Edición Nº 3

La Revista

Cuarto Oscuro

En su ilusión s&uquest;per-sport

 

Autor: Claudio Sánchez

 A quienes no me han escuchado cantar un tango

Ingresamos a un salón húmedo, de altos techos, con el papel tapiz de las paredes que se desprende de a poco. Miramos de frente, ahí donde se acomoda la orquesta, una lucecita guarda en su código Morse alguna clave que nadie percibe. Ya nadie usa esos sombreros negros de ala corta que ocultan la mirada de quien se mofa de aquel farabute que nada sabe hacer cuando sopla el fuelle la triste melodía.

Enrique Santos Discépolo tenía una bella definición para esto. ¨Es un pensamiento triste que se baila¨, el tango envuelve con sus melodías un siglo XX donde como dice Cambalache ¨herida por un sable sin remache ves llorar la Biblia contra un calefón¨. Pero el corazón se divide, late a 24 por segundo, el cinematógrafo sorprende en cualquier lugar donde se exhibe alguna película, desde aquel 28 de diciembre de 1895 en París. El mundo entero ha encontrado en la atracción de ferias la herramienta que va permitir al hombre representarse a sí mismo.

A Buenos Aires el cine llegó en 1896, en el Teatro Odeón se llevó a cabo la primera exhibición cinematográfica que la historia recuerde, al año siguiente llegaron a la Argentina las primeras cámaras francesas Elgé. Uno de los primeros aficionados en adquirir uno de estos aparatos fue Eugenio Py, quien se convirtió en el primer realizador y camarógrafo con el cortometraje La Bandera Argentina dónde se mostraba la bandera flameando en el mástil de la Plaza de Mayo. Ya se respiraba algo distinto, el bacán se apoya en el hombro de un compadrito, le susurra algo al oído o tal vez le silba un tango, esperando que alguien se siente al piano y haga de éste una pieza mas del repertorio criollo, el salón se oscurece por unos segundos… Yo te evoco, perdido en la vida, y enredado en los hilos del humo (Café de los Angelitos).

CINE Y TANGO PRINCIPIO

¨Los inicios de esta relación, sin embargo, se remontan a los tiempos en que el cine era mudo y el tango sólo una danza. El cortometraje Tango criollo de 1906 (rodado por Eugenio Py para la casa Lepage) es el primer registro cinematográfico tanguero del que existe referencia, no así el film pues, como la mayor parte del material fílmico argentino del período silente ha desaparecido¨[1].

Desde sus primeras películas sonoras, el cine argentino ha recurrido al tango como un elemento de construcción de historias y de representación de la vida de una ciudad que se construía a pasos agigantados. De alguna manera, el cine recurrió a la más popular de sus expresiones artísticas para poder patentar una imagen propia de auto reconocimiento con lo que se exhibía. ¨Y con la invencible energía que tienen las expresiones genuinas conquistó el mundo. Nos plazca o no (generalmente, no), por él nos conocieron en Europa, y el tango era la Argentina por antonomasia, como España eran los toros¨[2].

El papa Pío X había ya suspendido la prohibición del tango, ya París bailaba al ritmo del dos por cuatro, el mundo entero silbaba algo que se expandía desde las riveras del Río de la Plata y el tango cedía cantores que hacían de actores en las nuevas producciones de un cine que se consolidaba como en ningún otro país de América del Sur, como una industria.

Hay nombres emblemáticos en esta historia y uno de ellos aparece siempre que se quiere ver el principio de este mundo cinematográfico tanguero: José Agustín Ferreyra. Representante de aquellos hombres que vieron la evolución sonora del cine, de este personaje dice Jorge Miguel Cousuelo: " Era, pues, esencialmente intuitivo y autodidacta en todo, formado a los saltos. Lo alumbraban una viva inteligencia y ramalazos de talento natural. En el diálogo se imponía, infundía respeto, cautivaba. Tenía autoridad de caudillo. Minuto a minuto vivía la vida con regusto sensual, le gustaba y la gastaba. De contenido temperamento nervioso, rara vez el cigarrillo le caía de los labios¨[3].

Ferreyra empezó su trabajo como actor y realizador en 1915 con Una noche de garufa. A este film le siguieron otros que estaban muy cercanos a la vida del arrabal, de la cual el tango está impregnado: desde El tango de la muerte (1917) la obra del director va rondar las orillas de las historias de cuchilleros, tristezas y melancolía, aquellos ingredientes que hacían al cantar porteño. Quizás lo más destacado de 1917 sea el debut como actor de Carlos Gardel en la película de Francisco Defilippis Novoa Flor de durazno. A sus 27 años, el Morocho del abasto llegaba a las pantallas. Una carta suya no refleja que éste hubiera sido un gran momento: "¡No quiero volver a ser actor en mi vida! Soy muy mal actor. Si no es con la viola, no hay caso, no soy artista".

