Edición Nº 18

La Revista

Descartes

Marilyn Monroe: La rubia que escribía poesía

 

Autor: Claudio Sánchez

 

Se puede hablar de una arqueología del cine que responda a los cánones más clásicos de esta disciplina sin siquiera asomarnos a los conceptos que Foucault propone, y que han sido muchas veces trabajados para hacer aproximaciones válidas a todo lo que implica una película y sus modos de producción. En este caso, la idea de la arqueología clásica como un método de investigación se desarrolla ahí donde parece imposible en un primer momento, se trata de una forma de acercamiento objetivo a lo que fueron quienes hicieron el cine, más allá del propio film como tal. Entonces hablamos de la búsqueda constante por identificar las características de estos seres que vivieron en un mundo estelar.

No bastan los historiadores ni los biógrafos: para comprender a estas personalidades es necesario dar un paso más allá, indagar sobre los restos de su vida, no de una manera forense, sino más bien de un modo arqueológico inscrito en lo que se denomina la arqueología cognitiva que plantea, según Ángel Rivera, “estudiar las formas de pensamiento y las estructuras simbólicas del pasado a partir de los restos materiales hallados”.

La identidad cultural y sus símbolos

El gran aparato industrial cinematográfico se encuentra en los Estados Unidos y una de las características de esa nación es su búsqueda de identidad cultural.  Es una sociedad construida a partir de migraciones luego del exterminio indígena, que necesita sentirse identificada con algo propio. Es ahí donde el cine parece ser un palenque donde amarrar los caballos para poder llegar a algún lugar, para así encontrarse con los otros y también con uno mismo. Se trata de un caso particular, ya que los grandes templos norteamericanos parecen ser los escenarios y, por supuesto, los estudios cinematográficos. Ahí se hace la magia que cautiva a todos, y a su alrededor se genera una cultura que alimentaría al mundo entero a lo largo del siglo XX y parece que lo seguirá haciendo por mucho tiempo más.

Así como en las culturas precolombinas se bautizaba a las personas importantes con nombres que correspondían a deidades, en la industria de Hollywood el seudónimo fue algo muy común. Por ejemplo, Greta Garbo se llamaba Greta Gustafsson, Rita Hayworth era Margarita Cansino y Marilyn Monroe nació llamándose Norma Jeane Mortenson  y fue bautizada como Norma Jeane Baker. El star system tiene la capacidad de absorber la personalidad para moldearlas a su gusto y en un capricho injusto hacerlas ser lo que los directores y productores quieren que sean. Así Marilyn fue hecha el sex symbol de una época, ella fue el estereotipo de la rubia tonta.

Una amplia carrera solventa la imagen de la rubia que conquistó a su pueblo en una época de revoluciones en la imagen, los 50 acortaron las faldas y dieron más libertades a las mujeres en una sociedad norteamericana absurdamente machista y obtusa. Marilyn empieza a despertar, en los hombres de todas las latitudes, incontrolables sensaciones de admiración y deseo. Desde el papel que interpreta en Eva al desnudo (1950) del director Joseph L. Mankiewicz, pasando por Los caballeros las prefieren rubias (1953) o La tentación vive arriba (1955), Monroe dejó escenas memorables para la historia del cine.

La otra Marilyn

La mayor aproximación a la famosa actriz nos lleva a conocer en los detalles lo divino. En las biografías que de Marilyn se han hecho se dice que ella ingresó en 1951 a clases nocturnas de Arte y Literatura en la Universidad de California, lo que nos sugiere algo que pocas veces se toma en cuenta: la fascinante personalidad de Monroe y su interés por las letras.

Más allá de la gran pantalla, la vida de Marilyn seguía otros caminos, sus intereses eran distintos y sus grandes depresiones generaban no sólo en ella sino en quienes la rodeaban ciertas confusiones y malestares. Incluso en época de rodaje sus adicciones le creaban muchos problemas a los equipos de producción. El alcoholismo en ella fue una terrible enfermedad que derivó en muchas de las causas de su muerte. 

Luego de su fallecimiento en 1962 se dijo de todo, un huracán pareció llevarse hasta la última parte de lo que ella fue: no faltaron los oportunistas que vivieron de su recuerdo, quienes especularon sobre su desaparición, le llamaron suicidio, asesinato, asociaron a la mafia con el hecho, generando un aura mitológica alrededor de Marilyn. Sin embargo, con el pasar de los años, el tiempo y la distancia van permitiendo que la atracción por Monroe no se centre en la imagen que dejó en la pantalla grande sino en aquello que quedó desperdigado entre papeles y otros escritos, o en conversaciones que se alejan de la nota periodística.

