Edición Nº 28

La Revista

Descartes

La sociología es un deporte de combate: la ofensiva intelectual y los movimientos sociales

 

Autor: Mitsuko Shimose

 

 

La sociología en nuestro tiempo es un campo de estudio muy polémico. Según el diccionario, la sociología estudia al hombre en su medio social, es decir, en el seno de una sociedad, cultura, país, ciudad, clase social, etc. La sociología no estudia la sociedad como “suma de individuos”, sino que estudia las múltiples interacciones de esos individuos, que son las que le confieren vida y existencia a la sociedad. En este sentido, los sociólogos analizan las formas en que las estructuras sociales, las instituciones (clase, familia, comunidad y poder) y los problemas de índole social (delito) influyen en la sociedad.

Por otro lado, si tomamos en cuenta la definición que se da en la entrevista que le hacen a Pierre Bourdieu en una estación de radio, se afirma que la sociología es un estudio científico de los fenómenos sociales. Este sociólogo francés, pues, no se queda muy contento con esta conceptualización porque cree que es muy tautológica. Por lo mismo, intenta definir esta ciencia de la siguiente manera: “El sociólogo, como todos los científicos, intenta establecer leyes, entender regularidades, es decir, maneras de ser regulares y definir los principios ¿por qué la gente hace lo que hace?, ¿por qué, por ejemplo, los hijos de profesores tienen más éxito que los de obreros? ‘¿Por qué?’ quiere decir: ‘¿Por qué razón es así?’, ‘¿por qué esto es así?’, ‘¿por qué esto es así en la sociedad y no de otra manera?’”. De esta forma, entonces, Bourdieu trata de explicar lo que más o menos se entiende –o lo que se debería entender– cuando se habla de esta ciencia social.

En esta vía, diremos que La sociología es un deporte de combate, documental de Pierre Carles parte de la Muestra Documentales del 12 Festival de Cine Europeo en Bolivia, es un homenaje al pensamiento de Pierre Bourdieu. Ambientada en entrevistas, conferencias y en el propio lugar de trabajo del autor, este documental trata de llevar al espectador por un paseo conceptual hacia el mejor entendimiento de esta ciencia, y sobre todo, del pensamiento de este sociólogo francés. 

 

 

Asimismo, este paseo conceptual es acompañado también por la cámara que se desplaza en travelling a manera de seguimiento del protagonista. En este caso, entonces, es gracias al movimiento de la cámara que se obtiene la sensación no sólo de seguimiento de Bourdieu (cuando se dirige a sus conferencias, cuando se sube al taxi, etc.), sino también de su pensamiento. Es por esta razón que en una de las entrevistas que le hacen, cuando precisamente la periodista le dice que se limite a contestar lo que ella le estaba preguntando pues así le daba pie a hacerle más preguntas luego, él le responde lo siguiente: “Lo que pasa es que digo algo al principio y lo desarrollo hasta el final para volver de nuevo al principio”. Sorpresivamente, nos damos cuenta luego, al final del documental, que es precisamente esta misma estructura que fue utilizada para la realización del mismo: empieza con una videoconferencia del autor y la confesión de que se había puesto muy nervioso, pues ésta no había sido en su idioma natal sino en inglés. Y, cuando esta producción llega a su término, observamos que Bourdieu está entrando a una especie de cabina en donde la cámara web y la pantalla se encuentran listas para la conferencia del autor. Así, mientras él repasa sus notas, del otro lado de la pantalla se ve un auditorio vacío presto a recibir a la gente que escuchará a este pensador. En este sentido, entonces, este documental está construido sobre la elipsis por los evidentes saltos que se dan no sólo en el tiempo, sino también en el pensamiento de este francés.

En cuanto a la música se refiere, encontramos ritmos de la calle como banda sonora, ritmos parecidos al rap, música de protesta con la que los jóvenes se identifican actualmente… Desde esta perspectiva, si recordamos la última conferencia de Bourdieu, un joven del auditorio le expresa al final de la charla que él pretende ser un “sociólogo de la calle” y no de los espacios intelectuales, porque él vive desde adentro los problemas sociales de su región. La música, entonces, llega a establecer un diálogo fluido con las imágenes que se nos presentan. La fotografía, por su parte, encuadra la realidad académica de un intelectual cuyo día a día está lleno de charlas teóricas que intentan explicar de cierta manera, la realidad en la que vive una sociedad específica. 

De esta manera, Bourdieu aborda temas como la transmisión del capital que denota un factor de permanencia de estabilidad. Otra cosa sucede con el capital cultural que se refiere, por ejemplo, al dominio que se tiene del idioma. Para este sociólogo, se sabrá de qué clase social proviene una persona según el manejo que se tenga de la lengua. En este sentido, entonces, la reproducción de las desigualdades se da mediante la transmisión del capital cultural. La distribución de ciertos beneficios, como el de la educación, no es la misma y es por eso que surgen las diferencias. Sin embargo, según el autor, las diferencias siempre permiten sacar algún tipo de beneficio, porque si todos hablaran un perfecto francés, por ejemplo, ¿dónde estaría lo raro en eso? El francés perfecto como lengua ya no sería apreciada ni valorada.

