Edición Nº 4

La Revista

Cuarto Oscuro

Reflexiones enamoradas sobre el film En la ciudad de Sylvia de José Luis Guerín

 

Autor: Pablo Lavayén

 

Volver una y otra vez a Beatriz. Luego, tras una mirada más atenta, tal vez volver al paradigmático Pigmalión de Ovidio. El año 2007 se estrenó el film En la ciudad de Sylvia del director español José Luis Guerín y tal vez tengamos que aceptar con pesar aquello que decía Borges sobre la existencia de afinidades que, durante el transcurso de todos los siglos, se repiten invariablemente hasta el infinito. En este caso se trata de la mujer-musa como metáfora de la obra de arte; evidentemente, a pesar de todo no hay que dejar de tener en cuenta que las metáforas son siempre reversibles y esquivas.

Comenzar hablando un poco de la historia de la película. Se trata, en pocas palabras, de un hombre que vuelve a Estrasburgo después de cinco años en busca de una mujer que habría conocido en su última visita. Curioso, pues la mayor parte de las reseñas sobre el tal film aclaran que se trata de un joven "perdidamente enamorado". Puede ser. Pero, ¿enamorado de quién? ¿De qué?

Comparemos la obra de Guerín con las dos obras literarias aludidas: Las Metamorfosis de Ovidio y la Divina Comediay la Vida Nueva de Dante.

 

Primero, en la película En la ciudad de Sylvia hay un momento especialmente significativo, un nudo de sentido. En la prolongadísima escena de miradas en el café, el hombre va trazando bosquejos de rostros de mujer en un papel con un carboncillo, página tras página. En un ensayo de trazar el contorno del rostro de cierta mujer se abstiene de golpe de darle rostro al contorno y en el espacio vacío escribe elles. Pequeño guiño del ojo del director.

 

 

Las Metamorfosis de Ovidio es ahora uno de los textos más importantes y hermosos de la mitología griega. No olvidar que la fecha de esta publicación data aproximadamente del mismo tiempo en que vivió Jesucristo. Entre todas las historias (que son mucho más que mitos) nos encontramos con una muy encantadora: la de la escultura que deviene en mujer para casarse con su escultor: Pigmalión. Leamos pues un extracto de Las Metamorfosis de Ovidio:

Pigmalión por haberlas visto llevar una vida de crímenes

(…) esculpió con arte felizmente admirable una estatua

de níveo marfil, dándole una belleza con la que ninguna

mujer puede nacer, y llegó a enamorarse de su propia obra

Luego, casi más de siglo y medio después aparece Dante con su incomparable Divina Comedia que también es una de las obras más importantes y esplendorosas de la Literatura Universal. Sin embargo, antes estaba la Vida Nueva, pequeño canto de Dante a la muerte de su amada: Beatriz. Leamos pues como describe Dante el primer encuentro con Beatriz:

En medio de la recta que nos unía estaba una hermosa dama de agradable continente, la cual me miraba con frecuencia, maravillada de mis miradas, que a ella parecían enderezarse. Fueron muchos los que se percataron hasta el punto que, al partirme de allí, oí que a mi vera decían: ¿Ves como esa mujer atormenta a ese hombre?

 

Entre estas tres obras, separadas unas de las otras por siglos, hay un elemento común: la mirada. Justamente, creo, ese es el elemento esencial de La ciudad de Sylvia, sino de todo el cine. En primer lugar, con Ovidio, se trata de dos miradas que luego se repetirán: la primera, pasiva, es la mirada hacia el vulgo, hacia las mujeres del pueblo que llevaban una vida de crímenes pero, supondremos, seguían siendo bellas. Puesto que no lo sabemos con seguridad nos quedaremos con la segunda mirada: la mirada creadora. Es cierto que el escultor crea por sus manos pero en Pigmalión el trabajo manual no es más que un mediador de deseo. El deseo se convierte en núcleo creador de belleza.

Luego, en Dante la cosa es mucho más complicada. Beatriz muere joven y Dante compone, según Bloom y Borges, toda la Divina Comedia tan sólo para poder volver a ella. ¿La obra como mediadora de un deseo? Al fin y al cabo el orden de los productos no altera el resultado. ¡Qué más herético que poner a una mujer del vulgo al lado de Dios en el círculo más alto de Paraíso!

