Edición Nº 9

La Revista

Tiracables

La m&uquest;sica de Joaquín Rodrigo en el cine español

 

Autor: Claudio Sánchez

 

El nombre de Joaquín Rodrigo brilla permanentemente en la cultura universal. El compositor español nació en Sagunto, una ciudad de la Comunidad Valenciana, el 22 de noviembre de 1901. Su carrera comenzó cuando él era aún muy joven: su primera obra, compuesta en 1923, es el opus 1 Dos esbozos para violín y piano  (“La enamorada junto al surtidor” y “Pequeña ronda”).

Inquieto desde siempre, este creador en todo el amplio sentido de la palabra supo intervenir en la composición de música para cine en la década del 50. Por aquellos años, España se encontraba bajo el régimen franquista, y esto marcaba cierta tonalidad establecida dentro de lo permitido por los controles internos en la cinematografía española.

Hablar de Rodrigo es escuchar: su música ha generado grandes pasiones y es el Concierto de Aranjuez (1940) su obra más conocida. Esto, sin embargo, es sólo un antecedente para poder aproximarnos al trabajo de un gran alquimista de la música. El cine abre muchas de las puertas para aproximarnos a nuevos mundos, y es así que mediante ciertas melodías – ya sean creadas para tal efecto o simplemente incorporadas a una escena – reconocemos el talento de los compositores.

LOS COMPOSITORES Y EL CINE

“Lo que ha permitido que el cine se unifique, al menos en apariencia, no es solamente la creación de un sistema organizado de distribución y exhibición públicas, ni la aparición de autores que han contribuido  a definir ese arte. Se trata igualmente del propio término y de la teoría construida sobre éste. En un tiempo récord, de repente, el cine se convirtió en un arte. En 1908, una sociedad de producción francesa, llamada Le Film d´Art, consagró su existencia al encomendar una música original a Camille Sain Saëns para El asesino del duque de Guisa (L´Assassinat du Duc de Guise, 1908). Como si el cine, arte plebeyo al principio, espectáculo popular, pudiera adquirir dignidad a partir del encargo hecho a un compositor de ópera y música orquestal, un compositor oficial y reconocido.” (Chion, 1997: 20).

El desarrollo del cine ha sido sorprendentemente veloz, su estructura y su legitimización no tardó nada en consolidarse. Ahora que nos detenemos, para ver en la línea del tiempo aquello que hace al séptimo arte un complicado enjambre de emociones y sensaciones, volvemos al origen. La música es un elemento cultural inherente al hombre, y hay quienes dicen que esto está presente desde antes del alumbramiento de los seres humanos: el corazón es de por sí un órgano generador de movimientos y ritmo,  es esto mismo lo que nos hace conocer la música más allá de un pensamiento consciente que la haga, desde la idea que la nombre. “Dado que el cine no es solamente un exhibidor de sonidos y de imágenes, sino también un generador de sensaciones rítmicas, dinámicas, temporales, táctiles y cinéticas, que utilizan indiferentemente los canales sonoro y visual, cada revolución técnica le aporta un avance en la sensorialidad: renovadas las sensaciones de materialidad, velocidad, movimiento y espacio, pueden percibirse en él en sí mismas, y no como elementos codificados de un lenguaje, de un discurso o de una narración.” (Chion, 1993: 144).

Lo trascendental, cuando seguimos la huella de Joaquín Rodrigo en el cine es que se trata de uno de los compositores de música culta que logró ser parte de una pf_contenido que estaba a punto de dar vuelta la página: estamos hablando de que Rodrigo fue uno de los últimos músicos herederos de la tradición de composición clásica que por una casualidad cronológica pudo y supo vivir el tiempo del gran desarrollo de la industria cinematográfica. Dentro de la lista de nombres de compositores que se alinean con el cine se puede incluir a Sergei Prokofiev quien trabajó con Eisestein, o Shostakovich y Khachaturian quienes desarrollaron su arte en diferentes bandas sonoras. Pero esas son otras pf_contenidos.

EL CINE ESPAÑOL EN LOS AÑOS 50

Es necesario precisar el momento histórico para así poder tener las suficientes herramientas de análisis que nos ayuden a comprender la situación general que vivía España en los años 50, década en la que Joaquín Rodrigo desplego su talento en la creación musical para cine. Desde 1936 Francisco Franco se hizo del poder absoluto, en una brutal dictadura que divorció al país y reprodujo la violencia durante décadas. Franco controló todo y estableció la censura. Ésta llegó al cine y generó su propia corriente dentro la producción, y es por esto que se puede dividir generacionalmente la propuesta audiovisual española. La Primera generación: el cine de la dictadura; la Segunda generación: el cine que nació en la dictadura; la Tercera generación: compuesta por los estudiantes del Instituto de Cinematografía, quienes intentaron dar un giro al cine español. 

