Edición Nº 26

La Revista

Tiracables

Documentar es pensar en la verdad de los hechos

 

Autor: Sergio Zapata

 

 

Entre el 9 y 14 de agosto de 2011 en la ciudad de Cochabamba, Bolivia, se desarrolló la primera versión del Festival de Cine Documental Latinoamericano “A cielo abierto”, donde se homenajeó a través de una retrospectiva al documentalista boliviano Eduardo López. Además de esto, la programación incluyó la muestra de la Escuela de Cine de Chile (licenciatura de Cine Documental) una selección de cortos documentales celebrando los 25 años de la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños de Cuba y un ciclo de cine documental antropológico del Centro de Formación y Realización Cinematográfico-CEFREC.

Además de esto, y es lo más plausible de este tipo de iniciativas, la Fundación Simón I. Patiño, organizadora y sede del Festival, planificó una serie de actividades tanto formativas como de fomento a la producción y discusión del documental en Bolivia. Ya sea la convocatoria al Fondo de Producción otorgado a Sergio Estrada por el proyecto Con la noche adentro, el apoyo a la III Asamblea de la Asociación de Documentalistas Bolivianos y el desarrollo exitoso de talleres y charlas con expertos internacionales. Este aspecto estrictamente formativo es uno de los elementos que demuestra que el cine documental en Bolivia requiere mayor apoyo, puesto que este genero –que trata sobre lo real– es el que más mutaciones viene desarrollado en los últimos tiempos, además de constituir el espacio que piensa e interroga sobre la verdad de lo real –con la mirada antropológica hasta la irrupción del found footage o el web documentary, ambos expuestos y discutidos en estos espacios– enfrentó las marcas de lo real al publico cochabambino, que de forma masiva asistió a cada jornada en el Palacio Portales.

 

La mirada sobre lo real 

Con la fijación puesta sobre los hombres, comportamientos y sentidos, el Festival abrió con el corto documental Martín de las Crujias, de Eduardo López, como preludio a una de las piezas fundamentales de la reflexión sobre la verdad, la realidad y el compromiso del gesto de mirar: Las banderas del amanecer de Jorge Sanjinés. Además de clausurar la primera jornada, esta película invita a la reflexión sobre el valor de la verdad de los hechos, el eslogan del festival.

Del homenajeado Eduardo Lopez se revisaron también las piezas Inal mama, sagrada y profana, en calidad de estreno en la ciudad de Cochabamba, y el cortometraje El camino de las almas, donde se evidencia y denuncia la practica delincuencial del trafico de tejidos en algunos poblados del altiplano boliviano. 

Pero la cinematografía de Eduardo López que no figuró en el programa contempla otras reflexiones, siempre en torno a la relación dialéctica entre individuo y comunidad. Por ejemplo, Ganar la Calle explora en la sobrevivencia en las calles de La Paz y las estrategias de los primeros niños “callejeros” de esta ciudad. En Destino tierra, la mirada, siempre con fijación antropológica, se sitúa frente a los conflictos emergentes en una comunidad tras la aparición de una Organización No Gubernamental (ONG) que modifica los hábitos y costumbres de los pobladores siempre a favor del progreso de estos. La economía del diablo nos lleva por los recovecos que crea el descomunal gasto económico en el carnaval de Oruro. 

La obra de López, antropológica, contestataria y  además comprometida con ciertos valores culturales, inauguró este espacio ausente de homenajes a personas que coadyuvaron a preservar, transmitir y pensar la realidad desde dispositivos audiovisuales. 

Este mecanismo intelectual que se desprende del acto mismo de registrar la realidad, situando la mirada del registro y del espectador en torno a un acontecimiento concreto puedo verse en la muestra de cortos documentales celebrando los 25 años de la Escuela Internacional de Cine y TV de San Antonio de los Baños de Cuba. La muestra ofreció una serie de producciones de los últimos 25 años, entre las que se destacaron ocho documentales: entre éstos, la tesis de graduación de la EICTV del reconocido cineasta español Benito Zambrana, Los que se quedaron (1993), que busca dialogar con la memoria a partir de un testimonio sobre la Revolución y el acto de la mayoría de la gente que se quedó en Cuba. Por otra parte,  Nada con Nadie (2003) de Marcos Pimentel, donde el silencio, la contemplación y el vacío se presentan como una provocación para pensar la nada.    

