Edición Nº 27

La Revista

Cuarto Oscuro

Lo rural como escenario en el cine español

 

Autor: Manuel María Caballero

 

Al hacer una breve historiografía del cine español nos encontramos con un elemento que resulta recurrente, y que tiene intenciones claras desde siempre: el pueblo (el área rural) como escenario. No estamos hablando de algo que haya sido casualmente abordado, ni tampoco de un asunto que no cruce tangencialmente a los realizadores españoles. Desde Almodóvar (Volver, 2006) hasta Buñuel (Las Hurdes, tierra sin pan, 1932), los grandes directores (y los no tan grandes) han puesto la cámara sobre lo que está fuera de lo urbano, demostrando que España aún mantiene un fuerte lazo con aquello que está al margen de la ciudad como espacio físico.

La historia 

Volcar la mirada sobre los pueblos en España ha sido una tarea que en los años sesenta y mediados del setenta pretendió mostrar una postal turística de tal o cual paraje. Posteriormente, la cuestión fue diferente, más bien se reflexionó sobre algo que está lejos, no sólo físicamente sino que (muchas veces) también temporalmente. De esta manera, las películas que se internan en los espacios rurales, entre los años noventa y la actualidad, suelen buscar entre los pasillos de la memoria los caminos de algo que no fue bien contado.

Aquí hay que tomar en cuenta el contexto histórico del desarrollo del cine español, íntimamente ligado a la propia historia del país. Se trata de un cine que con Francisco Franco fue construyendo y sustentando una industria que permitía mantener un discurso homogéneo en las pantallas: el ejercicio de la censura y el apoyo del Estado a la producción condicionaba los relatos; en cambio, los cineastas exiliados contaban otras historias lejos de su patria. No es casual que por ejemplo Luis Buñuel haya desarrollado gran parte de su obra en México o Francia, y que películas emblemáticas dirigidas por él no sean españolas en el estricto sentido de la palabra. Todo este conjunto de situaciones hace que exista un cine de temática rural que procura evidenciar la tradición cultural española exaltando los valores de la comunidad. Imposible pasar por alto la religiosidad marcada a fuego, o el provincialismo que sugieren personajes arquetípicos, pero también está el cine de memoria que atraviesa carreteras y rieles para localizar el pasado con intenciones de evitar que el horror se olvide. 

a)      Sesenta, setenta

Es en esta etapa que se encuentra un cine que busca la imagen del pueblo como el ideal de la vida armoniosa, retratando además a personajes protagonistas de la migración interna, y a extranjeros en tono cómico que quedan maravillados con ese exótico país al cual visitan por primera vez.

Sembrada de comedias (anteriores al “destape”)  que hilan la ignorancia y la tradición, las tierras del cine español entre los años sesenta y setenta están sembradas de narraciones que contemplan  la distracción y el entretenimiento en una España que se va abriendo al mundo. El turismo y lo que esto supone, los viajes de la ciudad al campo, el retorno de los españoles a sus raíces, una intención constante de soñar una geografía más amplia, esto es lo que queda en esas décadas, lejos de una reflexión aguda sobre la vida misma lo que aquí se muestra es un país que integra a sus habitantes a la modernidad.

La propuesta entonces se configura de un modo tal que la idea de lo rural se asocia a la necesidad de llevar el progreso a aquellos lugares que parecen haber sido olvidados, ahí donde pareciera que el paso del tiempo lo ha detenido todo en su mismo lugar, aquí podemos inscribir el caso de Señora doctor (Mariano Ozores, 1973) película en la que la llegada de una médico a un pueblo genera un conflicto sexista expuesto en tono de comedia.

Siguiendo esta línea recordemos El turismo es un gran invento (Pedro Lazaga, 1968). Imagínese entonces una historia lineal donde el alcalde del pueblo viaja a la gran ciudad para cerrar un negocio fantástico que permita a la comunidad dar un paso certero al futuro. Aunque las más de las veces estos personajes semejantes resultan siendo víctimas de estafadores, otras tantas veces ellos tiran por la borda todo plan embelesados por lo que van descubriendo en su viaje. Aquí se mantiene una constante general, la idea de la nostalgia por lo que se deja y la sensación de pertenencia a un sitio, entonces se va tejiendo una historia que hace alusiones a lo que se añora, a la calma y la paz del pueblo, he aquí La ciudad no es para mí (Pedro Lazaga, 1966) donde se pone de manifiesto la violación a ciertas normas de la moral en el espacio urbano, cuando un abuelo tiene que observar la vida disoluta de su nieta que representa la juventud de un país que atraviesa los revolucionarios años sesenta. Dos años después el director Lazaga retoma el tema en otra película que también piensa la relación urbano rural como escenario de los acontecimientos, estamos hablando de Abuelo made in Spain (1968). Ambos filmes fueron protagonizados por quien fue el rostro de estos personajes campesinos que desorientados se confunden en la ciudad, se trata de un actor que es muy recordado: Paco Martínez Soria.

