Edición Nº 24

La Revista

Descartes

Cine(s) de Resistencia: Venezuela (Parte I)

 

Autor: Sergio Zapata

La resistencia es un ejercicio de reconocimiento, no autoindulgente sino crítico. En el cine, esto supone pasar de la expectación a la acción, de la situación estática hacia un estado de movimiento, donde las posibilidades se multiplican.

En este sentido, la producción cinematográfica como acto de resignificación de la realidad es un acto de resistencia, sale de la postración de la expectación para tomar la realidad, redituarla y redituarse con ella. Esto hace un cine de resistencia: toma, encuadra, dialoga y reformula la realidad.

Un aparato público

Como proyecto estrella, el año 2006 el Presidente de Venezuela Hugo Chávez, a través del Ministerio del Poder Popular para la Cultura, inauguraba la Villa del Cine, una suerte de Cine Cita enclavado en el caribe.

A la fecha, esta iniciativa ha participado, ya sea como coproductores, productores o asociados, en 74 producciones, para televisión, cortometrajes, largos de ficción y documental, teniendo como único principio la soberanía cultural.

Este gesto de resistencia, el de preservar la soberanía –que en America Latina habría que comprenderlo como recuperar la soberanía cultural, más aún en un espacio tan sensible y masivo como las pantallas– supone el gesto más atrevido a escala regional que viene dando un órgano publico. Por supuesto que esto es sólo posible por una ley que respalde el quehacer de una productora de esta envergadura.

La Productora

Como productora, la Villa del Cine busca fortalecer, apoyar y potenciar al cine venezolano a todo nivel. Un ejemplo de esto es el apoyo a los Colectivos Organizados de Producción Audiovisual (COPAs), a quienes la Villa del Cine convocó para su 5to aniversario, este pasado junio.

Desde la Presidencia de la Villa del Cine se considera que en las COPAS yace el germen del Nuevo Cine Venezolano, puesto que estos colectivos de producción están trabajando en sus localidades a baja escala: contando con actores naturales, con equipamiento rudimentario, aproximándose tanto a los géneros de ficción como al documental. Es así que están plasmando mitos locales, reflexionando sobre las relaciones sociales que se dan en sus respectivas comunidades además de denunciar atropellos y abusos. Esta denominación, Nuevo Cine Venezolano, no remite a un cine de ruptura por sus planteamientos formales sino que debe comprenderse a partir de la democratización y al pluralismo que ha alcanzado el medio en Venezuela. Un nuevo cine venezolano que se potencia con las decenas de colectivos organizados que hacen cine y televisión comunitaria, ya sea como aparatos de contracultura, de comunicación alternativa o como instrumento de visibilización.

Es en este panorama que la Villa del Cine hoy por hoy se abre como productora y como espacio de resistencia. A ella hay que reconocerle el atributo de resistir los embates de la crítica local por su función y su ubicación en el organigrama de las instituciones publicas, lo que permite establecer una relación directa entre producto cinematográfico y gobierno, lo que supondría una brecha para pensar o sospechar que estos productos se adscriben a un cine propaganda –acusación que recae sobre todo proyecto cultural que reescribe la historia (cine de época) desde su especificidad técnica-artística. Y obviamente, el hecho de situarse y reconocerse como instrumento de resistencia cultural.

Además de apoyar al cine nacional venezolano, esta productora busca apoyar y prestar especial atención al cine emergente de las comunidades, que está mucho más próximo a un cine punk o de autogestión, cuyo valor es el de carecer de filtros académicos y profesionales que redireccionan el quehacer de estos trabajos, además del de retratar –si se puede hablar de eso– sus vivencias.

En esta política de apoyar al bajo presupuesto, la Villa del Cine ha convocado a 9 jóvenes venezolanos para realizar una serie de investigaciones sobre las posibilidades y viabilidad del cine de bajo presupuesto. Para tal efecto este año, el conjunto de jóvenes divididos en triadas participaron y compartieron sus experiencias en conversatorios con el peruano Diego Vega, codirector de la aclamada cinta Octubre (2010), y el codirector Juan Sasiaín del film argentino La Tigra, Chaco (2010). Esta fue la primera de una serie de actividades que coadyuvarán a la identificación de elementos pertinentes para desarrollar un esquema de producción que garantice la realización de cintas de bajo presupuesto.

 En este sentido, la Villa del Cine se posiciona como una plataforma que desea atender los requerimientos del cine emergente desde el cine y video comunitario, como también el cine de bajo presupuesto más próximo a las propuestas autorales y lo que ya vienen haciendo, cintas cuyo tratamiento se dirige de manera estricta al cine espectáculo, esto como una política de hacer visibles y consumibles sus películas. Esta estrategia se afinca en el tratamiento de sus cintas de época, donde la puesta en escena (Miranda regresa, Taita Boves, Días de poder, Zamora, Muerte en alto contraste, entre otras), busca desde visibilizar actores de la historia venezolana, con un tratamiento narrativo –adscrito a los cánones del género– hasta reescribir la historia de Venezuela.

Esta forma de resistencia supone un alegato a favor del cine como patrimonio cultural de una sociedad –argumento distante de cualquier forma de esteticismo que reclama del cine una historicidad– donde se encuentran los imaginarios, los deseos, los rostros y las voces de las sociedades. Y en este sentido la resistencia de la Villa del Cine no permite concesión alguna. Es un cine de la revolución para la revolución.

La estructura

Para poder hablar de resistencia en los términos que nos propone Venezuela es necesario conocer la estructura institucional que alberga y que le garantiza eficiencia. Así también, es necesario dar cuenta del equipamiento –la base de cualquier esquema y modo de producción– que posee la productora publica más grande de la región.

La Villa del Cine es parte de la Plataforma del Cine y Medios Audiovisuales que a su vez depende del Ministerio del Poder Popular para la Cultura. Esta plataforma también la componen otras instituciones: el Centro Nacional Autónomo Cinematográfico (CNAC), la Cinemateca Nacional, Amazonia Films y el Centro Nacional del Disco (CENDI). Este diseño tiene la vocación, desde la propuesta estatal, de garantizar la soberanía cultural y para este menester cuenta la Villa del Cine en la actualidad con dos estudios de 420 metros cuadrados con 15 metros de altura, un estudio de exteriores de 5500 metros cuadrados con lago y río artificiales. Lo que hace posible que se rueden hasta dos películas en simultáneo, esto solo es posible por la presencia y existencia de recursos humanos calificados, algo que Venezuela le debe a su tradición televisiva (telenovelas en particular) y a la publicidad, sin ellos sería inútil el equipamiento de cualquier productora.

A esto hay que añadir –tema a tratar en la segunda entrega de este artículo– el flujo de proyectos cinematográficos (circulación de ideas, guiones, desarrollo, etc), sin los cuales cualquier equipamiento sería absurdo.

 

 La resistencia entonces se presenta no como un acto y gesto de movimiento ante el poder constituido, sino que en Venezuela desde el poder popular se reconoce la resistencia como el principio de recuperación de la soberanía cultural todo esto en consonancia con las necesidades y principios delineados por la revolución boliviariana.

 

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