Edición Nº 10

La Revista

Tiracables

El mayo francés y Jean-Luc Godard: dos películas

 

Autor: Sebastian Morales Escoffier

Francia en mayo de 1968: por primera vez en la pf_contenido, los estudiantes toman las riendas de la revolución. No se exigía pequeños cambios, un nuevo gobierno o la rectificación de una política considerada errónea. Se buscaba una nueva estructura social, la muerte a las instituciones clásicas, la liberación del pensamiento en temas que se creían tabú (como lo referente a la vida sexual) y una nueva política exterior que no tenga nada que ver ni con los americanos ni con los soviéticos y que implicara una liberación de los pueblos colonizados en África.

Una agenda colosal. El cine no podía quedar al margen de un evento que tuvo sus repercusiones en el mundo entero. En este sentido, el cine debe pensar (misión profética) y re-pensar la revolución (posterior al acontecimiento). La nouvelle vague participa de este momento (como forma de apoyo a los estudiantes, los directores y críticos de la Nueva Ola decidieron cancelar por única vez el Festival de Cannes, donde ellos presidian el jurado) y Godard fue el que pensó y re-pensó el mayo francés en dos películas claves en su filmografía: La Chinoise (1967) y Tout va bien (1972).

PENSAR LA REVOLUCIÓN

La revolución se sentía en el aire, los estudiantes no estaban satisfechos con lo que pasaba en Francia en ese momento. Era una nueva generación que no quería deber nada a sus padres, las guerras mundiales eran como dos fantasmas imposibles de olvidar, la guerra fría estaba en sus momentos más tensos y Francia seguía con la idea de que las colonias de ultramar les pertenecían por derecho. Los estudiantes sabían todo eso, sabían que las universidades eran instituciones autoritarias y que había que cambiarlas desde la raíz, sabían también que la sociedad estaba atrasada en el plano moral, que había que actualizarla, liberarla un poco. Los estudiantes habían logrado lo que Marx exigía al proletariado: tener una "conciencia de clase".

Ese es el punto de partida para Godard: el estudiante como sujeto revolucionario por excelencia. Eran ellos los que estaban destinados a la revolución. En La Chinoise, un año antes del Mayo francés, el autor hacía un llamado de atención sobre aquello. La película de 1967 tiene como pilar fundamental está constatación: los jóvenes se armaban como cuadros políticos, en espera del mejor momento, haciendo una provocación lo suficientemente fuerte como para actuar. Ellos eran una clase social más: la más peligrosa.

Los jóvenes estaban, por una parte, decepcionados con el modelo capitalista que prometía la felicidad pero nunca la daba y, por otra, con el modelo comunista ruso, que de comunista no tenía nada (los soviets se preparaban para invadir Checoslovaquia, la gota que derramó el vaso). En ese entonces, la revolución cultural en China no se veía con los mismos ojos que hoy en día: en la década de los 60, Mao era la reivindicación del los modelos comunistas. Así pues, Godard propuso que se debía alinear la revolución a partir de lo propuesto por Mao: ese era al prototipo de revolución que había que seguir. No por nada se leía en las calles de Paris del 68 un graffiti que decía algo así como "Godard: pro-chino boludo".

Tal vez una de las escenas más logradas de la película es cuando se representa la guerra de Vietnam. Los americanos son vistos como unos despiadados invasores, los rusos simplemente se quedan sin hacer nada mientras que los vietnamitas piden a gritos su ayuda. Los chinos ven a los americanos como "tigres de papel", mientras que los otros países son unos "perezosos" (Francia e Inglaterra). La representación tiene aspectos muy interesantes: el primero, por supuesto, es el rechazo total y sistemático a la guerra de Vietnam; la segunda es la frustración con la URSS (que actúa exactamente igual que los americanos), lo que conlleva a la búsqueda de nuevos esquemas políticos como es el Maoísta; y el último es la indiferencia de Francia ante la guerra que de alguna u otra forma ellos habían iniciado. Además, Godard analiza a partir de las imágenes el problema de las universidades (que serían lugares poco democráticos) y la guerra contra Argelia, donde Francia no tuvo una actuación que podríamos llamar ejemplar.

En Tout va bien, Godard pone en escena otro elemento muy importante de lo que fue el mayo francés del 68: la insatisfacción con el trabajo que no sólo repercute en el ámbito laboral, sino que afecta también en las relaciones íntimas de los individuos: el sexo y la capacidad de amar. Esta insatisfacción con el trabajo es también una crítica hacia el capitalismo, en donde el individuo debe hacer las mismas cosas, día tras día. Así, escuchamos a un personaje de la película que afirma: "en aquella fábrica unas diez personas hacían cosas nuevas y estaban muy contentos de hacerlas. Y lo que hacían era producto del mayo del 68". Así pues, la revolución de mayo, significaría una nueva relación con el trabajo, en donde el hombre se sienta satisfecho y pueda tener una vida íntima más o menos saludable.

Para Godard sólo había un camino ante el estado de cosas que presentaba el mundo en los convulsionados 60: la revolución ¿Camino hacia dónde? Hacia el socialismo. Está claro que la revolución no puede ser pasiva, los derechos se toman a la fuerza y en las calles. Era la época de los ideales radicales y así como se tenía un pensamiento radical, también se debía tener una acción que combine con ese pensamiento. Acción y pensamiento: la praxis revolucionaria.

