Edición Nº 20

La Revista

Descartes

El cine y los asesinos en serie. (Primera parte)

 

Autor: Pedro Brusiloff

 

 Cuando alguien que conocemos muere, mueren con el sus recuerdos, sus pensamientos y también la imagen que tenía de nosotros. Algo de lo que nos arraigaba al mundo desaparece. Y , sin embargo ¿ qué sucede con los que se nos cruzan en el trayecto de nuestras casas al supermercado, aquellos con los que hacemos una cola, los que nos acompañan en un minibus? ¿Cuántos de ellos están muertos? Personalmente, su muerte no me interesaría a menos de que fuese violenta, a menos de que fuesen víctimas, por ejemplo, de un asesino en serie. La violencia del crimen me haría sentir amenazado, me haría reconocer abruptamente que la víctima compartía conmigo bastantes experiencias: recorrer ciertas calles, usar determinados medios de transporte, etc. Todo lo que me vinculaba a ella se revelaría; me lamentaría por la desaparición individual del otro, pero comprendería la continuidad subyacente entre mi existencia y la suya. Asimismo, el hecho de que un asesino en serie ande suelto, me haría cobrar un mayor interés por la gente. ¿Ven a la dulcera de la esquina? ¿ por qué no abrió su quiosco el sábado, día en que X fue estrangulado? ¿Qué guarda en esas cajas? , una amenaza latente desfiguraría los rostros, dentaduras podridas desplazarían a las sonrisas, todo se difuminaría en una nebulosa de sospechas, mis peores prejuicios saldrían a la luz "¡Sabia que ese enano ocultaba algo!" Finalmente, me aterrorizaría al pensar que los otros también me están observando. Cuando descubro la continuidad entre mi existencia y la de los otros, esa continuidad queda signada por la sospecha. Los otros sólo pueden aparecer a costa de inquietarme.

La sospecha es uno de los aspectos más llamativos de la película El Estrangulador de Boston ( Richard Fleischer, 1968) basada en los crímenes que Albert de Salvo confesó haber cometido entre los años 1962 y 1964. Después de que varias mujeres son asesinadas en sus propias casas, el inspector Bottomly ( Henry Fonda) asume las investigaciones. La policía comenzará por generar una paranoia colectiva, una cacería de brujas donde los pervertidos de toda la ciudad (voyeristas , exhibicionistas, fetichistas) ; serán acosados por los agentes del orden. La hilarante investigación culminará con la intervención de un parasicólogo farsante que guiará a los policías hacia una pista falsa. Toda esta parte de la película se caracteriza por el uso de la cámara divida, recurso que guarda relación con las características del asesino, pues cuando es atrapado a causa de un error, se descubre que padece personalidad múltiple. El honesto Albert ( Tony Curtis), padre de familia trabajador, llora frente a su televisor por la muerte del presidente Kennedy, sale de su casa a dar un paseo, pero ya no recuerda más. Los policías y el psiquiatra intentan que recuerde lo que sucedió después: juegos de espejos , una excelente actuación de Curtis , un par de escenas memorables y eureka, De Salvo reconoce al monstruo que habita en su interior; recuerda con descarnada violencia los asesinatos y, en una escena final sobrecogedora, permanece paralizado en una esquina de la habitación, mientras ecos lejanos repiten su nombre. La personalidad múltiple del asesino puede suscitar varias interpretaciones. Por ejemplo, podríamos pensar en los lados de Norteamérica: el que llora la muerte de Kennedy y el que lo asesina. Durante el largometraje, destacan varias alusiones a los horrores de Vietman. En aquellos momentos, la muerte de Kennedy pudo ser el punto en que una violencia que se presumía externa, revelaba su presencia en el seno mismo de la sociedad norteamericana; el momento en que esa sociedad percibe la violencia que ejerce en Vietnam como algo que le afecta directamente, que emerge de sus profundidades más íntimas, que escinde su identidad y la hace ajena a sí misma. En El Estrangulador de Boston, la sociedad se reconoce en el asesino.

Tal vez la primera película sobre asesinos en serie sea M, el vampiro de Düsseldorf . El largometraje narra la historia de un asesino de niñas abrumado por sus tendencias homicidas. El criminal es visto como un ser enfermo, incapaz de controlarse. Al igual que en El Estrangulador de Boston, los crímenes de Hans Beckert (Peter Lorre) provocan una histeria colectiva. Todos se vuelven sospechosos. Pero el asesino es atrapado y enjuiciado por el pueblo. La película pasa a ser una reflexión bastante simple acerca de la pena de muerte. Finalmente, el pueblo comprende que no puede actuar como el asesino, que no puede ejercer una venganza directa y entrega al monstruo a la policía. Sin embargo, el aspecto más sobrecogedor de la realización es la música. Comenzando, se menciona en lo créditos la famosa Peer Gynt Suite de Grieg. Pero durante toda la realización, lo que predomina es el silencio, ni una sola nota musical. De pronto, mientras una niña juega, se escucha un silbido entonando " En el salón del rey de la montaña" La escena anticipa el primer crimen. Pese a la tosca racionalización que determina el final de la filmación, el hecho de que podamos reconocer al asesino por la música, nos hace pensar en una irracionalidad que no se reduce a lo expresable por el lenguaje común. La música, dirigida a un tipo de sensibilidad que percibe lo innombrable, desgarra el entramado de argumentos que rodean la problemática del asesino. De alguna manera, Beckert es perdonado porque está fuera de toda ley y de toda comprensión.