Parece que 1917 es un hito imposible de pasar por alto: aquel año se registraría un cambio en la evolución de la música popular universal. Mi noche triste, escrito por Pascual Contursi en la voz de Carlos Gardel, se convertía en el primer tango canción. Esto afectó directamente a la industria cinematográfica, puesto que por aquellos años, se buscaba la incorporación de bandas de sonido a las películas. Ante estas circunstancias, se necesitaba ya no sólo ver bailar el tango en las pantallas, sino también escuchar a los cantores, vivir la experiencia audiovisual con los tangueros.

En este nuevo juego, con nuevo tablero, las casas discográficas apostaban todas sus cartas a poder difundir la música a partir de las películas. Era necesario poder captar nuevos mercados y una de las formas más interesantes era llevar al cine aquellas voces que hacían suspirar o contener el aire apretando el dolor. En aquel entonces, el espectáculo cinematográfico era un evento de marcada influencia dentro de las sociedades con poder de consumo económico, aquel invento de los hermanos Lumière había dejado las ferias y había ocupado grandes teatros de las capitales más importantes del mundo.

La etapa del cine silente argentino cuenta con más de 200 títulos, entre los que se destacan por la temática tanguera la obra de José Agustín Ferreyra. Sin embargo, al haber sido un periodo de pruebas más que un momento de desarrollo sistemático, gran parte del material fílmico ha desaparecido y en muchos casos quedaron sólo los recuerdos y las crónicas escritas en la prensa durante los años 1898 y 1933.

El tango también ha salido de las fronteras cinematográficas argentinas en la época silente del cine. En 1921, el actor italiano Rodolfo Valentino (1895-1926) en la película de Rex Ingram Los cuatro jinetes del Apocalipsis interpretaría a un gaucho que baila tango. Acá, una de las discusiones sobre el baile y el cine: ¿era eso un tango o era el tango sólo un fondo musical? ¨Valentino utiliza sus amistades del mundo del baile para conseguir pequeños papeles en algunas películas de Hollywood. Ha llamado la atención de la influyente guionista June Mathis. Esta anda en busca de alguien capaz de interpretar el papel de héroe en su nueva película Los cuatro jinetes del Apocalipsis, y convence a Richard Rowland, de la MGM, para que le someta a una prueba mostrándole algunos recortes de sus anteriores papeles cinematográficos, la mayoría de ellos en películas cómicas¨[4]. Sin lugar a dudas permanece en nuestra memoria colectiva aquella escena en la que Valentino baila con Beatrice Domínguez, así como Al Pacino se hace presente cuando lo recordamos en Perfume de mujer (Brest, 1992) cuando baila Por una cabeza, una de las canciones que Gardel cantara en 1935 en Tango Bar, última película del Zorzal criollo. Esta lista podría quedar incompleta si no mencionamos a Marlon Brandon en El último tango en París (Bertolucci, 1972).

¡Tango!

¨Con el estreno en 1933 de ¡Tango¡ dirigido por Luis Moglia Barth, el primer film argentino de largometraje con sonido óptico que permitió una sincronización más precisa entre la música y la imagen, se inicia la segunda etapa del tango en la cinematografía nacional."[5] La película contaba con la participación de actores que se convertirían en íconos de la cinematografía argentina y latinoamericana. Tita Merello, Libertad Lamarque y Luis Sandrini daban vida a la historia de una muchacha de arrabal que decide escapar de su casa con el guapo del barrio. Se estima que la película contó con un presupuesto de 20.000 pesos y que las ganancias multiplicaron en varias cifras ese monto; además, ¡Tango! dio inicio a una de las productoras argentinas más importantes: Sono Films.

El cine sonoro fue un paso gigante en la historia universal y Argentina no fue una excepción. De la mano del tango, la cinematografía argentina daría un paso firme a la construcción y consolidación de las estrellas de la pantalla grande. El séptimo arte se convertía en una ventana al mundo y una influencia que pocas veces ha sido tan grande e importante. Había una necesidad de ser como los actores: todos querían fumar como Humphrey Bogart, querían cantar como Pedro Infante, querían ser quienes estaban en la cúspide; querían las personas, sin distinción de nacionalidades, ser aquellos hombres y mujeres que aparecían cuando se iba la luz, cuando cambiaba la atmósfera de la vida misma, para dar paso al espacio mágico.

Más allá de su sensualidad, el tango ha provocado todo tipo de reflexiones. Entendido como el alma de Buenos Aires, hay quienes dicen que si un día habría que imaginar un sonido para diferenciar a la capital argentina sonaría el bandoneón de Pichuco o escucharíamos a Gardel cantando Mi Buenos Aires querido. Si un día tendríamos que ponerle música al cine argentino muchas voces escucharíamos, muchos silencios hondos harían pausas extensas dejando caer los párpados para imaginar aquellas escenas clásicas con actores y actrices que son parte de una historia que no ha acabado.

QUE ES UN SOPLO LA VIDA

Qué sería del cine sin sus actores, sin aquellos que dan vida a nuestras ilusiones. El tango ha dado al mundo esas melodías y esas voces que ya son el sello de un tiempo, de un sueño. Muchos nombres se asoman con un aire de nostalgia y comparten con nosotros los caminos de una historia a la que volvemos con la mirada, conteniendo el aire, sin perder el sentido de un mañana que siempre se alimenta de lo anterior, lo recrea, lo abraza, lo patea y vuelve a quererlo; es como la letra del tango que guarda tristeza y melancolía, arrastrando en sus palabras el sentir de un pueblo.