REPENSAR LA REVOLUCIÓN

1972. La revolución estudiantil en Francia había terminado cuatro años atrás. Pero, ¿se cumplió realmente lo que exigía Godard en La Chinoise? En Tout va bien, la película que intenta re-pensar la revolución estudiantil, hay una gran ausencia: los estudiantes. ¿Qué fue lo que pasó? Los partidos de izquierda consideraban que lo que pasó era tan sólo la revolución de jóvenes que no sabían lo que querían. Los sindicatos obreros se desmarcaron rápidamente con un magro aumento de sueldo (en La Chinoise una voz en off advierte que la revolución no se detendrá hasta que los trabajadores reciban buenos sueldos) y, finalmente, los ímpetus revolucionarios entre los estudiantes fueron en caída, hasta quedar en la nada.

En la experiencia de re-pensar la revolución (Tout va bien) Godard apunta sus críticas justamente a dos sectores que pudieron llevar el mayo del 68 hasta sus últimas consecuencias: los sindicatos de trabajadores y el partido comunista de Francia. La primera parte de la película sucede al interior de una fábrica donde los trabajadores habían tomado como rehén al propietario. Rápidamente, aparece el encargado del sindicato de trabajadores, con una actitud tibia, pidiéndoles a los empleados de la fábrica que dejen la huelga. Esta actitud es para Godard un motivo de decepción. Si bien los sindicatos tenían discursos absolutamente radicales (como se verá poco después en la película), sus acciones son simplemente insuficientes y hasta contra-revolucionarias.

La segunda decepción (mostrada de forma muy original y al mejor estilo de Godard) es contra el papel ridículo del partido comunista. Vemos en un travelling largo un supermercado atiborrado de gente que se empecina en comprar todo lo que ve (aquí, un elemento del mayo del 68: la crítica a la sociedad de consumo) y ahí, escondido, vemos a un comunista tratando de vender su programa de gobierno. Lo hace de la misma manera en que un verdulero vende su producto (en La Chinoise, al final, también vemos a Jean-Pierre Léaud, vendiendo verduras), intentando regatear, sometiéndose a las leyes de la oferta y de la demanda. Pero además, sin conocer lo que está vendiendo, no es capaz siquiera de explicar las primeras páginas del libro que él mismo ha escrito. Esta decepción con la izquierda fue muy generalizada en Francia, decepción que se materializó en el bajo porcentaje de votos que sacó el partido comunista en las elecciones siguientes. A fin de cuentas, la revolución que planeaba destruir todas las instituciones para no deberle nada ni al capitalismo ni a los Rusos, terminó siendo aprovechada por los partidos de derecha.

LA REVOLUCIÓN Y LA ESTÉTICA

Con la revolución de mayo, Godard también intenta hacer algunas reflexiones de índole estético, sobretodo en La Chinoise. El director pone mucho énfasis en el hecho de que nuevas ideas necesitan también nuevos lenguajes. Forma y fondo tienen que ser revolucionarios y ciertamente Godard tomó muy en serio esa preocupación al presentar, a lo largo de su filmografía, estéticas poco convencionales (asincronismo entre audio y video, uso de intertítulos bastantes sugestivos, personajes que hablan a la cámara, rompiendo el precepto clásico de "la cámara invisible", el uso de falsos raccords, etc.)

En Tout va bien, Godard parece hacerse una pregunta clave: ¿Qué tipo de film se puede hacer después de mayo? La revolución ya ha pasado y fue la derecha la que la hizo suya. ¿Cómo hacer una estética revolucionaria entonces? Esta pregunta parece ser planteada con el personaje del director de cine. Antes de mayo se consideraba a sí mismo comunista e iba de vez en cuando a las reuniones del partido (aunque en la imagen lo vemos más bien tibio), pero después se decepciona con el cine y se dedica a las publicidades, por el simple hecho de que le da los medios para (sobre) vivir. El director se ha frustrado tanto con una política como con el arte en general, se convierte en una más de las victimas (y victimarios) de la sociedad de consumo, haciendo publicidades plásticas.

Cuenta Jean-Claude Rousseau, en una entrevista hecha para los Cahiers, que se encontró con Godard en las revueltas del mayo del 68. Él había dado un consejo: si no puedes hacer una película, entonces saca fotos. Lo que quiso Godard decir a Rousseau es que lo importante es mostrar lo que estaba pasando, la lucha, la represión del mayo francés. No importa cómo. Esta reflexión es sin duda vital para Godard, puesto que fue uno de los primeros en trabajar en digital y no quiso hacer más películas en celuloide.

Godard no dejó de hacer películas, no dejó de transgredir las fronteras de la estética clásica, siempre con la intención de pensar y re-pensar las situaciones en sus diferentes momentos y, junto a ello, reflexionar sobre el estatuto de las imágenes.

El mayo del 68 no fue precisamente lo que todo el mundo esperaba –incluyendo el propio Godard. Sin embargo, hay que reconocer su aporte: la liberación sexual, la relativa democratización de las universidades, el cuestionamiento a los países imperialistas y la conciencia de que el universitario puede llegar a ser un sujeto revolucionario. Mayo también significo un profundo cambio en la producción de cine en Francia, puesto que después de la revolución se hicieron los llamados "estados generales del cine", en donde se reunieron todos los protagonistas de la actividad fílmica para analizar lo que pasaba con el séptimo arte en ese entonces.

 

 

 

 

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