Edición Nº 2

La Revista

Descartes

Jorge Sanjinés: ¨El europeo es un espectador casi masoquista¨*

 

Autor: Mario Benedetti

Una entrevista y un artículo en torno al filme boliviano ganador del Festival de San Sebastián: La Nación Clandestina.

Jorge Sanjinés (La Paz, Bolivia, 1936), cuya película La Nación Clandestina obtuvo (¨ex aequo¨ con ¨Homer and Eddie¨, de Andrey Konchalovski) la Concha de Oro del XXXVII Festival Internacional de Cine de San Sebastián, es un nombre clave en el actual cine latinoamericano, al que había aportado siete largometrajes: ¨Ukamau¨ (premio Cannes 1966 para grandes jóvenes directores), ¨Sangre de Cóndor¨ (1969, galardonado con el Timón de Oro de Venezuela, la Espina de Oro Valladolid y el premio Georges Sadoul de París), ¨El enemigo principal¨ (1973; Gran Premio en los festivales de Benaldmádena, 1974, y Figueira de Foz, 1975, respectivamente), ¨!Fuera de aquí!¨ (1977) y ¨Las banderas del amanecer¨ (1984; Gran Coral 1985 en el Festival de Cine Latinoamericano de La Habana).

En La nación clandestina (hablada en aimara, con subtítulos en castellano), un indio, Sebastián, carpintero que construye ataúdes infantiles en su suburbio de La Paz, decide regresar a su aldea, de donde años atrás ha sido expulsado por robar y engañar a su comunidad, que lo había elegido como su jefe. Sebastián se hace construir una enorme máscara semejante a la que vio usar, cuando niño, que bailó y bailó hasta caer muerto; él quiere repetir aquella danza letal como forma de purgar sus culpas.

Es obvio que La nación clandestina no es el producto crudamente comercial que ha invadido las pantallas de los ochenta, y seguramente a ello se debe que la crítica española, salvo alguna calificada excepción, lo haya acogido con cierta frialdad. No obstante, es un hecho estimulante y singular que un calificado jurado internacional haya valorado los ingentes méritos de una película tan poco complaciente, tan austera y tan comprometida con el Tercer Mundo, sobre todo hoy, cuando el enjambre posmodernista considera de buen tono aburrirse si alguien les muestra ¨la otra cara de la Tierra¨.

-¿Por qué en tus películas te limitas al mundo andino?

-No encuentro que sea limitación. Me interesa ese mundo porque toda mi vivencia como boliviano, como hombre del Ande, nacido en La Paz, que ha convivido de una u otra manera con el pueblo aimara, me ha despertado un profundo interés por esa cultura, y además porque la mayor parte de mi pueblo es andino. La presencia de ese grupo humano y de esa cultura es fundamental en mi país.

-¿Qué porcentaje de bolivianos habla aimara?

-Los aimaras que han emigrado a la ciudad (que en La Paz son la mayoría) hablan esa lengua. Esta es tan importante que todas las radios de La Paz transmiten diariamente de cinco a siete de la mañana.

-¿Qué importancia tiene, en todo sentido, el ingrediente aimara para Bolivia?

-Es tan importante que aún el boliviano que se cree descendiente directo de los españoles está de alguna manera influido por la cultura aimara. Difícilmente un industrial boliviano, por ejemplo, va a inaugurar sin hacer la ceremonia de la ¨challa¨, que consiste en dejar caer sobre la tierra unas gotas de licor, que se ofrecen a la Pachamama, ni va a dejar de enterrar una ofrenda en las cuatro esquinas de su fábrica nueva, por muy pro norteamericana, progresista o modernista que se sienta. Por otra parte, hay una gran cantidad de palabras aimaras que han el castellano paceño.

-Tú has manifestado, refiriéndote a La Nación Clandestina, que era el regreso a la conciencia de la identidad como pueblo por los extraños caminos de la muerte. Te pregunto ¿es éste el único e inexorable camino, y si hubiera otros, por qué lo has elegido?