Inicialmente, podemos decir que en la primera generación se inscribe el trabajo de Rodrigo, quien de la mano de Rafael Gil, pudo llevar sus melodías a la gran pantalla. Estamos hablando de que la obra del compositor estaba alineada con un cine que buscaba la exaltación de los temas religiosos, el patriotismo y la moral. De alguna manera este era el cine oficial, el que no se cuestionaba, sino más bien el que se promocionaba como un instrumento de propaganda y adoctrinamiento. La fórmula establecida ponderaba la construcción de una sociedad franquista ideal, donde los valores impuestos eran reproducidos sin cuestionamientos.

Esta situación fortalece la idea primera de que Joaquín Rodrigo puede ser considerado un eslabón en la cadena de cambios de una sociedad española en transición. Los años más duros de la dictadura fueron testigos de las nuevas voces que se hacían oír, y también de aquellos silencios que pretendían mantener la situación en ese adormecimiento al que estaba siendo sometido el pueblo. 

Los años 50 vieron nacer nuevas generaciones de realizadores, y ellos vivieron la edad de la represión. Es así que el compromiso social de los nuevos directores parecía desconocer las prohibiciones. Sin embargo, el Gobierno Español censuraba las propuestas más arriesgadas y no escatimaba esfuerzos para dar a conocer sus ideas a través del cine como un instrumento político. 

Si Rodrigo aprendió de la música clásica su estructura, él supo expresar esto en las variantes de composición para cine. Una licencia válida para sus colaboraciones con Rafael Gil puede haber sido su relación con el arte en sí, más allá de una postura ideológica y política. Por esto es difícil determinar si la obra de Rodrigo puede inscribirse en alguna de las variantes generacionales ya expuestas. Es importante reconocer que, si bien compuso música específica para cine, también se usaron piezas suyas para ilustrar trabajos que no correspondían a un encargo específico.

El compositor pudo detener el tiempo en su música y transcribir ésta en propuestas cinematográficas. Rodrigo fue uno de los hombres que dio a su trabajo un sello propio más allá de una moda o una corriente de paso. Años después sería reconocido y marcaría una pausa antes de la gran época de los cantantes infantiles en el cine español o la música ye-ye, que en los sesenta cobraría gran vigencia y encarnaría el entretenimiento popular ante la gran pantalla.    

LA MÚSICA DE RODRIGO Y L A GRAN PANTALLA

Cuando nos aproximamos a la relación, breve pero intensa (1952-1957), entre Joaquín Rodrigo y el cine, encontramos tres largometrajes y un corto para los cuales trabajó específicamente en la composición de sus respectivas bandas sonoras. Sin embargo, la música de Rodrigo ha sido parte, en varias oportunidades, de otras películas. La celestina de 1969,  basado en la obra homónima de Don Fernando de Rojas y dirigida por César Fernández Ardavín, es uno de los films que utiliza la música del compositor español para ambientar esta pf_contenido que marca la transición de la edad media al renacimiento. En este caso particular, la música ilustró un tiempo y un espacio, siendo el telón de fondo de lo que se narraba en la pantalla.   

El primer largometraje que cuenta con la participación de Joaquín Rodrigo es Sor Intrépida (1952) de Rafael Gil, donde el trabajo fue compartido en la composición musical con Juan Quintero. Esta película cuenta con la actuación de destacados actores españoles como Paco Rabal, Rafael Bardem y José Nieto. Sor Intrépida exalta el rol social de las religiosas, y muestra el oficio no sólo como un sacrificio sino como un camino a seguir. El film de Gil fue declarado de Interés Nacional y el Sindicato Nacional del Espectáculo la consideró la mejor película del año. En la música de Rodrigo siempre ha prevalecido el neoclasicismo y los ritmos típicos españoles: no es una excepción en esta composición el uso de ambos elementos en la creación musical. Es por esto que los personajes de Sor Intrépida mantienen en su base las particularidades regionales de las pf_contenidos propias y colectivas representadas en la película. A decir de Raymond Calcraft, quien dirigió en varias oportunidades la Royal Philaemonic Orchestra: “La música de Joaquín Rodrigo representa un homenaje a las distintas culturas de España, ya que se vale, como fuente de inspiración, de las más variadas manifestaciones del alma de su país”.

