Edición Nº 6

La Revista

Descartes

Los aviones en el cine silente boliviano (1923-1935). Segunda parte.

 

Autor: Claudio Sánchez

El contexto histórico es de fundamental importancia para poder acercarnos a lo que ha sido la presencia de los aviones en el cine boliviano silente entre 1928 y 1935. En estos siete años Bolivia y Paraguay escribirían uno de los capítulos más tristes e inútiles del siglo XX, la Guerra del Chaco (1932-1935).

En 1928 se registra el primer ataque de la contienda bélica, Boquerón será una figura recurrente en el imaginario colectivo de los bolivianos en las décadas posteriores y su sombra aún permanece en el recuerdo. ¨Boquerón fue tomado por el ejército de Bolivia en 1928, en represalia por el ataque paraguayo al fortín boliviano Vanguardia y devuelto después, en cumplimiento de un fallo de una Comisión de Neutrales reunida en Washington¨ (Saavedra Peláez: 1990,7). La repetición de episodios como este anunciaban la inevitable guerra entre los dos países más pobres de América del Sur, ambos mediterráneos, ambos en busca de un destino.

ANTES DE LA GUERRA

Desde 1926, Bolivia estuvo gobernada por Hernando Siles representante de los republicanos y posterior fundador del partido nacionalista. Siles logró detener la guerra, prolongando la declaración oficial de ésta, en 1931 sería derrocado por Daniel Salamanca y una junta militar. ¨A fines de 1928 sucedió algo curioso, que pone por primera vez en relación el conflicto del Chaco y la cinematografía nacional. Mamerto Urriolagoitia, Secretario de la Delegación de Bolivia en Gran Bretaña, cablegrafiaba al Presidente Siles en los siguientes términos: "Santa Cruz, 15 de diciembre de 1928.- Presidente Siles.- Llegué ayer, y en vista gravedad situación internacional, apresúrome ofrecerle incondicionalmente modesto contingente mis servicios.- Operadores cinematográficos y fotográficos, así como aparatos con que cuenta mi expedición, hállanse listos para servir supremo gobierno. Espero sus órdenes" ¨ (Gumucio Dagrón: 1982, 110-111).

Este tipo de expresiones obedecían al fenómeno social de masas que ya por aquellos años era el cine, el presidente Siles sin duda fue uno de los primeros impulsores del trabajo cinematográfico en el país, habiendo contratado a realizadores para seguir el proceso de su gobierno, de ésta manera también se veía la necesidad de sentar cierta soberanía sobre el territorio boliviano a partir de mostrar a las sociedades urbanas parajes lejanos y muchas veces ajenos que hacían la geografía nacional.

¨Un comentario posterior da un mejor detalle de lo que era el film, detalle que nos permitiría reconocerlo hoy si pudiésemos dar con él. El film muestra la partida de Londres de la expedición, la travesía en alta mar, la llegada a Asunción (Paraguay), la cacería de un jaguar, la ciudad de Santa Cruz, un accidente de aviación del Mayor Jordán, las selvas vírgenes bolivianas, el cruce del "Infierno verde" y de los grandes ríos; el Gran Chaco, los trabajos de la Standard Oil en sus concesiones petrolíferas; Tarija, Potosí, Sucre, Cochabamba, Oruro, Llallagua y La Paz, con escenas tomadas desde un avión sobre el Illimani¨ (Gumucio Dagrón: 1982, 112).

El cine de los pioneros es un cine de riesgos y aventuras, un cine comprometido con el cine, los realizadores enamorados de lo que hacían buscaban los medios para llevar a cabo sus proyectos y encontraban en ciertos apoyos el respaldo para la realización de sus obras, es el caso de José María Velasco Maidana director de la película más importante de la época silente del cine boliviano Wara-Wara (1930). Él logró conformar un equipo de personas con las que trabajó intensamente en la productora Urania Film que realizaba cortometrajes documentales y noticieros sobre hechos relevantes. ¨Con una pequeña cámara Kinamo de rollos de 25 metros, Montalvo y Camacho filmaban para Velasco Maidana. Montalvo recuerda haber revelado en el laboratorio un cortometraje cuyo título sería Historia de la Aviación Boliviana, y haber filmado él mismo revistas mensuales de actualidades. Una de ellas registraba el entierro de los pilotos Luizaga y Vásquez el año 30. Blanco Galindo asistía al entierro. Montalvo recuerda que el Presidente de la Junta Militar tenía un tic en uno de los ojos, y que ese tic hizo creer al público que estaba llorando de emoción¨ (Gumucio Dagrón: 1982, 129-130).

