Edición Nº 28

La Revista

Cuarto Oscuro

Cuatro películas de Luis García Berlanga

 

Autor: Pedro Brusiloff

 

 

I. El injusto destino de la bomba atómica

El doctor Hamilton, experto en física y creador de la bomba atómica, llega a Calabuch, una antigua fortaleza costera del Mediterráneo, y vive plácidamente en la serenidad de sus playas, entre la calidez de sus inofensivos habitantes,  absorto en una cotidianeidad  risueña. Cierto día, el ejército americano lo encuentra y lo lleva de retorno a sus trabajos habituales. En un despliegue único de sensiblería, nuestro protagonista  le narra al general que lo acompaña la belleza de la vida apacible y el desinterés, la fraternidad que reinan en la antigua isla. Más o menos esa es la película Calabuch (1956) de Luis  García Berlanga. Cabe agregar que cuando Truffaut la vio, dijo que la bomba atómica debió  haber caído sobre la cabeza de Luis G. Berlanga. 

Aparte de  hacer hincapié en su sentimentalismo, algunos críticos han dicho que Calabuch es una película pacifista que critica finamente la subordinación de la ciencia  a la guerra, su utilización para  fines bélicos. En efecto, en Calabuch,  la guerra se convierte en un inofensivo juego infantil. El ejército del pequeño pueblo está compuesto por varios legionarios romanos que practican para una procesión, por los niños que imaginan barcos piratas merodeando las costas, por un   profesor Hamilton que utiliza sus conocimientos para armar un cohete que será la joya de los fuegos artificiales con que se celebra la fiesta del pueblo, etc.  De alguna manera, la estancia del profesor en la aldea  es un retorno al mundo idílico de la infancia, a esa zona donde los actos son nobles y buenos porque carecen de consecuencias. Esa es la España que Berlanga representa en las películas que filmó durante el periodo franquista, un mundo donde la vida de las personas sólo puede ser narrada en tanto los actos que las definen sean inofensivos, en tanto carezcan de repercusiones y, sobre todo, en tanto el deseo que las motiva sea completamente transparente. En otras palabras, un mundo lleno de seguridad, lleno de certezas. 

De este modo, el reloj paralizado o el mapa de Europa donde aún figura el Imperio Austro-húngaro en Bienvenido, Mister Marshall (1952),  probablemente revelen la visión de Berlanga en este período: la necesidad de un mundo que no transcurre, que se halla paralizado en una imagen perfectamente inteligible y comprensible, un mundo que, despojado de toda ambigüedad, se hace  propicio para una narración autocomplaciente. En Bienvenido, Mister Marshall, la eminente llegada de un grupo de americanos  encargados de concretar la ayuda económica del Plan Marshall,  suscita en el pueblo de “Villar del Río’’ una serie de preparativos para recibir a los benefactores. Los habitantes organizan una tramoya andaluza y folklórica para agradar a los americanos, se visten y organizan según lo que suponen es el deseo de los prestigiosos visitantes. En el fondo,  hacen todo eso para   conseguir lo que ellos mismos desean: un tractor, un clarinete, dos mulas, etc. Pero ¿cómo sabemos lo que cada uno de los habitantes de Villar del río quiere? 

Aún resuena en mis oídos la melosa voz en off que narra la película. Si bien al principio, la voz en off parece organizar el espacio según las necesidades artísticas propias del director, su papel a lo largo de la realización es más bien hacer de los personajes meras ilustraciones de su perspectiva. Ofrecer al espectador un mundo donde todo está definido, donde todo es absolutamente claro. Es como si para Berlanga, el mundo sólo pudiera ser sincero, verdadero,  mientras todo en él sea evidente.  Si bien existe un punto de vista desolado, bastante trágico de la España de postguerra, el director resuelve esa contingencia con la aparición de una verdad definitiva: la noble espontaneidad de los habitantes del pueblo, su cándida inocencia, su irreductible generosidad.  

La clausura  de España durante la dictadura franquista seguramente provocó una necesidad por conocer lo externo,  por saber qué se escondía detrás de los  herméticos muros levantados por el caudillo. De alguna manera, Berlanga pone en escena esa inquietud, pero la resuelve con un puñado de certezas, con la construcción de un mundo donde la aparición de lo externo sólo puede propiciarse en un ambiente absolutamente predecible, en un mundo que no cambiará por su contacto con la otredad. Así, en “Bienvenido Señor Marshall”, los cambios que  se producen por la llegada de los americanos sólo pueden darse en forma de artificios efímeros que no modificarán la constitución esencial de los habitantes del pueblo. La película de Berlanga es, al fin y al cabo,  la construcción de un mundo que debe paralizarse, que debe perder toda noción natural de flujo para acomodarse a la narración  inapelable de una voz en off  incapaz de abandonar el poder que tiene sobre sus personajes, la claridad con que lee sus deseos, la complacencia  y el alivio con que narra la cancelación de cualquier tipo de ambigüedad.  Y es que  la linealidad tediosa de la narración, no sólo es notoria en la voz en off, sino en la forma como los diálogos y las escenas de la película se conectan: Por ejemplo, si en una escena alguien termina diciendo la palabra “regalar’’, la siguiente escena continúa con alguien que comienza su diálogo con la palabra “regalar”; y así sucesivamente. Salta a la vista que los personajes, sus diálogos y su forma de ver el mundo, están subordinados a las necesidades de una estructura general rígida e inflexible que los convierte en objetos, en elementos de una tramoya sin vida.  En todo caso, no deja de ser destacable la brillante parodia del género western que se elabora con el pretexto de un sueño del alcalde del pueblo. 