Lo que se dejó

Hay dos libros que pueden contribuir a la prospección en la arqueología cinematográfica de MM. Por un lado, Conversaciones con Marilyn (1978) de W. J. Weatherby, y por otro, Fragmentos escrito por la propia Marilyn Monroe y editado por Bernard Comment en 2010. Ambas publicaciones son referentes de un trabajo que contribuye al entendimiento de la personalidad de Monroe, en el primer caso, por las referencias humanas que de ella hace y con las cuales nos presenta a una mujer completamente distinta a la que imaginaríamos al escuchar nombrarla. “Sin embargo, no había modo de reproducir el tono de aquella voz única, que puede situarse entre la seducción juvenil y las entonaciones de una gran señora”, dice Weatherby al presentar su libro.

El caso de Fragmentos es extraordinario, al ser éste un libro que recupera los escritos de Marilyn. Este material se encontraba en poder de Anna Strasberg, viuda de Lee Strasberg director del Actor´s Studio y fue entregado a Bernard Comment que lo editó. Aquí reconocemos a la actriz más allá de su aura estelar, la encontramos escribiendo en cuadernos y diarios, en servilletas, en papeles sueltos; escribiendo en sus grandes depresiones, confesando sus miedos pidiendo ayuda entre líneas y entre signos de admiración también.

Al juntar ambos libros con la intención de hallar algo que nos sorprenda y nos permita reconstruir más de la vida de Marilyn, retornamos a la idea de la arqueología en tanto los restos materiales son los que nos ayudan a configurar un pasado que ha estado oculto. En este caso las condiciones sobre el personaje que la industria impuso cubrieron al ser humano en un pasado que ya parece lejano. Es aquí que nos encontramos con la rubia que escribía poesía.

Uno de los poemas escritos por Marilyn Monroe que se publican en Fragmentos es el siguiente:

Ay maldita sea me gustaría estar

muerta – absolutamente no existente-

ausente de aquí – de

todas partes pero cómo lo haría

Siempre hay puentes – el puente de Brooklyn

Pero me encanta ese puente (todo se ve hermoso

desde su altura

y el aire es tan limpio) al caminar parece

tranquilo a pesar de tantísimos

coches que van como locos por la parte de abajo.

Así que

tendrá que ser algún otro puente

uno feo y sin vistas – salvo que

me gustan en especial todos los puentes – tienen

algo y además nunca he visto un puente feo.  

En Conversaciones con Marilyn ella declara al periodista, haciendo referencia a la escritura y lo que quiere dejar: “¿Sabes? He estado pensando en escribir mi testamento. No podría decirte por qué, pero lo tengo entre ceja y ceja. Me hace sentirme un poco siniestra. Siempre he creído que eso se hace cuando se está viejo o enfermo, pero la gente me dice que todos los que tienen algo que dejar deben hace el testamento”.   

De acuerdo a la teoría que sustenta la arqueología cognitiva, los restos materiales son los que nos permiten definir de mejor manera lo que fueron los individuos en sus respectivas sociedades. Siguiendo este concepto, los escritos de Marilyn forman parte esencial para esclarecer una vida más allá de la obra, y además, para poder acercarnos a un tiempo de cambios que personifica la actriz desde sus debilidades más humanas: su adicción a las drogas y su esquizofrenia heredada. La necesidad de ver a Monroe más allá del encuadre cinematográfico constituye uno de los caminos para que vayamos entablando una relación estrecha y sólida con la propia historia del séptimo arte, la misma necesidad que hace que lo escrito quede para seguir escribiendo.

 

BIBLIOGRAFÍA

Monroe, Marilyn, Fragmentos, Barcelona, Seix Barral. 2010

Rivera Arrizabalaga, Ángel, Arqueología cognitiva: Origen del simbolismo humano, Madrid, Arco Libros. 2005

Taraborelli, J. Randy. La vida secreta de Marilyn Monroe, Sevilla, Mosaico. 2010

Weatherby, W. J., Conversaciones con Marilyn, Barcelona, GEDISA. 1978

 

 

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