HACIA LA GLORIA

Hacia la Gloria es la película más importante en el marco de lo que es esta relación entre los aviones y el cine en la historia de la cinematografía boliviana. ¨La única obra de carácter áulico y belicista fue el largometraje cinematográfica Hacia la Gloria, 1932. Aunque el proyecto hubiera empezado como una historia romántica, con un aviador militar como protagonista, fue convertido en una obra épica situada en los inicios del conflicto armado¨ (Querejazu Leyton: 2008, 9). El largometraje dirigido por Mario Camacho, José Jiménez y Raúl Durán Crespo es el estandarte de una época donde la aviación no era un simple instrumento del aparato bélico, sino un referente inconfundible del progreso y el desarrollo de la sociedad, el principio de la modernidad tecnológica, el aviador podía ser el héroe contemporáneo. En este orden de cosas que mejor telón de fondo que la propia guerra para construir la imagen de un gran valiente que surca los cielos venciendo a la muerte, entregándose a ella.

 

El guión final fue escrito por Moisés Alcázar y ante la inminente declaratoria de guerra con el Paraguay se hicieron ciertas modificaciones que tenían mucho que ver con la figura del aviador Rafael Pabón. ¨En 1932 se estrena Hacia la Gloria, film que narra la historia de una joven cuyo hijo, abandonado en el río Choqueyapu, viene adoptando por una pareja de campesinos, que le enseñan los valores y tradiciones de la comunidad. El niño crece y emigra a la ciudad donde se enamora de una muchacha. Al no ser correspondido se incorpora a la Fuerza Aérea y se convierte luego en todo un héroe. Herido por el enemigo, internado en un hospital, es atendido por una religiosa que resulta ser la madre que lo había abandonado. Además, la muchacha de la que se había enamorado resulta ser su hermana. La historia termina cuando el piloto héroe marcha hacia un rumbo desconocido¨ (El lugar de la seducción: 2006,47).                                                                                 

El rodaje del largometraje comenzó en octubre de 1930 y concluyó a mediados del año siguiente. Mario Camacho estuvo a cargo de la cámara, Durán asumió la producción y Jiménez se encargo del proceso de laboratorio. A este equipo se le sumaría el pintor Arturo Borda quién trabajó en distintas áreas de la producción, él hizo la dirección de escena, además realizó el diseño de algunos decorados. ¨Como director de actores, según recuerda Donato Olmos Peñaranda, el "Toqui" Borda era muy enérgico, y como era pintor, tenía una visión muy cabal de lo que podía representar en la pantalla¨ (Gumucio Dagrón: 1982, 135).

Borda también interpretó un rol como actor en Hacia la Gloria, coincidentemente este papel sería el mismo que había realizado en Wara-Wara de Velasco Maidana, interpretaba en la película a un yatiri. Donato Olmos Peñaranda, en el personaje de Eduardo, el aviador fue el protagonista de la película. Matilde Garvía interpretó a Cristina, la novia-hermana. Manuel B. Sagárnaga, en el papel del Dr. Gastón Lozada era el padre de ambos. Angélica Azcui de Alarcón fue Sor Luisa en las escenas del hospital. Enrique Mendoza, interpretó el papel de don Cirilo, padre adoptivo, y Valentina Arze el de la madre adoptiva, doña Petrona.

¨Según José Jiménez, el primer título previsto para la nueva película fue El hijo del Choqueyapu. y según Mario Camacho, éste era Del Arroyo a las nubes. Ambos definían muy bien el contenido del film, pero al final se impuso como título definitivo Hacia la Gloria en parte por influencia de la primera gran película sonora que había llegado al país, cuyo título era Sombras de la Gloria¨ (Gumucio Dagrón: 1982, 134). Es notoria la influencia que ya entonces ejercía la industria cinematográfica de Hollywood sobre las obras nacionales, Sombras de la Gloria producida en 1930 y dirigida por Andrew Stone fue el inicio de las películas habladas en español. ¨La influencia de Sombras de la Gloria sobre Hacia la Gloria, no se limita al parecido en el título, también ciertos momentos de argumentales poseían notoria similitud. Otros se inspiraban a su vez en Alas, film de 1928 dirigido por William Wellman¨ (Susz: 1990, 60).