-Creo que el dolor, en la vida del hombre, suele ser uno de los principales caminos del conocimiento. Es como si hubiera que sufrir para entender; hay que pasar experiencias dolorosas para adquirir una madurez. Cuando se pierde el rumbo, difícilmente se dan otros caminos. Los caminos de cualquier tipo de lucha son difíciles y siempre dolorosos. Lo que hace Sebastián es en el fondo lo que tendrán que hacer aquellos sectores del pueblo boliviano que han perdido los rumbos para volver a una autoconciencia y a un autoconocimiento de lo que ellos son.

-¿Por qué el protagonista, Sebastián Mamani, debe terminar muriendo en medio de un rito tan antiguo que hasta ha sido olvidado por los otros?

-El proscrito, el rechazado por la comunidad, es el que la desafía a recobrar su identidad a través de la recuperación de una tradición olvidada. Hay una conciencia de que se han olvidado cosas propias y de que tal vez es importante recuperarlas y tener conciencia de ellas. En el fondo, Sebastián no muere. Su proceso es un vía crucis para renacer. Por eso al final asiste a su propio entierro, ya que lo que está enterrando es su pasado.

-En tu producción cinematográfica, ¿qué importancia le das al aspecto estético? ¿Crees que ayuda al mensaje o lo dispersa?

- Siempre hemos procurado no distanciarnos de la preocupación estética, formal. Creímos que nuestras películas no solamente debían denunciar o desmontar los mecanismos de la dominación, sino que debían ser también una prolongación del quehacer cultural del país. Todo el lenguaje de esta última película está planteado en ¨planos-secuencia¨, no hay cortes, y eso no es un rebuscamiento formal gratuito, sino que viene de la necesidad de encontrar un lenguaje coherente con una cosmovisión del pueblo andino, que es de integración. El lenguaje del cine europeo o norteamericano es coherente con una visión de la vida, con una manera de componer la realidad, dominada por valores del individualismo. De ahí el permanente fraccionamiento de las escenas, con primeros planos violentos, que responden iconográficamente a una manera de vivir la vida, mientras que el pueblo andino tiene un sentido colectivo, integrador, donde las cosas se integran, se resuelven colectivamente. El ¨plano-secuencia¨ permite una serenidad interior que no da el fraccionamiento violento del cine europeo. Es la búsqueda de una estética nuestra.

Alguna vez hemos hablado de la belleza no como objetivo, sino como medio, al menos en esta coyuntura, ya que siempre nos hemos planteado un cine que acompañe el proceso de liberación.

-Más que en otras de tus películas, es ésta tengo la impresión de que el paisaje es casi un protagonista. ¿Fue esa tu intención?

-Sí, nos hemos preocupado de que así se sienta, ya que el aimara vive en función del medio. No hay pueblo en la Tierra que tenga una relación tan profundamente respetuosa con la naturaleza como la aimara. Lo demuestra hasta la tecnología preinca: cómo desarrollaron técnicas de conservación de la Naturaleza. Le pedían productos a la tierra, pero al mismo tiempo se preocupaban de conservarla, de no dañarla. No haberles hecho caso a los aimaras nos ha llevado al desastre ecológico.

-Por otra parte, la película está estupendamente fotografiada.

-La cámara es fantástica. García Berlanga, que integró el jurado, ya después del veredicto me decía que le había impresionado mucho el trabajo del camarógrafo.

-Una pregunta de cajón ¿Qué significó para ti (aunque fuera compartida) la Concha de Oro?

-Durante muchos años fuimos reacios a presentarnos en los festivales. Nuestras películas han ganado varios premios. Fuera del Festival de Cine Latinoamericano de La Habana, probablemente sólo hemos asistido a tres festivales. No me gustaba entrar en ese juego. Por ejemplo ¨El coraje del pueblo¨ fue por accidente a Berlín y ganó el premio OCIC, pero siempre he evitado que esa película concurriera a festivales. Pero a veces tenemos que revisar nuestras posiciones. Está la imagen deteriorada, truculenta, que los norteamericanos han fabricado sobre Bolivia dentro de Estados Unidos, premeditadamente, y han enviado equipos de televisión para contarle al pueblo norteamericano que todos los bolivianos somos drogadictos y tener así el pretexto (con el apoyo de la opinión norteamericana desinformada) para intervenir militarmente en cualquier momento.