 

Al lado del asesino que despierta hostilidades y desconfianzas, que hace a los aldeanos encender sus antorchas, se encuentra el que forma parte de nuestra vida, el que ya es un elemento estable de nuestro imaginario. En American Psycho( Mary Harron, 2000) el asesino es un yupi metrosexual; un hombre de negocios que a sus 27 años ha alcanzado el éxito y la fortuna. Sin embargo, Patrick Bateman ( Christian Bale) no puede evitar matar. Al principio, comete sus crímenes con pulcritud y sin despertar sospechas; pero poco a poco, el personaje empieza a asesinar descaradamente, sin preocuparse por los testigos ni por ocultar pistas. Finalmente, demasiado atormentado, confiesa sus crímenes, pero nadie le cree. Pienso que la inmunidad de Bateman en la película no sólo se debe a sus privilegios de clase o a su estatus económico. Patrick está íntimamente relacionado con Ted Bundy, asesino en serie que , con su demoniaco carisma, se convirtió en un fenómeno mediático, en un asesino de culto. Bundy, que era un abogado graduado con honores, asumió su propia defensa y llegó a interrogar a los testigos de sus asesinatos. Después de dos fugas, aprovechó una ley que establecía el derecho a casarse frente a un tribunal y, en pleno juicio, le propuso matrimonio a Carol Ann Boone, quien increíblemente aceptó la proposición. Bundy fue condenado a muerte por el asesinato de al menos 36 mujeres, pero hoy en día, la peta en que secuestraba a sus víctimas se exhibe como objeto curioso en un museo de Washington. Entonces, la inmunidad de Patrick Bateman puede hacer alusión a un momento donde las pulsiones más brutales, donde los abismos más siniestros, lejos de ser lugares frente a los cuales retrocedamos aterrorizados, se han convertido en partes inofensivas y normales de nuestra visión de mundo, en elementos folklóricos. La relación entre continuidad y sospecha se resquebraja, asistimos al cinismo de nuestras pulsiones.

En la película Monster ( Patty Jenkins, 2003), la supermodelo Charlize Theron se transforma en una mujer horrible para interpretar a AileenWuornos, asesina en serie que acabó con la vida de siete hombres. La realización combina los asesinatos y el romance de Wuornos con Selby , una mujer inocente y frágil. De esta manera, se establece una relación de maternidad entre la asesina y su amante. Aileen busca proteger a Selby de los daños que ella misma ha sufrido. Así, se detallan los maltratos de los que fue víctima, la manera en que la sociedad la conduce al asesinato, etc. En síntesis, se pretende hacer de Aileen una víctima. Si el lector elige un asesino en serie al azar y lee su biografía; irremediablemente habrá una parte dedicada a sus traumas infantiles: " cuando era niño vio a sus padres teniendo relaciones sexuales" " su abuela era drogadicta" " Su gato se comió al canario de la familia" Pero las razones que llevan al asesinato pueden ser más complejas, más interesantes. La película de Jenkins peca de una racionalización que simplifica demasiado las motivaciones de la asesina, echando a perder toda posible problematización que la indagación del mal podría suscitar.

Ahora bien, ¿Qué sucede si nos internamos en el mal, si nos ponemos en el lugar del asesino, si vemos las cosas con sus ojos? Este podría ser el leitmotiv de la película Manhunter( Michael Mann, 1986) La realización está basada en la novela Red Dragon e inspirará la saga posterior que tiene como protagonista a Hannibal Lecter. Lo que predomina es la mirada del asesino, el asesino acecha y graba a sus victimas, luego estudia las grabaciones pensando en la transformación que el crimen operará en ellas. Esta es la transformación del Dragón Rojo, que al colocar espejos en los ojos de sus víctimas, desplaza sus miradas hacia su imagen, hacia el acto de violencia que le otorga poder. El asesino no deja de poner en escena la continuidad entre todo proceso creativo y la destrucción. Las referencias a Blake son obvias, el Blake que clama por la irrupción de lo infinito en la cárcel de los sentidos. Sin embargo, todo termina reduciéndose a la mirada narcisista del asesino, a la constitución de un ego que pretende asimilarse y sobrevivir a lo descomunal de la violencia que ejerce y lo sobrepasa. El que podía ser el asesino artista, el asesino poeta, se convierte en un ser inepto e inseguro, ansioso de atención. ¿Podremos encontrar en alguna película al asesino artista, aquel cuya violencia no sea reducida a una mecánica relación psicológica?

 

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