Nuevamente los cineastas eran seducidos por las alturas, la búsqueda de tomas aéreas que capturarán con realismo el sobrevuelo y que envolvieran al espectador en una aventura propia llevaron a los realizadores del largometraje, que constaba de ocho bobinas, a filmar en las instalaciones del aeropuerto militar de El Alto. Entre quienes participaron de las escenas aéreas están los pilotos Rico Toro, Pabón y Monasterios, también se contó con el concurso del Batallón Jampaturi en algunas escenas de guerra que tuvieron como escenario la zona de Miraflores en La Paz. ¨Raúl Durán recuerda sin embargo, que a pesar de disponer de tres cámaras (una de ellas la Ernemans) para algunas escenas aéreas, los resultados no fueron excelentes. El General José Manuel del Carpio los ayudó entonces proporcionándoles algunos materiales que había, hecho filmar durante pasadas maniobras militares. Con algo de trucaje adicional, las escenas aéreas quedaron muy bien. Mario Camacho recuerda que se construyeron maquetas de aviones pequeños y que las hacían evolucionar con hilos sobre el fondo natural del cielo. Se utilizaron efectos especiales para las escenas de combates. Cada estallido se conseguía plantando magnesio en polvo, y José Jiménez recuerda que en una oportunidad el viento movió el magnesio haciéndolo estallar a pocos centímetros de su cara quemándole. Así, artesanalmente, había que hacerlo todo¨ (Gumucio Dagrón: 1982, 136).

Como podemos ver, el trucaje no ha estado exento en las películas de la época, así como lo hiciera Posnansky años antes, ahora también se construían maquetas para simular tomas aéreas de combates. Por otra parte otra de las particularidades en Hacia la Gloria es el montaje. ¨En las escenas de combate aéreo se intercalaron tomas sacadas de viejos documentales de la primera guerra mundial pertenecientes a José Manuel del Carpio¨ (Susz: 1990, 58).

En ocasión de su estreno la película se anuncio como la primera producción cinematográfica sonora nacional. Esto era por demás sorprendente ya que aún era muy incipiente la producción cinematográfica sonora incluso a un nivel global. Lo cierto es que no se trataba de un film sonoro sino que durante la proyección el largometraje era acompañado por discos que procuraban sincronizar con los movimientos, ésta música que sorprendía al espectador provenía de dos enormes gramófonos que se encontraban detrás de la pantalla. Pedro Susz al referirse a este hecho dice: Para colmo se eligió, vaya a saber por qué, música rusa para acompañar el film.

LA REPRESENTACIÓN DE LA GUERRA Y LOS AVIONES

 

La Guerra del Chaco fue declarada en 1932, de esta manera los ejércitos debían movilizarse, todo boliviano se encontraba bajo bandera y había que defender la patria. ¨En la maraña del Chaco, en el fragor del combate, se expusieron los vicios de las fronteras raciales y de clase de la sociedad oligárquica. Los indígenas bautizaron con sangre su nueva identidad boliviana y los mestizos de las ciudades tomaron conciencia de sus raíces y de su posible poder¨ (Fernández Saavedra: 1999, 98).

Se puede decir que el Chaco es el escenario del encuentro del país, ahí nos vimos por primera vez los bolivianos como bolivianos. Las diferencias se achicaban bajo el uniforme y el calor insoportable de la tierra chaqueña. En aquella inhóspita región el polvo nos cubrió en la noche más fría, para luego descubrirnos en esa lejana e inhóspita región que apenas habíamos explorado, a la que nunca nos habíamos acercado.

A Bolivia la divide la Cordillera, en el occidente el área andina con su fuerza ha forjado un camino propio y ha hecho de alguna manera aquello que era el país hasta el primer cuarto del siglo XX: una nación monoproductora de minerales que dependía económicamente de los dueños de las minas, un Estado débil y con dueños había sido construido por la República.