Hugo del Carril es posiblemente uno de los actores más importantes cuando se habla de un cine tanguero. Actor, guionista, director y productor, del Carril fue un hombre que se dejó conquistar por el séptimo arte y supo conquistarlo con compromiso y dedicación. Su carrera cinematográfica comenzó en 1936 en la película de Manuel Romero Los muchachos de antes no usaban gomina. En La Cumparsita (Antonio Momplet, 1947), el personaje que interpreta Hugo del Carril dice: ¨Qué hubiera sido de mí sin tu cariño, si sos mi segunda madre¨; una frase que sintetiza mucho del sentido mismo del tango, aquella relación con la figura materna que se convierte en el mástil de vidas tormentosas e historias que cada vez crecen más en la desgracia, siendo ella el contrapunto de los hombres que la sociedad mira de reojo y con desprecio. Un diálogo inolvidable de Del Carril dice ¨¿Qué fue eso?¿Fue una cuerda? / No María, fue mi alma¨ aquí se habla de una invención romántica, que no tiene nombre, de un mundo que sólo se vive en las películas, una dolorosa alusión a la pasión quebrada.

Como director, su trabajo fue prolífico, 15 películas así lo avalan. Títulos destacados en su carrera son Historia del 900 (1949), Las aguas bajan turbias (1952) y Buenas noches Buenos Aires (1964) que contó con la participación de Palito Ortega y Aníbal Troilo. En su trabajo como actor, fue testigo de uno de los hechos que se forjaría como mito dentro de la cultura popular. Hugo del Carril tenía el rol principal en La cabalgata del circo (1954) dónde compartía cartel con Libertad Lamarque y Eva Duarte.

Se dice de Libertad Lamarque que ella dio los mejores besos del cine tanguero. Daniel Roca Alcaraz dice que ¨Su vida personal se asemejó al argumento de muchas de sus películas: tragedias, dramas, desengaños. Matrimonios fallidos, un intento de suicido, el rapto de su hija y la leyenda de una bofetada que le habría propinado a Eva Perón en un estudio de filmación en 1944. Un hecho que marcó su vida personal y artística pues se vio obligada a abandonar su país y radicarse en México, que la recibió con los brazos abiertos, cuando su nombre fue incluido durante diez años en las listas negras del peronismo¨[6].

Besos brujos (José Agustín Ferreyra, 1937) pudo haber sido un escándalo. Como se diría en La cumparsita (Antonio Momplet, 1947) ¨el tango es grosero, procaz e inmoral¨. El público aplaudía a radiar a Lamarque, se convertía en una estrella, comenzaba la carrera de una de las actrices de cine más importantes en toda Latinoamérica: y ella cantaba tangos. La novia de América hipnotizaba con su voz en la película de Ferreyra diciendo ¨¡Dejáme, no quiero que me beses, por tu culpa estoy sufriendo la tortura de mis penas!¨.

Mucha tinta correría nombrando a cada uno de los hombres y mujeres que dieron vida a los personajes de un cine distinto. Carlos Gardel, Tita Merelo, Luis Sandrini, son sólo algunos de los actores y actrices de un mundo con vida propia, son corazones que palpitan en el recuerdo de un 2 por 4.

CINE Y TANGO FINAL

Quien supo hacer un bello ejercicio de memoria y homenaje fue Mario Sábato con Al corazón (1995), una película que sintetiza la historia de un cine argentino que tendría otra historia si el tango no hubiera cantado aquello que la vida agradece. El escritor boliviano Juan Claudio Lechín (Premio Nacional de Novela) produjo junto a Hugo Potenza Tango Libre (1989) un acercamiento a un tango que evoluciona siempre, que se fusiona, que cambia, que como todo organismo vivo se hace y se deshace, goza del privilegio de reinventarse. ¨Con el sombrero sobre la oreja, el cigarro humeándole bajo las narices, y la camiseta entreabierta sobre el pecho tostado¨[7].

Fin del tango, final de una noche que pudo haber sido cualquier noche. Nadie nos ha invitado, hemos venido porque hemos querido, asistimos a una nueva escena de un film que nunca se hizo. Che, papirusa querés venir conmigo. Mirá que afuera todo Yira y Yira.

BIBLIOGRAFÍA

Bland, Alexander; Valentino Retrato de una película; Ediciones Grijalbo; Barcelona, España; 1977.

Cousuelo, Jorge Miguel; El negro Ferreyra, un cine por instinto, Editorial Freeland; Buenos Aires, Argentina; 1969.

Ducrós Hicken, Pablo C.; Cine en 2 X 4; Museo del Cine; Argentina; 2006.

El compadrito, selección de Jorge Luis Borges y Silvia Bullrich; Emecé Editores; Buenos Aires, Argentina; 2000.

Sábato, Ernesto; Tango discusión y clave; Editorial Losada; Buenos Aires, Argentina; 1997.

Revista Voces; Nº 35, Año 9; Lima, Perú, 2008.

 

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