Edición Nº 1

La Revista

Descartes

Partenogénesis del Artista

 

Autor: Claudio Sánchez

Sólo se pierde lo que realmente no se ha tenido.ROBERTO ARLT

1 Hay algo inexplicable en el aire, la ciudad de La Paz amaneció con un paisaje inusual. En la alta montaña la nieve ha dibujado figuras propias del invierno. El Illimani, ese fabuloso tricéfalo custodio, está totalmente cubierto de un manto blanco, imagen propia de las postales que uno compra en la oficina de correos para decir que no está tan lejos. El mundo está hecho de encuentros y desencuentros que hacen al hombre. En ésta tarde fría voy en busca de Diego Torres, ese personaje de La Paz y vecino de Sopocachi. Director de cine con décadas de experiencia y aportes significativos a la cinematografía nacional dentro de su propuesta estética. Torres es un artesano del audiovisual, cine a mano le llama él; ha visto como el tiempo no se detiene sin detenerse a verlo, su trabajo lo ha realizado en distintos formatos y va desde cortometrajes que encajan en el cine experimental hasta historias eróticas de triángulos amorosos como es el caso de su más reciente producción, Amores de lumbre (Bolivia, 2009) que ha sido estrenada hace pocas semanas en la Cinemateca Boliviana. Sin embargo, hoy sólo piensa en el 2º Festival de Cine y Video GLBT de La Paz, organizado por él  y que éste año tiene títulos como: Raspberry Reich de Bruce La Bruce (Alemania-Canadá, 2004) o Anders als die andern una película alemana de 1919. Este sujeto con quien voy a conversar es pintor, poeta y además director de cine, un cocktail explosivo, un ser extraño en estos tiempos. Guarda en su mirada atardeceres de siempre y su voz tiene un timbre sin registro igualable, es una pausa intercalada de breves sonrisas que acompaña su vida como si siempre hubiera lugar para guardar un gran momento entre la retina y la memoria. En 1977 se llevó a cabo el Primer Concurso de Cortometrajes en Super 8, al que el Centro de Orientación Cinematográfica de La Paz convocaba. En esa oportunidad el Primer Premio se declaró desierto, pero llamaron la atención del jurado, que estaba conformado por Luis Espinal, Antonio Eguino, Oscar Soria y Enrique Eduardo, los cortometrajes El Muñeco de Marcelo Sánchez y Umbral de Diego Torres. En el Informe del Centro de Orientación Cinematográfica se dice que Umbral es merecedor del premio “por su mayor unidad narrativa, mejor dominio del medio, donde se destaca la fotografía y el manejo de cámara”. Luis Espinal escribía en Presencia el 19 de mayo de 1977 “Umbral es una película que posee un lenguaje suficientemente maduro y coherente; narra su tema de búsqueda sin digresiones y aprovechando eficazmente unos medios formales sobrios, entre los que destaca el uso de la plástica fotográfica en blanco y negro”. A finales de 1981, durante la narco dictadura militar de Luis García Meza, Torres realizó su primer cortometraje en 16 mm. Partenogénesis del Artista, una metáfora desde su título que en el conjunto de su obra representa una pieza fundamental para lograr entender los lugares recurrentes en sus producciones posteriores. Partenogénesis quiere decir darse a luz a sí mismo y es ese el tema que se aborda en éste cortometraje respondiendo a un momento de la vida del director, quien interpreta al personaje principal, en el cual se había dedicado con mayor inquietud e ímpetu a la pintura. El personaje tenía que ser un pintor, me dice y me pregunto que guarda Torres en los bolsillos de su saco azul. 2 Tengo tinta hasta en los codos, la lapicera con la que apunto lo sobresaliente de nuestra conversación se ha roto, la tinta que contiene se desparrama entre mis dedos y deja su marca sobre las hojas del cuaderno, sobre el mantel. Siento por un momento en mis manos algo que Partenogénesis del Artista sugiere, y es la posibilidad de ser un artista que vuelca su inspiración sobre el lienzo en la búsqueda interna personal. No hemos abandonado el tema que nos convoca esta tarde, el cortometraje de Diego Torres fue muy pocas veces exhibido y así lo recuerda su director. En 1982 la película fue proyectada durante el Concurso “Cóndor de Plata”. Un año después, durante un viaje de intercambio cultural que Torres realizó, Partenogénesis del Artista cruzaba el Océano y era exhibida en Alemania en circuitos de cine experimental. Sin duda alguna el golpe de García Meza había generado en el país un clima de censura y persecución, puede haber sido éste uno de los motivos para la poca difusión del cortometraje. Así pasaron los años y como toda obra Partenogénesis del Artista tenía un camino propio. La democracia ganó las calles, la hiperinflación nos dio un duro golpe, los pactos políticos vendieron la patria y los mineros fueron relocalizados. Un descalabro desproporcionado tanto en lo económico como en lo político se había generado en Bolivia, dábamos la bienvenida al modelo neoliberal que nos dejó más lejos que antes del mundo. Ese es el sistema de la reproducción de la pobreza que simplemente generó abismales diferencias en la sociedad boliviana.    