 

II. El Berlanga post franquista

El culo

París Tombuctú (1999)  parece ser un intento de Berlanga por reelaborar lo realizado en Calabuch. La película narra la historia de un médico francés que, angustiado por la impotencia, decide viajar al África en bicicleta, durante su viaje recala accidentalmente en Calabuch, donde es acogido por una familia compuesta por dos hermanas y su hermano, un diseñador de zapatos homosexual. En esta película, tenemos a un Berlanga libre de la censura. ¿Qué es lo que hace? 

Lo primero que destaca es una apertura notoria al tema de la sexualidad. Para empezar, el director español construye su película desde un tratamiento desenfadado del cuerpo en su desnudez. Por ejemplo, tenemos al mecánico del pueblo, un anarcoturista, como el propio protagonista de la película lo denomina, que se pasea en pelotas durante toda la película. Asimismo, y sin ningún afán sarcástico,  podría decirse que el culo es uno de los hilos conductores de la narración. El protagonista es acogido en la casa de sus anfitriones porque, después de recorrer  buena parte de España en bicicleta, tiene el culo lleno de pústulas, el diseñador de zapatos se ufana ante  él de su mejor escultura: un culo de  ciclista empotrado en una de las puertas de su casa, asimismo,  el anarcoturista que arregla la bicicleta del protagonista, entiende que el sentido de su vida, el fin de su mundo, es el portentoso culo de su esposa. De alguna manera, para Berlanga el culo es una metáfora de la soledad humana ante sus deseos más íntimos, pero al mismo tiempo, una imagen en que se sintetizan el transcurso, la voluntad de desaparecer, de recorrer el mundo en pos de un deseo, pero sin abandonar una zona esencial de sí mismo, aquella que implica todo lo permanente en la persona. Es así que el Calabuch de París Tombuctú se convierte de nuevo en un espacio idílico, donde todo discurre sin consecuencias y donde tanto los otros como el mundo, sólo pueden existir en tanto constituyan un ámbito de certezas para el protagonista. Pese a su provocadora apertura a la sexualidad y al desenfado de sus metáforas, en esencia, poco ha cambiado en el trayecto recorrido desde el Calabuch de los años cincuenta, al de finales del siglo XX. 

 

Al mejor cazador se le va la liebre

Por último,  escribiré sobre la película La Escopeta Nacional ( 1977), ambientada en pleno declive de la dictadura franquista y primera realización de la trilogía que continuó con las películas Patrimonio Nacional (1980) y Nacional III (1982)  Un humor más o menos próximo al de Buñuel y una sátira menos complaciente  que la de las anteriores películas mencionadas, caracterizan la película que narra los avatares de un industrial catalán   empecinado en realizar un negociado con las autoridades del gobierno para vender porteros eléctricos en todo el territorio español. El protagonista se ve involucrado en una serie de hechos cómicos y de malentendidos. Para empezar, debe pagar la cacería que un marqués decadente invitará a sus huéspedes, debe ayudar lealmente a un ministro de gobierno que será destituido hacia el final de la narración y soportar las  extravagancias de sus potenciales socios. Finalmente, y sin haber conseguido nada, veremos al protagonista sosteniendo unas perdices descompuestas. 

De La Escopeta Nacional se ha dicho que es una  ingeniosa crítica a la burocracia franquista, una sátira a las costumbres decadentes de una aristocracia en declive, etc.  También puede ser interesante destacar lo impertinente del protagonista en relación al espacio del que busca ser parte. El optimismo, la confianza del empresario catalán , se desmoronan a cada instante frente a lo incierto de un espacio donde nadie es dueño de sí mismo ni de su destino y donde se enfatiza esperpénticamente  la actualidad de una inmediatez que, a diferencia de las anteriores películas, no está llena de certezas , sino fuertemente marcada por una sensación de  incertidumbre, por la subordinación de los personajes a un poder que, alejado ya de la rigidez y de los férreos caprichos de un dictador, se caracteriza por los impredecibles vaivenes de la burocracia que busca escalar en el poder. Evidentemente, el tono general de la película sigue siendo el moralismo crítico de Berlanga, no existe ambigüedad, pero al menos, tampoco tenemos cursilería. 

 

 

Chico y Rita: La fiesta, la vida

Un hombre se encuentra con una mujer en una rumba. Se encuentran y se desencuentran a medida que pasa la noche. El hombre se llama Chico, la mujer Rita. Ambos son músicos, uno toca el piano y la otra canta. La rumba va pasando, sin saberlo, los dos se enamoran. La vida va pasando, sin saberlo,…

Encuentro de Cine | El corto boliviano, hoy

Descarga

Acercamientos críticos a Olvidados (Bolivia, 2014)

 

 

INSURGENCIAS

 

Cinemas Cine en La Razón