Edición Nº 21

La Revista

Cuarto Oscuro

Fukushima, mon amour

 

Autor: Sergio Zapata

Cuando el terremoto seguido del tsunami provocó la alerta radiactiva en Fukushima, inmediatamente las imágenes del epílogo de la Segunda Guerra Mundial, Chernobyl, entre otras, invadieron la retina y la memoria de personas de todo el mundo. Acto seguido, como en una película de catástrofes me embargó cierta ansiedad, conjugada con el escepticismo propio del estado de sospecha y distancia de un accidente, al tiempo en que los gobernantes, los especialistas, periodistas y afectados esbozan explicaciones de toda índole sobre lo que se podría suscitar tras la crisis nuclear que sucedió al terremoto. Las imágenes me siguen persiguiendo.

Las imágenes del miedo nuclear se subordinan y anclan en mi memoria audiovisual –esto más por deficiencias creativas, puesto que sólo llego a asociar lo nuclear con plantas de energía para usos civiles similares a las de Los Simpson y en sus usos militares el hongo de Hiroshima o Nagazaqui–mediante el consumo frenético de imágenes.  Es así que la memoria de lo nuclear, como la crisis de Fukushima, toma mi retina y memoria como algo fantasmal, algo irrepresentable, como algo que sólo es aprehensible con la participación de expertos y periodistas que usan didácticas casi escolares para poder comprender lo que ocurre. 

Sin embargo, en la memoria, a medida que pasaban las horas y los días, la crisis de Fukushima tomaba otras imágenes, otras marcas icónicas y simbólicas, como Chernobyl, en un plano de lo real, como un episodio de Dreams de Kurosowa o como en Síndrome de China. En ambos films lo real y lo ficcional toman a lo nuclear como un elemento tan peligroso como distante. Es por ello que la cinematografía, en el género catastrófico, me alimentó la memoria con imágenes que hoy me permiten afrontar lo real –al  menos de manera provisional–, algunas consecuencias y comprender alguna causa sobre una crisis nuclear.

Imágenes 

En esta operación conmemorativa a partir del miedo es que el cine despliega una de sus funciones sociales más importantes e insoslayables, la de evocar, ya sea con base en la realidad vivida o la realidad imaginada, para establecer escenarios de forma perentoria. De esa manera, la memoria iconográfica se puso en movimiento: las imágenes nucleares, en nuestro caso el cine nuclear.

Este subgénero que emerge del cruce entre ciencia ficción y clase B elaboró las tramas más desaforadas, desde El día que la Tierra se detuvo (Robert Wise, 1951), donde unos visitantes del espacio llegan a la tierra a advertirnos sobre el peligro atómico, hasta El libro de Eli (Hermanos  Hughes, 2010), cuya trama se desarrolla en un tiempo post-histórico causado por el gran resplandor en el cielo, donde los sobrevivientes se enfrentan a la posibilidad de un mundo en el que reina la anarquía y los pequeños feudos.    

Además, el cine nuclear, como el cine de catástrofes, proporciona a las nuevas audiencias elementos de juicio sobre su presente y sobre las amenazas contingentes producidas desde el desarrollo técnico, a veces como gesto de denuncia, otras más bien como simple relato apologético del desarrollo técnico. Es así que tenemos títulos tales como Dr. Strangelove (Stanley Kubrick, 1964), Siete días de mayo (John Frankenheimer, 1964), Un día después (Nicholas Meyer, 1983), La Jetée (Chris Marker, 1963) y su sucedánea versión de Hollywood, 12 monos (Terry Gilliam, 1995).   

Pero la amenaza nuclear, en el cine nuclear, ofreció hace varias décadas una pieza cinematográfica imprescindible: Hiroshima, mon amour (Alan Resnais, 1959). Teniendo como escenario la realización de una película en Hiroshima, allí donde el calor un 6 de agosto extinguió la vida, cuestionando a su tiempo sobre los alcances y desafíos de esta energía y, fundamentalmente, acerca de sus fines.

En esta dicotomía entre usos y fines es que la energía nuclear se debatió durante décadas y el cine recogió esta discusión ética en películas como Síndrome de China (James Bridges, 1979) o Innocent Saturday (Alexsander Mindadze, 2011), donde el debate se distancia de lo post-crisis nuclear, para interrogar sobre los fines inmediatos del desarrollo nuclear y el uso de la técnica para fines destructivos.    

Mutaciones

El subgénero nuclear también se mezcló con el fantástico y el terror en tanto sirvió a éstos para justificar, en sus endebles líneas argumentales, el por qué de las mutaciones, trastornos y cambios de la naturaleza, geografía y fisonomía de las cosas y las personas. Siempre con una mirada crítica y paradójica, lo nuclear fue revisado, con mucha lucidez por Tarkovsky en La Zona (1979) Chris Marker en La Jetée (1963) y, nuevamente, Alain Resnais con Hiroshima, mon amour.

Incluso revestida por un halo místico, la radioactividad fue ingresando en pantalla: tramas como la de Solaris (Tarkovsky, 1972) o Sunshine, Alerta solar ( Danny Boyle, 2007) permiten esta conclusión. Además de atribuir a la radiactividad, una vez tenga contacto con los humanos, cierto carácter mágico. 

También ha mutado el género a partir del rechazo en las audiencias al alcance y beneficio de esta energía para usos pacíficos. Pero la mutación más importante que fue sufriendo este subgénero, merced a la agenda geopolítica, es la vinculación amenaza atómica-seguridad nacional. Esto, en alusión al género nuclear en el periodo de postguerra, seguido de la guerra fría, luego de la caída del muro y las amenazas a la seguridad nacional, adquiere cierta renovación, ya que se identifica a los enemigos de la libertad con narcotraficantes, integristas islámicos, fanáticos cristianos, ecologistas e incluso la inteligencia artificial. Todos estos elementos permiten configurar una memoria común, identificar escenarios futuros de conflicto y, por supuesto, dotarnos de imágenes, de representaciones para poder, al menos como ejercicio representacional, vislumbrar contingencias para poder hacer algo más digerible las crisis. Queda interrogarnos si ésta es la función social del cine: dotarnos de imágenes y escenarios, pasados, presentes y futuros sobre los fenómenos técnicos y/o naturales.       

 

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