Edición Nº 16

La Revista

Cuarto Oscuro

Espacios y objetos en dos filmes españoles

 

Autor: Sergio Zapata

Las líneas de la personalidad se pueden identificar desde el conflicto con uno mismo, desde la memoria, en continua confrontación con el presente o cualquier proyecto futuro. El cine, como personaje, siempre está en continuo conflicto consigo mismo, con su especificidad que le otorga diferencia, o con el rumbo que le obligan a tomar, en tanto artificio, sueño o instrumento. Sin embargo, el cine, como una personalidad, tiene su pasado, al que rechaza y del que reniega, confluye en ideales utópicos y se enfrenta a sus filias, para lograr la tan ansiada autenticidad.

Martes de Cine Español en noviembre propone el ciclo Amarillo, que reúne a 5 películas con algunos de los personajes freaky que siempre han transitado por las pantallas del cine.

Espacio

Al edificar espacios y dotarles de tiempo, el cine –en ese gesto singular del cinematógrafo de eternizar el tiempo o de rasgar la realidad para permitir evidenciar la existencia del tiempo a partir de su manipulación– supone el principio de la reflexión espacial y del movimiento sobre el tiempo.

Pero los espacios, en la pantalla, se reconfiguran como singularidades, inconexas, fragmentadas, separadas, desarticuladas, que serán unidas bajo el manto de un demiurgo autoritario mediante el montaje. Suponer esto es otorgarle a los espacios el status de simples campos de transito y no así, como en Crimen Ferpecto (Alex de la Iglesia, 2004) o La Escopeta Nacional (Luis García Berlanga, 1977), el rol clave que permite configurar la personalidad de los personajes que desarrollarán la trama y a su vez recorrerán los espacios dotándoles de sentido y de un poder simbolizante y simbólico que revestirá la película en su conjunto, permitiendo su fácil y eficaz comprensión.

Es de esta manera que el mega mercado donde trabaja Rafael Sánchez (Crimen Ferpecto) o el pueblecito madrileño que visita Jaime Canivel (La escopeta nacional) son inherentes a ellos, en la figura de deseo o en la figura de condena. Son espacios que nutren las figuras aparentemente consistentes de nuestros personajes.

Rafael Sánchez vive de las apariencias, no tiene pasado y su futuro se reduce a desear ser el jefe de sección del mega mercado donde trabaja: con un comportamiento efectivo y calculador, él se rige a sus proyectos laborales. Lo singular es que Alex de la Iglesia opta por el relato en primera persona para que sea su protagonista quien nos presente su espacio, nos presente a sus colegas y a sus mujeres, y nos de claves para ir confeccionando el relato. En este espacio, sólo existen maniquíes, humanos o de plástico, sólo se presentan movimientos mecánicos, por la naturaleza del mega mercado que se rige bajo el principio de eficacia: posee incluso una unidad de eliminación y reparación de maniquíes, los cuales una vez cumplida su vida útil son incinerados.

Del otro lado, Jaime Cavinel, joven emprendedor de Cataluña, debe viajar a un pueblito madrileño para codearse con personalidades influyentes que puedan financiar su invento: porteros automáticos electrónicos. Esta empresa lo traslada a un espacio donde los nacionales abatieron a una escuadra aérea del "ejercito rojo" y cuyos restos se erigen como monumento a la unidad de España y al valor de los nacionales. Es ahí donde Jaime conocerá a un marqués, un ex presidente sudamericano, una famosa vedet, un ministro de Estado, un sacerdote ultraconservador, príncipes que confeccionan la atávica España donde se refugia la nobleza en el deporte más honorable que hay: la caza. Luis García Berlanga ejecuta con el llenado de este espacio una satírica crítica a la España que se visibiliza tras la desaparición del generalísimo.

En ambas películas, el espacio es la superficie, el primer nivel desde donde se articularán los personajes entre sí y el primer dato observable donde se construirá el relato. A medida que las historias se van desplegando, los espacios van mutando en símbolos, ya no son simples espacios de circulación, sino que se presentan como objetos detentadores de contenidos sólo comprensibles desde los personajes.

El mega mercado donde trabaja Rafael se vuelve su lugar de placer, ahí todas las noches repite sus largos rituales de conquista para con sus colegas y donde va a perpetrar su crimen, el principal y único conflicto de la película. Similar es el caso de Jaime: la casa de los marqueses será el lugar de reconfiguración de su personalidad, puesto que debe adaptarse a las extrañas prácticas de la vieja nobleza, ya sea las del coleccionista de vello púbico femenino o la obsesión de una vedet por ser actriz.