 

Toda la puesta hecha por Guerin en su película es sobre todo una puesta en escena de la mirada. Pensar por ejemplo en la escena ya mencionada del café que transcurre durante más de la mitad de la película. Sin embargo, hay que decir que se trata de una sola mirada: la del hombre que bosqueja rostros en su cuadernillo. Durante toda esta escena se nos expone a esta mirada, que en desplazamiento nómada va observando los rostros de todas las mujeres del café, una por una, con detenimiento. A todos los que pensaban que este hombre era un gran enamorado, tal vez habría que recordarles que era sobre todo una gran voyeur (en su sentido más amplio). La narración de la película tiene la lógica y la forma de la búsqueda. Pero no hay que dejarse engañar por el hilo narrativo. Al respecto una pequeña digresión. Creo que una línea fallida que ha empezado a generarse en cuanto al Arte es someter al olvido la idea de que el Arte en sí ya es una modalidad de pensamiento (pensando en la Bienal de Arte que se realiza este año en La Paz). Aquello de "Arte conceptual" es pues una gran falacia. Someter al Arte como mediador entre el sujeto y el pensamiento racional es condenarlo al fracaso desde el primer momento. Habría que volver a pensar en la experiencia del Arte. Es decir, en aquel instante efímero e intenso en el cual el sujeto se enfrenta a la obra y algo sucede, algo se produce.

Esto pasa con La ciudad de Sylvia. La experiencia de la mirada -como dije, fundamental en el cine- resulta altamente enfatizada en esta película. Una mirada de los paisajes de Estrasburgo, de los personajes que merodean por las calles (el negro que vende corbatas y encendedores, el gordo que pide limosnas, la goth que pide cigarrillos, etc.) y, sobre todo, de la belleza de las mujeres. En fin….una mirada creadora de Belleza. La belleza de Sylvia no existe antes de la película, antes de la mirada del perseguidor. Ella es, como dice cierta canción de Morphine, como un espejo que sólo existe cuando se lo mira. Un amigo me comentaba que, en cierto taller que Rodrigo Bellot presidió, tras haber visto dicha película, todos los varones habían salido extasiados de la experiencia y a las mujeres… les resultaba indiferente. Al igual que Pigmalión y Dante se trata de una mirada privilegiadamente masculina. Siguiendo con lo dicho, que una narración siga la forma de la búsqueda no implica necesariamente que deba concluir en el hallazgo. La búsqueda de este hombre es sobre todo una excusa para un proceder más sutil, más estético diríamos. Probablemente, de haber encontrado a Sylvia el hombre, al igual que la Penélope de Serrat, se hubiera sentido defraudado y la habría abandonado. Lo que importa es ser sujeto de la contemplación, y de ahí viene lo de "estético".

 

Después del largo intervalo del café, sucede la siguiente parte que ocupa la segunda mitad de la película. Se trata del asedio del hombre a una mujer que él supone sería Sylvia. Se aprovecha este desplazamiento para llevarnos a través de pasajes ocultos y grandes avenidas de Estrasburgo; fascinante paisaje de la ciudad. Sin embargo, después uno se entera que Guerín pasó una larga temporada recolectando espacios urbanos para armar esta escena por lo cual, lo que se dibuja no es propiamente Estrasburgo, sino el Estrasburgo de Guerín. Luego, en cuanto al asedio, realmente no importa demasiado llegar al objetivo de dicha persecución. En muchas ocasiones vemos al hombre retrasar el encuentro definitivo al igual que Hamlet con la venganza. Otra vez se trata del sujeto de la contemplación.

 

¿Y, otra vez, qué tiene que ver todo lo dicho con Ovidio y Dante? Diremos que En la ciudad de Sylvia se vuelve al tema de la admiración infinita de la belleza de la mujer tan sólo como excusa para crear la obra de arte. La mirada creadora. Pigmalión, al trazar a una mujer termina enamorándose de su obra. Toda la Vida Nueva y La Divina Comedia están trazadas también como una búsqueda que nunca queremos concluir. Lo hermoso es el recorrido, la contemplación, la obra: la experiencia estética pronto toma el lugar del deseo. Si el hombre de En la ciudad de Sylva parte de un deseo (¿amoroso? ¿Erótico?) pronto se desplaza dicho deseo hacia la admiración por la propia obra. Peligroso anti-humanismo el del Arte pues se nos olvida el objeto inicial de interés, en este caso la mujer, y nos quedamos fascinados con la obra, con la experiencia estética. Tal es el significado de las Musas, meras herramientas para la soberanía del artista hacia su propia obra. Concluiremos respondiendo la pregunta. ¿Es cierto que el hombre está perdidamente enamorado de Sylvia? No, está perdidamente enamorado de la estética.

Terminemos pues con estas hermosas palabras de Julia Kristeva en Historias de Amor:

Desde entonces, abandonados por la fe pero aún enamorados, y por tanto imaginativos (…) narcisistas, somos los fieles de la última religión, la estética. Somos todos sujetos de la metáfora.

 

Chico y Rita: La fiesta, la vida

Un hombre se encuentra con una mujer en una rumba. Se encuentran y se desencuentran a medida que pasa la noche. El hombre se llama Chico, la mujer Rita. Ambos son músicos, uno toca el piano y la otra canta. La rumba va pasando, sin saberlo, los dos se enamoran. La vida va pasando, sin saberlo,…

Encuentro de Cine | El corto boliviano, hoy

Descarga

Acercamientos críticos a Olvidados (Bolivia, 2014)

 

 

INSURGENCIAS

 

Cinemas Cine en La Razón