La siguiente línea sugiere otro camino: el desarrollo del turismo en España. Allí se pondera la imagen de cartel de agencia de viajes, la promoción de la costa sur, su bello mar Mediterráneo y algunas otras ventajas de pasar unas vacaciones ahí. Amor a la española (Fernando Merino, 1966), Veroneo en España (Miguel Iglesias, 1956) o Fin de semana al desnudo (Mariano Ozores, 1974), son títulos que figuran a la cabeza de esta serie de películas, en la que esbeltas rubias llegadas del extranjero mastican el castellano con un tono inglés y ado

b)      Noventa

Se puede decir que en España los años ochenta fueron una década donde la mirada se volcó sobre las ciudades, la movida madrileña, el kitsch almodovariano y otras aristas generaron un cine diferente a aquel que estaba normado y regido por oficinas estatales. Esta etapa, que maduró en los setenta y que dio frutos en los años posteriores, se convierte en un parte aguas necesario para poder pensar y asumir lo que la dictadura franquista había provocado en el país.

La honda herida de la Guerra Civil aún estaba abierta, la dictadura de Franco proyectaba una sombra oscura. Los años noventa permitieron a una nueva generación de cineastas reflexionar sobre la historia contemporánea y proponer nuevas lecturas de lo que había ocurrido, de lo que se había vivido. Entonces, la última década del siglo XX utiliza a las poblaciones rurales o las casas de campo como lugares de preservación de la memoria, ya no sólo se trata de conocer lo que tiene el país como paisaje sino que además se propone saber qué fue lo que ocurrió en el pasado.

Narraciones que coinciden en forma, historias que guardan secretos, lugares que preservan grandes silencios, además de intenciones por conocer qué es lo que crea aquella misteriosa atmósfera son sólo algunos de los trazos con los que se puede perfilar el boceto de este cine rural de fin de siglo.

Por nombrar sólo un par de ejemplos, tanto en El lenguaje de las mariposas (José Luis Cuerda, 1999), como en Secretos del corazón (Montxo Armendáriz, 1997), los protagonistas son niños que despiertan a la adolescencia, que con su nueva curiosidad necesitan saber qué es lo que ha pasado en esos pueblos donde viven, o en esos pueblos de los que vienen y a los que siempre vuelven. Es ya un modo clásico de narrar aquel que juega con personajes infantiles para develar los más profundos secretos, con la intención de quitar el dramatismo que carga la propia realidad y otorgarle algo de inocencia al relato.

Bienvenida

Por lo visto, y dada la arbitraria división, nos encontramos ante una situación que nutre la filmografía española de relatos bien construidos con intenciones de conocer –esto no se pone en duda– el país en sí. Sea como postal de turismo, o como manifiesto de resistencia ante el olvido, en trinchera de defensa por la memoria.

España, en este su cine rural siempre te da la bienvenida, es cordial en su saludo y ofrece grandes posibilidades para aprender más sobre su historia, su cultura, sus pequeños y grandes defectos. El cine de referencia a las zonas que quedan fuera del área urbana se hace como una necesidad de seguir contando historias que mantienen una línea que exige singularidad sobre los otros, entonces si bien se puede estar planteando temáticas universales, la pincelada roja, amarilla y roja se hace presente en estas películas.

Intenciones varias las de los directores cuando se proponen girar las cámaras para ver el interior de España, lo cierto es que los años van otorgando valores diferentes a estos filmes que se presentan como testimonio y recreación, sea de un ayer muy lejano o del tiempo recientemente pasado.    

 

El mal se asoma Mientras duermes

El nombre Jaume Balagueró, cineasta español, se liga a una de las sagas de terror más importantes que se han realizado en los últimos años, no solamente en la península ibérica, sino también a nivel mundial. Se trata de las cuatro películas…

Encuentro de Cine | El corto boliviano, hoy

Descarga

Acercamientos críticos a Olvidados (Bolivia, 2014)

 

 

INSURGENCIAS

 

Cinemas Cine en La Razón