama propuesta por Miró y Lope nos lleva por una serie de historia de celos y triángulos amorosos en una corte española. Esta temática, también está presente en las tres otras películas presentadas en el ciclo. Así pues, en Siete mesas de billar francés la historia comienza cuando la protagonista se da cuenta que su marido es en realidad un estafador y tiene otra familia. Casos como esos son los que investigan detectives en  Mataharis  de Bollaín y una historia similar es la que da paso a la trama en Cosas que nunca te dije. 

 

Sin embargo, esto que podría parecer un punto en común, por el cual se podría desarrollar cierto grado de reflexión teórica, es en realidad lo más común en el cine. ¿Acaso el cine no está lleno de  putas y de pendejos? ¿de engaños y de mafiosos?. 

Así pues, más allá del enriquecimiento que puede traer el hecho de que grupos que en otrora no han podido acceder al arte y ahora lo hagan,  es claro que esto no es suficiente para proponer nuevas estéticas y éticas ni mucho menos para poner a todos estos realizadores en una misma bolsa. Enriquecer el arte significa reflexionar y proponer nuevas estéticas, desde nuestras propias condiciones de vida, es verdad, pero sin olvidar que eso no es necesariamente lo determinante.  

 

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