Por otro lado, Bourdieu señala que las diferencias siempre tienden a perpetuarse, aunque no lo hagan de manera automática, y que esto se evidencia en las nuevas generaciones herederas de, sobre todo, el capital cultural antes mencionado (esto se comprueba además, en un cartel que la cámara muestra, el cual se encuentra fuera de la facultad de humanidades, que reza lo siguiente: “Con la izquierda plural, los ricos son más ricos y los pobres aún más pobres”). Así piensa este autor, pero, a la hora de opinar sobre si la desigualdad sirve de algo, él prefiere evitar la respuesta y justifica su evasión señalando que “para hacer preguntas científicas hay que descartar las políticas”. Esto lo justifica explicando una ley muy sencilla que consiste en aprobar lo que a uno le conviene, además de apuntar que ésta suele ser muy útil como instrumento de autodefensa. En esta vía, entonces, Bourdieu afirma que “la sociología es un deporte de combate, porque como esos deportes, se utiliza para defenderse y no se puede utilizar para dar golpes bajos”.

Otro de los temas que aborda Bourdieu es el de la dominación masculina y la violencia simbólica. Para él, esta violencia resulta del hecho de que la gente tenga en la cabeza principios de percepción, es decir, maneras de mirar que son los productos de la dominación. Dicho de otra manera, este pensador cree que, en cierto modo, las mujeres colaboran a su propia dominación porque están criadas para eso, porque tienen el carácter para eso al mostrarse siempre más dóciles y asequibles.

Sobre la rama de estudio en sí, Bourdieu cree en hacer sociología a partir de la propia experiencia social como lo hace él cuando decide hacer una investigación en su región. Cuenta que, muchas veces, a pesar de que sabía la respuesta de sus compañeros, planteaba las preguntas de igual forma, pues en este caso se trataba de una investigación científica social. Aquí se percibe que este pensador se toma muy en serio su trabajo y su profesión. Tal vez sea por ello que, en el intercambio de ideas que tiene con el escritor alemán Günther Grass, haya habido una discrepancia. Por un lado, Grass le comenta que ha notado que no hay humor en esos libros. Por ejemplo, le dice, “el cómico del fracaso que en mis historias tiene un papel importante y lo absurdo que se crea de ciertas confrontaciones, no aparecen en el libro [sociológico]. Entendámonos bien: ‘lo cómico’ no quiere decir que lo cómico y lo trágico se excluyan mutuamente. La frontera entre los dos siempre es vaga. Hoy no lo analizamos con los valores de las Luces”. Bourdieu, por su parte, afirma que es cierto que las cosas ya no se analicen bajo los valores de las Luces, pero si bien él tiene conocimiento de que los sociólogos son considerados como gente no divertida, enfatiza el hecho de que la época también no es en absoluto divertida. Entonces, por eso “no hay nada por lo que reír” apunta el francés. Por su parte, Grass está de acuerdo en que no vivimos en una época divertida, pero afirma que “simplemente la risa sarcástica, sardónica, diabólica, que se libera en la literatura, es también una manera de protestar”. Por lo que vemos, entonces, Bourdieu no cree en este poder de la risa irónica, de ahí que piense que la realidad sobrepasa a la ficción constantemente. Asimismo, ésta puede ser una de las razones también, por las que sea incapaz de entender la poesía de Jean-Luc Godard, cosa que se ve cuando le llega a su despacho un sobre conteniendo el trabajo de este artista.  

De cierto modo, lo que se trata de hacer en este documental, además de mostrar el pensamiento de este sociólogo, es ponerlo a él como persona en el mismo nivel que el público que lo lee, que lo escucha y, en este caso, que también lo mira a través de la pantalla grande. Desde un ángulo neutro, la cámara nos muestra entonces, a un Bourdieu que, más allá de ser un intelectual reconocido, es también un hombre con las mismas preocupaciones sociales que cualquiera de nosotros podemos tener… un hombre que se pone muy nervioso antes de una conferencia y que se frustra al no haber podido hacerlo como lo esperaba, ya porque no la dio en su idioma natal, ya porque no repasó sus anotaciones antes de impartir una charla… un hombre que es prejuicioso con otras disciplinas que no sean la suya… un hombre proveniente de la academia que utiliza como herramienta las experiencias sociales de los más desposeídos para crear un concepto teórico que luego los otros pondrán a la práctica: el de los movimientos sociales… un hombre beneficiado en comparación a los otros hombres, pero hombre al fin… o, como diría Saïd, uno de los jóvenes que interviene con su opinión en la última conferencia que muestra la película: “hablen con él, es Bourdieu, no es Dios, no hay que equivocarse”.

 

 

 

 

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