La construcción de un espacio sonoro que intervenga sin disonancias en un largometraje ha sido estudiada y trabajada desde que se incorporó la banda sonora a las películas. El tiempo se ha encargado de reconocer que los esfuerzos por la sonorización no han sido vanos, sino que han colaborado a la creación de situaciones y emociones que permiten al público identificarse con lo que estamos viendo en la gran pantalla y posibilitar la valoración del ritmo entre el sonido y el silencio en cada película. Sobre esto, Chion escribe: “Es célebre el aforismo de Bresson que nos recuerda que el cine sonoro ha aportado el silencio, y esta fórmula ilumina una justa paradoja: ha sido preciso que existan ruidos y voces para que sus ausencias e interrupciones profundicen en eso que se llama silencio, mientras que el cine mudo, todo, por el contrario, sugería ruidos” (1993: 59).

La relación entre Rodrigo y Rafael Gil se mantuvo y dio como resultado en 1953 que el compositor colaborará con el director en la creación musical de La guerra de Dios, donde se pone de manifiesto una mirada sobre el caso concreto de los sacerdotes y sus cuestionamientos personales. De alguna manera, la fórmula de Sor Intrépida funciona una vez más, esta vez con un personaje masculino que lleva la pf_contenido por caminos similares a su predecesora. El film es considerado uno de los mejores trabajos de Gil y pone de manifiesto la lucha de clases en un pueblo minero. La guerra de Dios consiguió el Gran Premio en el Primer Festival de Cine de San Sebastián y en la Mostra de Venecia se le entregó el León de Bronce a Mejor Película. Paco Rabal, que nuevamente colaboraba con Rafael Gil, fue galardonado con el Premio a Mejor Actor otorgado por el Círculo de Escritores Cinematográficos. La obra orquestal de Rodrigo insiste en el drama de los personajes, creando situaciones de meditación y reflexión, complejas de por sí y agudizadas conceptualmente con la música.

Joaquín Rodrigo participó en 1956 en la película de Francisco Borja Moro, El hereje. Este largometraje está basado en una obra de José María Sánchez Silva, célebre por su libro Marcelino Pan y vino que también fue llevado a la gran pantalla por Ladislao Vajda (Italia, 1954). El hereje es una pf_contenido políticamente correcta para la España franquista, este melodrama en blanco y negro cuenta con las actuaciones de Folco Lulli, Jesús Puente, José Guardiola, Julio Riscal, Nora Samsó y Rosario García Ortega.

Música para un jardín es una obra para orquesta de cámara compuesta en 1957 por Joaquín Rodrigo. Esta fue escrita para el documental del mismo nombre que fue dirigido por los hermanos Sanjuán, el cortometraje está dedicado al madrileño parque de El Retiro. Se trató de una composición de 12 minutos que luego fue popularizada en tanto fue interpretada en diferentes escenarios. Esta situación es por demás sorprendente, ya que la obra musical supera la barrera cinematográfica y se convierte en un producto independiente de su carácter original.

ARANJUEZ REAL SITIO DE MIS AMORES

En 1991 el Rey Juan Carlos I ennobleció a Joaquín Rodrigo con el título de Marqués de los Jardínes de Aranjuez. Cinco años después se le concedió el Premio Príncipe de Asturias. En honor a la verdad, su legado es indiscutible: su obra es múltiple y diversa, sus aportes cierran el ciclo de una generación que aprendió de otros compositores las fórmulas maestras de la gran música.

El cine es una puerta abierta a la música, y ella se hace de otros elementos para seguir creado entre nosotros las sensaciones indescifrables de la experiencia humana. Es así que películas como La Celestina de César Fernández Ardavín o Sor Intrépida de Rafael Gil  son  muestras de la obra de Joaquín Rodrigo que llevan nuestros sentidos a una esfera diferente y excelentes pretextos para poder escuchar más allá de lo que vemos.

BIBLIOGRAFÍA

Chion, Michael. La audiovisión. Introducción a un análisis conjunto de la imagen y el sonido. Barcelona: Paidós Ibérica, 1993.

Chion, Michael. La música en el cine. Barcelona: Paidós Ibérica, 1997.   

García Rodrigo, Jesús y Rodríguez Martínez, Fran. El cine que nos dejó ver Franco. Toledo: Consejería de Cultura, 2005.

Xalabander, Conrado. Enciclopedia de las bandas sonoras. Barcelona: Ediciones B.S.A., 1997.

 

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