Edición Nº 19

La Revista

Cuarto Oscuro

Cine y migración en Bolivia

 

Autor: Claudio Sáchez

La migración boliviana, tanto interna como externa, ha sido abordada por el cine nacional en muchas oportunidades y con distintos resultados. El fenómeno social de los últimos años en el que miles de compatriotas han optado por salir del país ha sido explorado por los realizadores desde distintos ángulos. Tanto el documental como la ficción se han aproximado a las múltiples aristas de este conflicto que sigue abriendo heridas profundas en las familias sin distinción alguna de clase social.

Es necesario que empecemos a reflexionar sobre el discurso de estas películas a partir de tres ejemplos: En busca del paraíso (Paz Padilla y Miguel Chávez, 2010), Vidas Lejanas (Okie Cárdenas, 2011) y Un día más (Sergio Estrada y Leonardo de la Torre, 2009). Los dos primeros largometrajes son ficciones y el último es un documental producido con el apoyo del PIEB (Programa de Investigación Estratégica en Bolivia).

Las ficciones y sus detalles

 En el caso de las ficciones, muchos críticos coinciden en que se trata de una misma historia en tiempos distintos: el motor de ambas películas es la migración de las protagonistas a España, dejando en Bolivia a sus respectivas familias. Ambos largometrajes no vacilan en apuntar con detalle cada uno de los posibles problemas que se suscitan en tanto uno se aleja de su lugar de origen, y muestran el sufrimiento de aquellos que dejan su país al intentar adaptarse a las nuevas condiciones.

Otro de los puntos comunes entre Vidas Lejanas y En busca del paraíso está en su elenco. Las dos producciones se apoyan en la imagen de reconocidas modelos y actrices para captar público en tanto la sola presencia de ellas en la pantalla despierta en el espectador una curiosidad basada en la posible construcción de la belleza publicitaria. Si ya son lindas en fotografías y se ven bien en televisión, el cine debe ampliar sus cualidades (físicas). En este sentido la elección del reparto también se basa en la idea de construir un star system criollo que permita reconocer a las protagonistas cuando estén en la fila de algún supermercado o en la mesa de al lado en cualquier café.

Esta situación puede tener su lado positivo, en tanto afianza la imagen de una mujer como el rostro que puede ayudar en la venta de algún producto. Sin embargo, se multiplican los defectos de nuestro cine, en tanto se apuesta por considerar a la propia mujer como un producto en sí, no se trabaja en lo actoral y se prioriza el plano que resalte tal o cual condición que en apariencia puede contribuir a levantar vuelo de la imaginación, incluso del más incauto. Lo más complicado del caso, ahora que analizamos las películas que abordan el tema de la migración, resulta ser que quienes comparten este drama no se sienten identificados con lo que ven en la pantalla, por la construcción de una distancia artificial establecida por los autores al intentar banalizar una circunstancia en extremo conflictiva. Así por ejemplo las mujeres en España, que se presentan en la película de Padilla y Chávez, conversan en una larga secuencia sentadas en una cama mientras se pintan las uñas, condición irrisoria si lo que se busca es mostrar la angustia de estar lejos.

Los que se van y quienes se quedan

La ausencia de una investigación profunda que se presente de una manera clara a través de la ficción en Vidas Lejanas y En busca del paraíso, hacen que la combinación de múltiples temas no permita el abordaje concreto de lo que se quiere decir. De este modo hay un ejercicio constante de despiste del espectador, en tanto desde la platea se busca seguir el hilo de alguna de las historias simultáneas que se nos están contando. Se puede decir incluso que se subestima al público con la necesidad de explicarle todo lo que está viendo y cada una de las situaciones que ocurren. Esto se nutre de pobres diálogos que enfatizan el problema generalizado del cine boliviano en el que se opta por lo obvio en lo que se dice antes de la apuesta por la fuerza de lo visual. Se sobrecargan las escenas con aclaraciones inútiles que fácilmente podrían ser entendidas, sin mayores justificaciones.

 Vidas Lejanas es una producción cochabambina y En busca del paraíso se realizó entre Santa Cruz y Madrid, incluso su campaña publicitaria se basó en señalar que esta era una película hispano-boliviana. Cuán impresionables somos si es que creen que con este rótulo pueden sorprendernos. La película de Padilla y Chávez logró mantenerse por varias semanas en las carteleras nacionales con números que la posicionaban entre las más vistas de ese tiempo. Puede ser que el aparato montado para su difusión haya logrado hacer que esto suceda, pero es necesario complementar esto con la empatía que genera la temática con la población de una ciudad hecha de migrantes y que además, en los últimos años ha reportado un alto número de migración de bolivianos a la península ibérica desde el Aeropuerto Internacional de Viru Viru. El gancho entonces puede haberse basado en la noción de que todos tenemos un familiar del otro lado del Atlántico y que además podremos ver qué es lo que en verdad sucede en el viejo continente con nuestros compatriotas, esto sumado a la trama telenovelesca que es siempre un punto a favor cuando se trata de llegar a un público promedio alimentado de la televisión enlatada.