Por otro lado, se exhibió Episodios sinfónicos (2004) de Víctor Mares, donde se destaca la destreza técnica del realizador para componer un relato sobre la vida y la muerte. La misma destreza técnica, pero con fines distintos, la encontramos en Fidel el hombre de las cucharitas (2005) de Raquela Conde Viera, que nos muestra las habilidades y la forma de vida de un anciano como es Fidel, permitiéndonos comprender la vejez. Desde la carencia de la vejez, Nazly López con Pucha vida (2007)  piensa la vejez, la memoria, el exilio y el olvido. El olvido y la nostalgia son los temas de La inercia, todos los pantógrafos van al cielo (2007) de Armando Capó, el trabajo más experimental de la muestra que congela mediante metáforas viajeras un estado de animo en la isla. 

Por otro lado, Virginia no dice mentiras (1997) del español Jaime Rosales, nos lleva con mucho humor por la pf_contenido de amor de Virginia y su novio, habitantes de un internado. El hoy celebre director español nos ofrece en su trabajo de tesis de la EICTV la potencia del encuadre y el testimonio, la paciencia de la mirada, siempre a la espera de acontecimientos irrepetibles.

A esta muestra hay que añadir el trabajo de tesis de Diego Mondaca, director académico del Festival “A Cielo Abierto”, con su documental La chirola, que si bien es un trabajo de tesis y parte la muestra internacional de la EICTV, participó en esta primera versión de “A Cielo abierto” como parte de la muestra de Documental Boliviano.                    

 

Cortos reales    

Pero la mirada sobre lo real, sobre los fenómenos que componen lo real, en una veta menos plástica y académica, se evidenció en la muestra del Centro de Formación y Realización Cinematográfica (CEFREC) que estuvo presente con cuatro trabajos: dos retratos y dos documentales. Don Severo del puente (2011), cuyo responsable es Esteban Espejo, cuenta un episodio en la vida de Don Severo, comunario campesino aymara que vive en Alto Beni. También con registro de retrato, El fruto de la lucha (2011) recupera el testimonio de Dionicia Renoldes –madre de Julia Moreno, responsable de la producción– mujer quechua que vivió en los tiempos del pongueaje, antes de la Revolución de 1952. Esta situación de servidumbre también está presente en el documental Heridos por el sol (2010, responsable Vilma Romero), donde se denuncia la muerte de comunarios que, ante la explotación por parte de los empresarios, tienen una reacción violenta que acabará en la muerte.  

En contraste a estas propuestas de CEFREC, un organismo formativo, otra institución de formación como la Escuela de Cine de Chile programó en este festival trabajos de sus estudiantes y del plantel docente. Trainticket, que se presentó en el Festival en calidad de estreno, está dirigido por Sergio San Martin y Miguel Angel Vidaurre, este segundo Director académico de la licenciatura de Cine Documental de la Escuela de Cine de Chile y uno de los talleristas del “A Cielo abierto. El documental nos ofrece un foun footage de alguien que registra desde un tren los días y las noches de su tránsito por este medio a través de Europa. Acompañaron a este trabajo el microdocumental Guerra en las calles sobre el grupo de hip hop Panteras negras, y el trabajo de Jorge Marzuca Venegas, Las Cuatro esquinas.

A esto hay que añadir que le licenciatura en documental incluyó en su muestra dos largometrajes documentales. Por una parte, Cuerpo Colectivo: el Icono Victor Jara, en el que se registra el funeral, celebrado en los últimos años, del cantautor asesinado en el régimen militar en Chile en los años setenta. Y en calidad de estreno, Miguel Angel Vidaurre presentó su ultimo trabajo Marker ´72 que busca componer desde la memoria la visita del hermético documentalista francés en 1972, cuando llega a Chile con motivo del rodaje de Estado de sitio de su amigo Costa-Gavras.

Este documental aún no está concluido, sin embargo el festival le pareció a su director el lugar más idóneo para presentarlo y generar lo que busca cualquier propuesta que diga algo sobre lo real: pensar la verdad, la validez y la pertinencia de estos registros.

 

La realidad del corto   

Si bien el cortometrajismo parece haber dominado en esta edición fundacional del Festival “A cielo abierto” –que desde su organización apunta a consolidarse como el lugar privilegiado en Bolivia para discutir el documental– es necesario que la nueva ley del cine –aún en proceso germinal– repare en el género documental. Pero más urgente resulta prestar atención a los formatos cortos, ya sea el nanorelato, el microdocumental hasta mutaciones más complejas mediante el uso de medias. El formato corto ha sido y sigue siendo el lugar del riesgo y la provocación.           

 

 

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