Edición Nº 25

La Revista

Descartes

Butch y Sundance / El cine y Bolivia

 

Autor: Claudio Sánchez

 

Primera historia

Alguien me contó hace mucho tiempo que un par de bandoleros anduvieron por las arenas chaqueñas bolivianas, y que pasaron por Camiri sin que esta ciudad aún existiera. Las historias de Butch Cassidy y Sundance Kid se las cuenta de oriente a occidente en nuestro país. Hubieron quienes aseguraron haber visto a Cassidy por la Plaza 24 de septiembre en Santa Cruz de la Sierra y en un libro escrito por los norteamericanos Anne Meadows y Daniel Buck, se presentan una serie de documentos en los que se encuentra una carta firmada por Butch como si fuera J.P. Maxwell dirigida a su amigo Percy Seibert. La carta acaba con una frase que anima la cruceñidad: “si no me muero, estaré viviendo aquí muy pronto”. Pareciera entonces que Cassidy quedó enamorado de aquel húmedo pueblo verde, la Santa Cruz del primer cuarto del siglo XX.

Lo cierto, y de lo que podemos dar constancia, es que Butch Cassidy y Sundance Kid aparecieron en Santa Cruz y en todo el mundo a través del cine; los bandidos estaban interpretados nada más y nada menos que por Paul Newman y Robert Redford. La película, un western que fue rodado en 1969, fue dirigida por George Roy Hill y se llamaba de la misma manera que sus personajes lograba revivir el mito de dos de los más grandes bandidos norteamericanos de la historia, quienes huyeron de su país luego de cometer uno de los míticos robos a un tren, para llegar hasta Sudamérica pasando por Chile y Argentina, encontrando fin a sus vidas en el pueblo de San Vicente, muy cerca a Tupiza en el sudoeste boliviano, o al menos esto se pensó.

La película recrea en su escena final un escenario completamente diferente a lo que uno puede encontrar en la realidad, una Bolivia más parecida a México, soldados preparados para dar muerte a dos antihéroes, un desolador paisaje del lejano oeste. Lo importante es que antes del clásico “The end” la pantalla funde a negro y se deja en suspenso si Butch y Sundance mueren en el acto o logran escapar de la emboscada en la plaza principal, esto puede no ser una casualidad. Cuando empezamos a analizar el discurso que se desarrolla en el cine norteamericano, es fundamental que aún persista la impaciencia por conocer la verdad cuando nos enfrentamos a un país que carece de una identidad propia y que necesita crear los íconos culturales desde los estudios de cine o busca inventar el rostro de los prototipos desde la gran pantalla, los grandes templos de los Estados Unidos han sido - desde la consolidación de su industria cinematográfica - los sets de filmación y su star-system, creando así un Olimpo propio para sus actores y actrices.

Segunda historia

El mito de Sundance Kid y Butch Cassidy se hace más grande después de que la película dirigida por George Roy Hill lograra varios premios Oscar en 1970, después de su exhibición y el éxito comercial en el mundo. Tal es así que, en 1976, la revista National Geographic decide hacer la verdadera ruta de nuestros personajes para lo cual invitan al propio Robert Redford a escribir un reportaje mientras acompaña la aventura.

Este momento resulta ser un parte aguas en la vida de la estrella norteamericana, en tanto recupera mucha de la propia filosofía del personaje que interpreta en la película dedicada a una de las historias más impactantes entre los bandidos norteamericanos. La idea de estos grandes ladrones se circunscribía a un prototípico acto inmortalizado por la literatura y las voces populares con Robin Hood, la intención de Cassidy y Kid era la de robar a las grandes compañías, esto implicaba un golpe certero contra los explotadores a favor de los explotados. Durante la época de la colonia, el oro del Perú era robado en alta mar por piratas y otros hombres de igual especie. En los primeros años del novecientos, en los Estados Unidos, el oro y el papel moneda de los dueños de los medios de producción podía ser sustraído por dos hombres conocedores de las rutas de trenes y el movimiento de bancos. Ellos eran perseguidos por la ley, y sus cabezas tenían un precio alto. Butch y Sundance fueron famosos antes de que los carteles de cine les dieran vida, cuando en las paredes de las comisarías del lejano oeste (imaginamos sin muchas sonrisas) sus rostros se presentaban en las listas de los sujetos más buscados de aquel entonces.

Redford crearía en 1982, junto a otros colegas, el Sundance Institute una entidad dedicada a la formación de cineastas que busca el fortalecimiento del cine independiente en los Estados Unidos y que desde las montañas de Utah (hablar de independencia y montañas podría estar sujeto a muchas interpretaciones) generan una nueva visión sobre el cine en general. Es desde esta experiencia que nace el propio Festival de Sundance que es sin duda uno de los referentes del cine independiente mundial, y todo esto está relacionado con las historias que se cuentan en Bolivia y con el papel que interpreta el actor norteamericano, Sundance resulta ser el resultado del cine, del pasado, del futuro y del presente. Sundance parece ser más que un simple gringo bandolero.