Con estas operaciones definitivas en el desarrollo de Crimen Ferpecto y La escopeta nacional, la mirada se adapta a los espacios, porque son éstos los que condicionan las formas de ver, las formas de empatía o rechazo con los personajes que transitan los espacios, ya no como singularidades, sino que, en algunos casos, como corporalidades homogenizadas a partir de la repetición sobre un singular friso, como lo es el espacio.

Objetos

La mayoría de las veces, la forma de apreciar los objetos en la cinematografía suele darse por la relación de valor que la mirada del director les asigna y que va a imprimir en la película: esto se da con un primer plano o con un plano conjunto, siempre en función temporal o causal de la narración, constituyendo a los objetos en personajes. Los objetos dejan de ser objetos para ser, en un ejercicio formal, personajes o elementos coparticipes de las acciones que permitirán el desarrollo de la trama.

En otras oportunidades –y una de ellas es la que nos convoca– los objetos no son personajes o no se sitúan en función de índices, sino que se transforman en símbolos que coadyuvan a crear la atmosfera unitaria del film. Los maniquíes representan símbolos, en su interacción e incluso anulación con los cuerpos humanos que les observan, a tal grado que Alex de la Iglesia llega, con recortes falsos, a simbolizar los humanos con los maniquíes, los primeros actuando como simbolizantes y los segundos como simbolizados. Operación similar ejecuta García Berlanga con las escopetas, en concreto con la de Jaime que, por su tránsito y frecuencia en pantalla, es la que simbolizará lo nacional de España en la película, acto simbólico que sólo es posible por el espacio del campo de cacería, donde se desarrolla la primera parte de la película. La escopeta como símbolo de la nobleza y su actividad, la cacería, reconoce a la primera como el objeto de deseo y a su vez como el objeto que ejecuta y el objeto de intercambio, el cual irá, por operaciones de visibilización en plano, a transformarse en el símbolo, en el objeto dotado de contenido que bien pude simbolizar este tiempo que se resiste al presente, a esa España que no renuncia a su pasado. Por esto el título de la cinta.

Los objetos, concebidos como símbolos o índices que suelen ser confundidos y reducidos sólo a estas dos funciones, también tienen usos referenciales, un estatuto decorativo, una función estrictamente ornamental que coadyuva al desarrollo del relato, como guiños a la personalidad de sus usuarios, como elementos de contraste o como signos de identidad y filiación. Pero, en obras como las de Berlanga o de la Iglesia, esto no ocurre. En las obras de estos directores españoles los objetos que invaden los espacios y convierten a éstos en paisajes son índices o símbolos, y con su presencia inerte enriquecen la propuesta plástica de sus obras.

El elemento plástico es el que permite distanciarse del cine que plaga las pantallas con cuerpos que circulan sobre espacios llenados por objetos con un afán estrictamente compositivo, sometidos a los dictámenes de la fotografía. En las satíricas Crimen Ferpecto y La escopeta nacional, los objetos confluyen sobre las determinaciones de la propuesta de sus respectivos autores, ya sea el mega mercado como metáfora de la sociedad de consumo y como principio y fin de la frivolidad epocal, o el pueblito madrileño estancado en sus tradiciones, entre crucifijos, protocolos e hipocresía, como reflejo subversivo a una sociedad que está en los albores de la democracia.

El velo extravagante con el que cautivan los personajes de ambas películas no son potentes por sus facultades intrínsecas, sino por sus formas de relacionamiento con los otros, y en el caso de estos directores los otros no son sólo cuerpos parlantes, sino que son los espacios y los objetos.

Contemporaneidad

La objetualidad y su readecuación a posturas actuales es uno de los problemas más comunes en la interpretación de las obras, ya que los objetos reclaman ser entendidos como índices, símbolos, iconos o extensión de las acciones, los paisajes, las formas y personajes, entre otros.

La contemporaneidad, ante la ineficacia en sus términos, prefiere la denominación de singularidad, puesto que la objetualidad se transforma desde el valor, como ya se mencionó, y también por el uso o el rechazo del objeto e incluso por su sola presencia.

Las distancias corrosivas que presentan las comedias de Luis García Berlanga y Alex de la Iglesia sirven para afirman que lo único que hace relevante a una obra es su puesta en forma. Y esto es posible por las pf_contenido que se establecen entre objetos y espacios, los cuales hieren a lo real y permitan la emergencia de la singularidad cinematográfica: evidenciar el tiempo.

 

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