Edición Nº 4

La Revista

Tiracables

La mirada y el muro

 

Autor: Sergio Zapata

La noche en que terminó el siglo XX es fechada el 9 de noviembre de 1989, cuando los habitantes de Berlín desmontar pedazo a pedazo la vergüenza.

Después de la medianoche del 12 de agosto de 1961, las tropas soviéticas de Alemania Oriental comienzan a levantar lo que Ulbricht denominó "la barrera anti fascista" cuyo fin último fue el de evitar el éxodo masivo del este hacia oeste. En el lapso de horas, familias enteras se vieron separadas por la fatalidad política, por un corte de 155 kilómetros que fracturó Alemania y a Europa en dos.

Tuvieron que pasar 28 años para que aquel monumento a la vergüenza sea despedazado por la misma población que éste encerraba en aquel gigantesco panóptico que se encontraba al Este.

La caída del muro precedió a la reunificación alemana, a la caída del imperio soviético, a la trasformación de una economía planificada y centralista, a un capitalismo que privilegie la iniciativa privada y, lo más sensible: el sistema democrático se extendió hacia Europa oriental.

La sospecha que siempre se cierne respecto a la imagen y la imaginería respecto de las lides marxistas y derivados descreen de la revolución como acontecimiento susceptible de ser capturado por un registro audiovisual rechazando cualquier forma de intuición a priori de alguien que registre, esto en virtud del sujeto mesiánico de estas promesas igualitaristas; el pueblo, la masa, la clase, etc, etc.

Estos movimientos, esta asonada popular o develamiento de la política, se confunde entre la ficción y la realidad, entre la apariencia y el hecho. Fue con la lente de periodistas, documentalistas y ciudadanos en total alborozo que tenemos las imágenes de la noche en que se conmovió Europa y se clausuró un siglo.

Con el muro, su posterior caída y los veinte años de ese fantasma de concreto, vergüenza y dolor, la imaginería se fue construyendo con trozos de lo real y lo ficcional, en un diálogo que no siempre fue sincero. La construcción de la imaginería, subjetividad e iconosfera, tuvo siempre la presencia del Estado: en la República Democrática Alemana (RDA) fue la Deutche Film AG (DEFA), fundada en 1946 concluida la II guerra mundial, cuya labor era la de "representar la pf_contenido y el presente según la ideología del partido". Asimismo la convulsa década de los 60´s en la República Federal Alemana (RFA) nacía lo que se conocerá como el Nuevo Cine Alemán y con el manifiesto de Oberhausen.

La presencia de la cortina de hierro se presentó en el cine como corolario de una época denominada como la guerra fría.

Desde la inaugural, Los asesinos están entre nosotros (1946) donde la reconstrucción de la post guerra se presenta como un hecho complejo en un ciudad partida en cuatro, las cuatro potencias que ocuparon Berlin. Tambien en éste periodo de configuración resalta Berlín, esquina Schönhauser (1957) que presenta la dicotomía este-oeste, bueno-malo hasta que en 1961 con One, two, three se reconocerán como insalvables las diferencias, y se presentará el éxodo entre la población que habita el Este hacia el Oeste.

De ahí en adelante el muro será símbolo de una época y de un estado de ánimo; vemos la amenaza de la conflagración atómica representada en Dr. Strangelove (1964), De Rusia con amor (1964), Blade Runner (1982), Juegos de guerra (1983) o Thirteen days (2000). Asimismo, el cine desplegará a plenitud el rol que siempre sedujo a los estados y a sus aperadores; la propaganda, en este caso desde Hollywood. Será bajo el signo neoconservador en la administración de Regan que la maquinaria norteamericana nos propondrá desde un Rambo III (1988), Top Gun (1986),  Red Dawn (1984) , Invasion USA (1985), Rocky IV (1985), hasta Terminator, etc, etc.  

Por suerte, la hegemonía de la creación no recae sobre esas miradas unilaterales y maniqueas, sino que la Europa avergonzada con un muro que la separa, que vivió con el constante susurró de la guerra y con una cortina de hierro, registró los sentimientos de una generación que vivió a la sombra del concreto. Con obras como Yo tenía 19 (1968), Siete pecas (1978), La inquietud (1981), hasta la provocativa The Wall (1981) y la obra de Costa Gavras, Andreas Kleinert, Theo Angelopoulus, Win Wenders y toda la magna obra R.W. Fassbinder, el muro invadió sus encuadres, ya sea con la memoria marchita de alguno de sus personajes o con el temor de algo omnipresente que les vigila e incluso con el muro mismo materializado, colmando de forma obscena el espacio dramático.

 

 

El muro se volvía algo más poroso, menos maniqueo, se intuía la apertura: Polonia ya la había vivido, al igual que Checoslovaquia y Rumania.