Una noche del año 1986 en una reunión de amigos que no era casual, sino que más bien respondía a un colectivo de personas que discutían sobre el cine, Diego Torres presentó su cortometraje. Entre quienes participaron de esa sesión se encontraba Raquel Romero, una de las personas más importantes en el desarrollo del audiovisual boliviano en la década de los ochenta, imprescindible a la hora de hablar acerca del Movimiento del Nuevo Cine y Video Boliviano (MNCVB). Como todo, la tertulia tenía que acabar y como siempre alguien puede algo olvidar, quien olvidó fue Torres y lo que olvidó fue la lata con la película. ¿Olvidada en la casa del amigo?. Sí, se quedo la lata en algún rincón o la vista de todos, eso no lo podremos saber. Poco tiempo después sin preguntar a nadie, como suele suceder, una mala amiga de cualquiera se hizo presente en el horizonte de ésta historia. El amigo,  aquel hombre que hacía de dueño de casa la última noche que se pudo ver Partenogénesis del Artista, murió. Dejaba el mundo y con él un vacío difícilmente comparable. Las circunstancias de la muerte, provocaron una serie de complicaciones en una operación comando que podría llevar el título de rescate del cortometraje, el fallecimiento del amigo tenía distintas aristas y quizás no era el momento para que Diego Torres pueda pedir a la familia que le devolvieran aquella lata plateada. Con el pasar del tiempo, que primero fueron días, luego meses y después se hicieron años, Torres perdió el rastro de la familia que se había hecho cargo de las pertenencias del amigo, todo contacto quedó quebrado y la posibilidad de recuperar su cortometraje se extinguía entre nuevas producciones que proponía. En 1987 Diego Torres filmaba en París Graffiti Latino un cortometraje que es el primer episodio de una trilogía que se realizarían en la capital francesa. Si bien el director se encontraba lejos de su ciudad natal, Partenogénesis del Artista aquella obra suya que en ese momento se la podía ya dar por desaparecida, no se apartaba de su memoria. No había forma imaginada para poder recuperar la lata que conservaba la película de aproximadamente 11 minutos de duración.  3 Aunque el tango diga que 20 años no es nada, cuantas cosas pueden suceder en ese tiempo. La historia de la desaparición de Partenogénesis del Artista que comenzó en 1986 acabaría en 2006, Diego Torres que es considerado un director underground próximo a las orillas de la sociedad, es en verdad un explorador del cine. Así, infatigable en su labor, para 2006 ya había incursionado en la realización de largometrajes, siendo en 2003 el primer cineasta boliviano en estrenar una película en formato digital, se trataba de Alma y el viaje al mar, anterior a éste film se encuentra La calle de los poetas (Bolivia, 1999). Podemos imaginar que el teléfono sonó una mañana, una femenina voz familiar se escuchó del otro lado de la línea preguntando simplemente por Diego. Quien ha contestado es el mismo Torres y puede ser sólo una broma haber pedido hablar con él, porque es inconfundible su forma de hablar. Raquel Romero tiene una noticia inquieta y quiere hablar con su amigo. No revolotea en la cabeza de nadie, ni en la memoria colectiva y tampoco en la personal el recuerdo del cortometraje perdido hace 20 años. En un cajón, entre sus cosas, Raquel Romero había hallado un rollo de película del cual no tenía antecedentes cercanos, no era una película que correspondiera a los tiempos contemporáneos, era la sobreviviente de una época que contemplaba algo de saudade, de añoranza. Era una película de Diego Torres, aquella que ya nadie buscaba, la que formaba parte de las anécdotas, de los Descartes del cine, aquellas piezas que por diferentes motivos no llegan a ser o son sin ser, es una discusión filosófica, es una cuestión lógica. Lo particular en éste caso es que Partenogénesis del Artista  se recuperó y se restauró, reestrenándose el 25 de septiembre de 2008 en el Goethe-Institut  de La Paz. Cuando pregunto por sensaciones a Torres contesta que para él, volver a ver el corto luego de dos décadas es una forma de redescubrir un momento de la vida, sostiene que él mantenía la estructura en su cabeza pero que no recordaba la secuencia de los planos y es esa la primera sorpresa a la que se enfrentó. La película que fue filmada sin sonido fue sonorizada para su nueva versión DVD con música de King Crimson, aquel grupo inglés precursor del rock progresivo. Es una primera aproximación-dice Torres-al mundo de un pintor, que se retoma en La Calle de los Poetas. Formaba parte de un proyecto en el cual un pintor era el personaje protagónico. Concluye el director. En Partenogénesis del Artista el pintor halla espejos rotos que no le devuelven la imagen que busca, se interna en lugares comunes a la filmografía de Diego Torres como las gradas en la ciudad, o la calle como espacio de creación, la búsqueda de caminos que lleven al hombre a su propio encuentro, es la película una ficción ampliamente metafórica. Acaba sin acabar nuestro encuentro, Diego Torres vuelve a la vereda a caminar cuesta arriba  persiguiendo otras ideas. Me detengo, respiro hondo, calculo el tiempo. No he conversado acerca de una anécdota con un director de cine, Torres es un artista en toda la extensión de la palabra y el cortometraje es una de las piedras angulares en la obra del autor.

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