Por otra parte el oriente era la región olvidada, la selva virgen donde la civilización aún no había llegado, hasta el inicio de la Guerra del Chaco e incluso hasta muchas décadas después no existirían ni siquiera carreteras adecuadas que permitieran el flujo de uno al otro extremo del mapa. La tropa boliviana se movilizaba lentamente por las cumbres y los valles para llegar al área de combate, ya que la población mayoritaria se encontraba en el occidente los soldados no sólo se enfrentaron al enemigo declarado sino también a las condiciones geográficas y climáticas de la región.

Era necesario conocer el terreno, en aquellos años las operaciones militares de reconocimiento del área eran muy lentas y complejas, además de costosas. La solución más válida y simple era poner al servicio de la patria la aviación boliviana que se perfilaba como una potencia bélica en el área continental. Las naves sobrevolaban el Chaco y proveían de instrumentos ciertos sobre la posición del enemigo y las características de la zona a los altos mandos militares, pero éste trabajo tenía sus especialistas, tenía sus hombres clave, camarógrafos, topógrafos, dibujantes. De alguna manera la fotografía y el cine se ponían al servicio de las armas, de los instrumentos de la destrucción.

Alejándonos del cielo y volviendo a la tierra, más precisamente al campo de batalla, encontramos en las filas del ejército boliviano, en las trincheras y en las líneas de fuego los nombres de hombres que han sido olvidados por la historia oficial y otros tantos que en años posteriores a la contienda cambiarían la vida de la nación. Entre quienes aparecen marcados por el hecho mismo de la guerra, que al retornar a sus hogares vivirían con el peso de la mirada perdida en el horizonte infinito del sudeste, se encuentran artistas de invalorable talento y fecundo trabajo en Bolivia. Cecilio Guzmán de Rojas pudo representar la angustia del Chaco en varias de sus obras, pero también supo mostrar los aviones bolivianos, en uno de sus dibujos a lápiz sobre papel titulado Avión Juan del Valle se puede observar el tipo de naves que fueron utilizados por la aviación. En su acuarela Avión Hawk, Raúl G. Prada muestra esta nave en tierra presta para alzar vuelo en cualquier momento, y por último Arturo Borda nos ha dejado un dibujo a lápiz que muestra a un camarógrafo, la duda aquí está en que si se trata de un fotógrafo o de un cineasta que trabajaba en esos momentos documentando la historia.

VER LA GUERRA EN EL CINE

 

El gran éxito de la época silente del cine boliviano fue La Campaña del Chaco. Estrenada el 1 de julio de 1933 en el Teatro Municipal de La Paz, la película dirigida por Juan Peñaranda Minchín contó con la colaboración de Mario Camacho y José María Velasco Maidana en las tareas de laboratorio, con textos escritos por Casto Rojas el film constaba de 11 bobinas.

La historia de La Campaña del Chaco está íntimamente ligada a la necesidad del aparato nacional de propaganda que exigía en ese momento una obra que entusiasmará a la población y llamara a los bolivianos a enrolarse al ejército. Se dice que la idea nació del general alemán Hans Kundt que comandaba las fuerzas en campaña, se sabe que él fue quien rechazó el film por considerar que el objetivo del producto como tal no cumplía con los requerimientos de la institución militar. Luego de que la película fuera exhibida sin el apoyo del Ministerio de Guerra y que el público le diera su total respaldo se demostró una vez más que muchas veces la institución castrense suele equivocarse completamente, al no entender el sentimiento popular ante situaciones límite. Hay también un componente que puede parecer externo pero que nos ayudaría a entender este fenómeno y es la nacionalidad de la citada autoridad, quien no entendía la idiosincrasia boliviana y llevó a las tropas bolivianas a un rotundo fracaso mientras estuvo al frente de las operaciones.

Esta película es hoy sólo un recuerdo, luego de su estreno el equipo de realización fue llamado a incorporarse al frente batalla y el film pasó a ser una anécdota más de un cine boliviano sembrada de estas. Siguiendo el rastro de la película, el último dato que se tiene de La Campaña del Chaco es que fue entregada al Estado Mayor de Ejército. Sin embargo, la importancia de ésta película de Peñaranda Minchín, se encuentra en que es un trabajo con un claro objetivo propagandístico que cuenta con el apoyo logístico tanto del Ministerio de Guerra como del Estado Mayor. Fue la película un documental arriesgado que contaba con tomas aéreas de las posiciones bolivianas y paraguayas, además de un trabajo considerable en la línea de fuego, para así poder llevar al país las imágenes de lo que sucedía en la zona de combate. El equipo de producción se instaló en Muñoz, ahí donde se encontraba la Jefatura Militar en Campaña desde donde el general Kundt comandaba a las tropas bolivianas.