 

Después de la caída de la cortina de hierro comenzó la recreación a partir de la búsqueda incesante de la reconciliación y la localización de un pasado común entre las dos Alemanias. Películas desde la fundacional de este periodo  Los arquitectos, de Peter Kahane (1990), radiografia de la llamada "generación perdida" del cine de la ex-RDA o El Muro de Jürgen Böttcher (1990), una suerte de réquiem paradójico sobre la existencia de algo que nunca debió ser; País silencioso (1992) film de Andreas Dresen que está ambientada en la antigua RDA, donde los protagonistas están esperando y esperando algo, una hermosa metáfora de lo que represento la caída de la cortina de hierro al este.

De ahí en adelante, el cine alemán construirá una identidad más bien fragmentada como toda cinematografía contemporánea, mirando el pasado con cierto asombro, sospecha y emotividad, desde la febril mirada del joven Andreas Kleinert hasta El camino irracional de Thorsten Trimpop (2005), acercando la mirada sobre las bisagras de la tortura en la RDA. Algo similar ocurre con la festivalera La vida de los otros de Florian Henckel von Donnersmarck, entre las más actuales. Pero el muro no se disuelve en estas miradas: está la violenta mirada de Andreas Kleinert con Senderos de la noche (1999), donde un burocrata del partido en la RDA enfrenta la caída del muro desde la desaparición de su empleo. Algo similar ocurre con Cada uno calla algo (2006) de Marc Bauer donde el silencio es lo único que acompaña a la caída de la verdad simbolizada en la caída del muro.

En esta escueta cartografia aparece el afamado Volker Schindorff con El silencio tras el disparo (1999) que se aproxima al conflicto identitario y los problemas de adaptación entre los habitantes de las dos Alemanias. Similar temática es la que aborda Ningún lugar adonde ir (1999) de Oska Roehler cuyo conflicto está explicitado en el título de la obra: tras la caída de la corina y la imposibilidad de encontrar sentido sobre las ruinas de lo único en que se creía, el suicidio se presenta como la única respuesta. Con el mismo romanticismo trágico, Vanessa Jopp presenta Olvidate de America (2000) como testimonio de la frustración que padecieron los hijos de la reunificación del lado Este. Similar sentimiento genera el documental Lo que queda (2003) de Thorsten Trimpop que indaga sobre las diferencias entre jóvenes educados a ambos lados del muro cuyas diferencias y sensibilidades se manifiestan como secuelas del muro o la continuación de éste. Las secuelas económicas se ven en la galardonada Luces (2003) de Hans Christian Schmid.

Alejándose de este sentido trágico, Fathit Akim -la mirada más fresca del cine alemán en la actualidad- esbozo en Contra la pared y Al otro lado, su propia declaración de principios sobre lo que fue la cortina de hierro y la presencia de los nuevos muros. Con la misma frescura, Sandra Nettelbeck presenta La deliciosa Martha (2001), comedia donde el muro aparece en las margenes del film, aproximándonos al estado de monotonía en el que estaba sumergida la población. Aparece el amor de unos septuagenarios en El séptimo cielo del resucitador del cine aleman Andreas Dresen, que indaga entre varios recuerdos la vida de estos ancianos, entre ellos se evocará esa noche de noviembre. También a partir de relaciones humanas, Halbe Treppe presenta A mitad de camino (2002), en la que diferenciará a la burguesía del este con la del oeste. Pero quizás la pelicula más esclarecedora para comprender el trauma de la caída de la verdad para los del este y el vacio que esto generó es la tragicómica Good bye, Lenin! (2003) de Wolfgang Becker

Esta escueta cartografía sobre el muro en el cine pretende esbozar en un ejercicio de memoria lo que representó y sigue representando el muro de Berlín en la cinematografía, por tanto, en el imaginario de aquella Europa separada por dos verdades y que hoy asiste día tras día a la edificación de nuevos muros. 

Los nuevos muros

 

Si alguien se arrima a ver aristas y convergencias entre el cine y la pf_contenido, puntos de fuga, perspectivas o simplemente detenerse en las marginalidades textuales, el encuadre y el fuera de campo, el cine de la guerra fría -en su subgenero más depurado como es el de espías- encontrará marcas y rasgos para comprender el vergonzoso espectáculo humano que existió durante 50 años de guerra fría. Sin embargo, no nos sirvieron para presenciar el horror que se viene desatando tras ese otoño berlinés y encontrará su punto más alto el 11 de septiembre de 2001, fecha en que inicia el siglo XXI.

 

La revolución (no) será televisada.

 

 

 

 

Chico y Rita: La fiesta, la vida

Un hombre se encuentra con una mujer en una rumba. Se encuentran y se desencuentran a medida que pasa la noche. El hombre se llama Chico, la mujer Rita. Ambos son músicos, uno toca el piano y la otra canta. La rumba va pasando, sin saberlo, los dos se enamoran. La vida va pasando, sin saberlo,…

Encuentro de Cine | El corto boliviano, hoy

Descarga

Acercamientos críticos a Olvidados (Bolivia, 2014)

 

 

INSURGENCIAS

 

Cinemas Cine en La Razón