Más historias por contar

A Mateo Gil el cine contemporáneo lo reconoce por su trabajo como guionista en obras de Alejandro Amenábar, una de las películas emblemáticas de esta relación es, sin ceder espacio alguno a dudas, Abre los ojos (1997) que protagonizó la joven Penélope Cruz. Uno de los principales motivos que hacen trascendental el film es su remake estadounidense que tiene como protagonista a la propia Cruz y que bajo el título de Vanilla Sky (Cameron Crowe, 2001) dio vuelta al mundo gracias a la distribución internacional, convirtiéndose en un éxito de taquilla que la crítica supo aplaudir y reconocer en su momento.

En 2010, el cine boliviano (con todos sus integrantes y allegados) vivió días intensos en tanto se corría el rumor de que en el país se rodaba una súper producción internacional. Técnicos y actores participaban del enorme despliegue humano que implica una situación como está. El Facebook ayudaba para dar pistas a los periodistas de farándula y espectáculo sobre el paradero de las grandes estrellas que se encontraban en La Paz, Eduardo Noriega y Sam Shepard incluíos.

Magaly Solier, actriz peruana protagonista de las películas de Claudia Llosa, reconocida internacionalmente por su papel en La teta asustada (2009), film que se alzó con el Oso de Oro en el Festival de Berlín posteaba en Internet fotos suyas con el imponente Illimani como telón de fondo, entonces todos nos preguntábamos cuál era el próximo destino de ella y el resto de los actores. Se decía que trabajarían muy cerca del Salar de Uyuni, se decía también que en el camino a Coroico se filmarían algunas escenas, lo que se sabía a ciencia cierta es que algo estaba sucediendo y tal vez no tenía precedente alguno.

En una función especial que la Cinemateca Boliviana organizó, se contó con la presencia del actor español Eduardo Noriega, protagonista de Transsiberian (Bradd Anderson, 2008). El estreno de esta película coincidía con el fin de los días de rodaje del film de Mateo Gil. Mientras en la Sala 1 se proyectaba este thriller, en la Sala Renzo Cotta, Noriega compartía con la Prensa acreditada para tal cita. Luego un cocktail para honrar la visita y la pregunta aún en el aire rondaba, si bien ya no era un secreto lo que sucedía con Blackthorn aún parecía imposible tener algún tipo de contacto con estrellas como Sam Shepard.

Que el equipo de producción estaba alojado en el Hotel Europa, que Uyuni era un escenario espectacular, que la historia tenía que ver con gringos bandoleros, todo esto y más fue lo que se dijo esa noche, hubo también quien se animó a contar una historia diferente y crear un guión propio al film que Paolo Agazzi producía en el país.

Fin de algunas historias

Ahora sabemos que en Bolivia se filmó una película sobre Butch Cassidy, el famoso bandido norteamericano que junto a su cómplice y gran amigo Sundance Kid llegaron a Bolivia luego de haber sido parte de las listas de hombres más buscados en su país. Blackthorn se acerca a la historia que no se contó sobre el mítico forajido: los años posteriores a su supuesto asesinato en manos del Ejército Boliviano. Muchas sorpresas para quienes cierran los capítulos sin buscar en la letra chica o en el subtexto todo aquello que en verdad se nos está diciendo.

En una entrevista emitida por el programa Cine Con Cristal de Radio Cristal en La Paz, Mateo Gil afirma: “ésta es una película que exigió mucho tiempo de investigación, queríamos ver más allá de la historia de Hollywood y en un segundo plano ver la realidad boliviana de aquellos años”. Esto nos ayuda a perfilar (un poco) lo que podremos ver en las pantallas cuando nos enfrentamos a la historia no contada de una de las leyendas americanas más conocidas: Butch Cassidy.

Una historia de amistad, una aproximación a los años más prósperos de la minería, el estaño como personaje real de la injusticia y el despojo, Patiño como hombre que es dueño de todo. En la otra cara (o como en el box: en la otra esquina) Butch Cassidy y su nuevo compañero, un joven español, ladrón que hace armas en su nuevo oficio, se desplazan por el espacio real que cobijó las andanzas de los verdaderos forajidos. Con un par de escenarios de película que por casualidades divinas son reales, el Salar de Uyuni es en la película una postal con vida propia, los actores bolivianos hacen gala de enorme talento y en un cast de enorme potencialidad sacan adelante personajes que parecen estar escritos para ellos. Para saber que sucede al final de todas estas historias tendremos que esperar el “The end” que nos devuelve a un género que cautivó en su momento al gran público. El western renace en Bolivia, el mito permanece en el mundo.   

 

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