A diferencia de En busca del paraíso, Vidas Lejanas no ha sido un éxito de taquilla e incluso la recientemente creada Comisión de Evaluación Cinematográfica de la Cinemateca Boliviana la rechazó por su factura técnica. La idea en la película de Cárdenas es la de mostrar dos tipos de migración, la interna y la externa, aquella que se da entre el área rural y la ciudad, para proyectar luego esta situación a la realidad de lo nacional a lo internacional. Si en Chuquiago (1977) de Antonio Eguino, la migración interna se la presenta a partir de la historia de Isico (un niño que llega del campo a la urbe) que se resuelve de una manera estupenda, en Vidas Lejanas también vamos a conocer a un niño que por fuerzas externas tiene que dejar su tierra natal para aprender a vivir en otros espacios. Esta idea se desdibuja a los pocos minutos de comenzada la película y se le da continuidad a través de una mujer que representa una tercera generación de migrantes. Todo junto y bastante revuelto confunde al espectador para dar paso a una historia que refleja las complicaciones propias de la discriminación en la ciudad y la falta de empleo que se convierte en el catalizador de la idea general de migrar.

Con aprobación de la Nueva Constitución Política del Estado, se ha dado un paso muy importante hacia el reconocimiento de los bolivianos en el exterior. A partir del momento en que los compatriotas pueden votar por las autoridades nacionales fuera de Bolivia hay una intención de amparar a quienes por distintos motivos han tenido que viajar en busca de mejores condiciones. Si bien esto no es suficiente, parece existir al menos una noción de buscar reintegrar (al menos simbólicamente) a los hombres y mujeres migrantes. Esta situación parece haber calado en el imaginario, ya que lo que se nos presenta en Vidas Lejanas y En busca de paraíso es una ilusión desdibujada: el paraíso no existe en España y lo que se queda en Bolivia tampoco es el infierno. El mensaje general se centra en la idea de que a veces viajar no es lo mejor, o que a pesar de la adversidad la vida en nuestro país se puede sobrellevar con algo más de alegría y más cerca de los nuestros. Aquí se presenta la situación más interesante, a través del retorno de la sociología al cine boliviano, ya que la búsqueda de la explicación de la familia como núcleo de la sociedad se hace presente, aunque no con las características de un posible discurso mormón, sino más bien con la intención de mostrar la desintegración familiar sin aparente solución. Cuál es el país que se queda cuando los bolivianos se van, esta parece ser la pregunta, y en el caso de En busca del paraíso la respuesta no existe cuando el final es una tragedia de proporciones míticas, auspiciada por una línea aérea.

El adiós en un aeropuerto

 La tendencia de las películas que abordan el tema de la migración ha provocado un retorno a la relación entre nuestro cine y la aviación. Si a finales de los 20 y comienzos del treinta en el siglo XX los aviones habían cobrado mucho protagonismo en la pantalla grande, en la primera década del siglo XXI hemos vuelto a ver las aeronaves despegar desde distintos aeropuertos bolivianos, esto con el auspicio de las compañías aéreas que trabajan en el país. Aquí se promocionan sin querer queriendo las rutas internacionales, haciéndose también cierta apología al viaje, la publicidad está inserta en estas historias y muchas veces logra el efecto contraproducente: si en discurso la idea es no dejar el país, en la práctica las ficciones son manuales prácticos para migrar.

Ante este panorama desalentador que se nos presenta en las ficciones, el documental ha sabido posicionarseen la otra orilla, aquella que apela al recuerdo y a la memoria, que hilvana una historia de historias conducida por la nostalgia de lo que se ha dejado. Un día más de Sergio Estrada y Leonardo de la Torre es un bello ejemplo de cine documental de autor y alta calidad. Esta historia presenta el ir y venir de un migrante cochabambino en Estados Unidos: él no deja del todo su país, siempre vuelve y cuando está lejos no quiere dejar de ser quién es, si se ha ido es porque ya no podía seguir, y si vuelve es porque ya no puede quedarse. Don Diógenes es un personaje por sí mismo y sostiene una historia familiar que va de Virginia a Arbieto, también en avión.

Entre ficciones y documentales

La gran diferencia de los ejemplos citados entre ficciones y documental es que las primeras se construyen a partir del glamour que pretende sostener una micro industria cinematográfica y la segunda se constituye en base al respeto por el dolor de la distancia. Esta diferencia, que es la más importante, también se estructura en relación a la profundidad de la investigación sociológica que en Un día más existe. Este documental es una experiencia que incluso perfila una tendencia diferente dentro de la realización audiovisual boliviana, ya que se trata de un trabajo que es el resultado de otro trabajo. Con el apoyo del PIEB, se hizo un estudio sobre la migración de Cochabamba a Estados Unidos y como medio de registro se usó el video, esto permitió que una vez acabada la investigación se viera la posibilidad de hacer un documental, que al final resulto ser uno de los aportes más importantes dentro de la cinematografía boliviana a la comprensión de la migración.

Seguramente en los próximos años veremos más trabajos que aborden el tema de la migración, ya que este tema no va perder relevancia en mucho tiempo. Sin embargo, lo que vayamos a ver también será el resultado de la evolución del fenómeno social. Tal vez veremos más retornos que partidas y un país desecho, es posible que también se vaya cambiando esta imagen por un lugar ideal de retorno. Tal vez el apoyo a estas producciones de acuerdo a quién las financie nos de sorpresas que aún no las hemos visto.

 

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