Entonces debemos pensar de qué manera positiva, políticamente hablando, un premio como éste (entregado por otra parte, nada menos que por Bette Davis, lo cual me hizo mucha gracia) pasa a ser una cosa positiva. Por supuesto una película no va a cambiar esa imagen pero puede contribuir.

-Y también hay que considerar que el Festival de San Sebastián es uno de los pocos que, a nivel internacional, le ha prestado una particular atención al cine latinoamericano.

-Por supuesto. Y hay que decir que en España las películas latinoamericanas han encontrado una acogida muy respetuosa. Además, personalmente hemos tenido la suerte increíble de haber obtenido el primer premio en tres festivales españoles: en Valladolid (con ¨Sangre de cóndor¨), en Benalmádena (con ¨El enemigo principal¨) y ahora en San Sebastián (con ¨La nación clandestina¨).

-Con respecto a esta película hay dos hechos a destacar: por un lado, el pronunciamiento positivo del jurado internacional, y por otro, la fría acogida de la crítica española.

-Es cierto, es como si no les interesara mantener contacto con algo que creen algo poco menos que inexistente o negado, y que prefieren borrar de su memoria. Por otra parte, la actitud del espectador europeo, que integra sociedades ¨desarrolladas¨, es distinta a la de los latinoamericanos, entre otras razones porque ya no tienen una actitud psicológica para comprender un cine que les propone una serenidad que es necesaria para ver esta película. Viven en un estado permanente de impaciencia, de ansiedad, y entonces, cuando se encuentran con un trabajo como éste se, no lo pueden soportar; no está dentro de sus expectativas, de lo que quieren ver. El europeo es un espectador casi masoquista, pues se ha acostumbrado al cine que lo agrede con imágenes violentas. Ya no siente placer cuando se le propone la serenidad.

-¿Qué aspectos positivos y negativos hay en hacer un cine no comercial, como evidentemente es el tuyo?

-No creo en el cine comercial. Fíjate que no se puede ¨fabricar¨ ´Mona Lisas´; tampoco puedes ¨fabricar¨ película. Son obras de arte, y no bien tú sometes un arte a condicionamientos de tipo comercial y económico, se acabó el arte. Uno de los problemas que hoy enfrenta el cine en el mundo es este condicionamiento frente a la maquinaria industrial, que se ha ido degradando a tal punto que hoy las más exitosas películas norteamericanas tienen como protagonista los ¨efectos especiales¨. Sin embargo, el cine no morirá. La maravillosa experiencia de ver una buena película en una sala oscura con otra gente es irremplazable. Los jóvenes están volviendo al cine. En España, por ejemplo, si bien desaparecen las salas grandes, lo cierto es que están apareciendo muchas salas pequeñas. De modo que el cine, por la vía de la subvención estatal, o por otros canales, irá encontrando los recursos como para seguir su trayectoria sin tener que hacer concesiones a la industria.

-Ahora bien, ¿qué eco tiene en los países latinoamericanos este cine no comercial de sus cineastas?

-Mira, en países como Bolivia, Venezuela y Perú, están teniendo impresionantes éxitos de público (en Perú La ciudad y los perros tuvo dos millones de espectadores; en mi país, una buena película boliviana tiene siempre más espectadores que Rambo). O sea, que hay una relación del público con este cine no comercial. Es un cine que empieza a responder a inquietudes sociales y preocupaciones de las masas. Por eso decimos que nuestra intención es que el cine sea un espacio de reflexión de las masas sobre sí mismas.

* De El Independiente de Madrid. Publicado en el suplemento Semana de Ultima Hora, La Paz, domingo 25 de marzo de 1990

 

 

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