BAZOBERRY Y ALGUNAS TOMAS AÉREAS

 

Luis Bazoberry García sella con broche de oro la primera etapa del cine boliviano. El fotógrafo cochabambino se enroló en las filas del ejército boliviano para cumplir funciones como aerofotogrametrista, es así que pudo recorrer el escenario de la confrontación desde el aire, registrando en imágenes el dramático testimonio de la guerra. ¨Al mismo tiempo Bazoberry aprovechó la disponibilidad de de una pequeña cámara de filmación a cuerda, con escasos 25 segundos de capacidad de carga, para rodar también una gran cantidad de imágenes en movimiento¨ (Susz: 1990, 62).

El distinguido y talentoso fotógrafo reconocido desde antes por su extraordinario trabajo, no contó con apoyo Estatal en sus tareas cinematográficas mientras estuvo en el Chaco, sin embargo Bazoberry no se desanimaba y continuaba trabajando incansablemente. ¨Impresionó, a lo largo de la guerra, cerca de 25.000 metros, filmando día a día escenas cotidianas en los campamentos y en el frente. La pasión con la que encaraba el proyecto, era objeto de burla de quienes lo rodeaban, pero él persistió a pesar de las dificultades, que no eran tantas en el momento de filmar como lo fueron después¨ (Gumucio Dagrón: 1982, 149). De todo este material filmado la mayor parte fue dañado por las inclemencias del tiempo y las precarias condiciones de almacenamiento de las cintas. Fue así que consideró la idea de enviar los rollos a su familia en Cochabamba, gracias a esto pudieron salvarse las escenas más importantes de la documentación histórica de aquellos años donde las banderas en alto defendían los intereses extranjeros.

Al declararse la tregua Luis Bazoberry decidió hacer un viaje a Barcelona para revelar el material que aún conservaba, ahí nació la primera película sonora que se llamaría La Guerra del Chaco y que también sería conocida como Infierno Verde. Una banda de sonido con música y voz en off que acompañaba el montaje de la película donde se agregaron tomas de fotos fijas a las imágenes en movimiento. La importancia de este material, además de marcar un hito en la cinematografía nacional al introducirnos al mágico mundo sonoro, está en las escenas finales, donde Bazoberry logró captar el momento del abrazo de los soldados enemigos, este hecho sucedió a los pocos días de firmada la paz en Buenos Aires.

Una fotografía aérea que nos permita imaginar lo que fue la Guerra para tener siempre presente que el país se lo hace desde toda su extensión, un pedazo de historia retratado por Bazoberry para que insistamos en recordar lo inútil de la acción bélica, un avión que no nos aleje sino que nos traiga de regreso, un intento de procurar que no perdamos la memoria. El cine nos da estas facilidades, en nosotros está que sepamos entenderlas, que podamos traducirlas en acciones concretas para la construcción de un futuro mejor y posible.

BIBLIOGRAFÍA

Consejo Nacional del Cine, Fundación Simón I. Patiño, Fundación Cinemateca Boliviana; El lugar de la seducción, carteles del cine boliviano 1930-2005; La Paz-Bolivia; 2006 (pag. 47)

 

Fernández Saavedra, Gustavo; Vinculación con el mundo, Bolivia en el Siglo XX; Harvard Club de Bolivia; La Paz, Bolivia; 1999; (pag. 98)

Gumucio Dagrón, Alfonso; ; Historia del cine en Bolivia; Editorial Los Amigos del Libro; La Paz-Bolivia; 1982.

Querejazu Leyton, Pedro; Los artistas bolivianos en la Guerra del Chaco, Chaco Trágico; Fundación Simón I. Patiño; Bolivia; 2008. (pag. 9)

Saavedra Peláez, Alberto; Boquerón, Memorias de un soldado; Editorial Juventud; La Paz, Bolivia; 1990.

Susz, Pedro; La campaña del Chaco, el ocaso del cine silente boliviano; Coedición de la Universidad Mayor de San Andrés e Instituto Latinoamericano de Investigaciones Sociales, ILDIS; La Paz, Bolivia; 1990 (pag. 60)

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