Edición Nº 20

La Revista

Tiracables

Vernos en los fragmentos del cine hecho en Bolivia

 

Autor: Sergio Zapata

El enunciado que reconoce al cine como el reflejo de su tiempo y, a la vez, la forma de representación más legitima del siglo XX y XXI, se viene trastocando a partir de su misma composición, ya sea desde su estatus material hasta su puesta en circulación, tomando en cuenta el ámbito de consumo y sus formas de distribución, entre otros elementos. En este sentido, la crisis de las salas de cine es de alguna manera la crisis de los regimenes de visibilidad o de representación, la crisis de las formas de ver y las formas de sentir y en última instancia, en un plano estrictamente ontológico, la crisis de lo real.

Las películas producidas en Bolivia durante la última década constituyen la memoria material de la única revolución social que vive Bolivia: la masificación de soportes portátiles de registro digital de imágenes. Éstos están modificando el paisaje ciudadano hasta las formas de comprender la imagen.

Las producciones realizadas en Bolivia –aquellas que no circulan en las salas, ya sea porque no cumplen los requerimientos técnicos de las mismas o porque a sus realizadores no les interesa estos espacios, o porque estas películas no están producidas para éstas– representa, en términos de empleo, el sector más productivo del audiovisual en Bolivia. Esto en virtud del sector financiero que viene garantizando la sobrevivencia económica de los profesionales del audiovisual: el mercado de Organización No Gubernamentales y Fundaciones.

Este mercado, en lo correspondiente a producción audiovisual, responde a criterios estrictamente comunicacionales: el de poseer evidencias, con valor cuasi científico en algunos casos, sobre su quehacer institucional, en un soporte que capture tiempo y espacio ¿Se debe considerar estas producciones como productos con valor y alcance cultural? A aquellas que las posibilitan se las reconoce como "instituciones que permiten la visibilización de sectores marginados", "denuncian algún tipo de atentando a los derechos preservados por los cuerpos normativos vigentes", "sesgan la realidad", "perforan al Estado", entre otras tantas formas descriptivas de su quehacer. Entonces ¿deben ser estas instituciones consideradas por la critica, las asociaciones de cineastas y videastas, medios de comunicación? Sí, en tanto dicen algo de la realidad y despliegan elementos propios del texto audiovisual, y además de ello, son estas instituciones el sector que más empleo genera al interior del audiovisual.

De la misma manera la denostada publicidad es acuciosamente marginada por aquellos grupos civiles que han institucionalizado el quehacer cinematográfico, puesto que "corrompe a las personas", "incentiva el consumo y la frivolidad", "tergiversa valores y atenta a la cultura". Sin embargo, genera empleo y en la mayoría de los casos es la principal fuente de ingresos de productoras que aspiran a realizar un largometraje o de los equipos técnicos y creativos que esperan oportunidades para enrolarse en algún proyecto cinematográfico.

Lo mismo debe decirse de los camarógrafos-realizadores cuya inserción laboral se debe a la realización de videos de bautizos, expediciones turísticas, video-prestes, ecoturismo, memorias institucionales e investigativas, videos de boda, entre otros.

Sobre estos profesionales, hay que decir que permiten, tomando las bases del análisis ideológico del discurso y texto fílmico, verificar desde las formas del encuadre hasta los objetos y sujetos registrados –los cuales develan un imaginario, una subjetividad provisoria, ya que ofrecen hábitos de consumo cultural, formas de composición a partir de la trama social, formas de jerarquización de los objetos a representar e indiscutiblemente una narrativa que se viene reproduciendo, muchas veces deudora del consumo televisivo y publicitario– y aproximarnos a los elementos que componen el régimen de visibilidad hegemónico.

Es así que el panorama del "cine nacional", quizás, como un apunte investigativo, debiera reconocer la existencia, influencia e influjo de estos sectores algo vilipendiados, algo marginados y siempre puestos bajo sospecha. Pues es, en el marco de la revolución social sujeta a los avances tecnológicos, el sector con mayor crecimiento y versatilidad en el uso y apropiación de tecnologías como de formas de representación.

El reconocimiento de estos sectores productivos implica socavar las bases ontológicas del cine, al menos para un sector de realizadores en Bolivia, puesto que cine se ha considerado a los productos con valor narrativo registrado y exhibido en celuloide.

Además de estos sectores, existe una generación, sin educación formal en audiovisual, pero que carga consigo el uso y apropiación de dispositivos tecnológicos de bajo costo y la aprehensión de plataformas multimedia de difusión, consumo e intercambio de información, que posibilitan la efervescencia de nuevos actores que, además de afectar al audiovisual, modifican la noción de ciudadanía y del espacio público.

Sub (20) desarrollo

Entre una de las tantas paradojas de la producción y la transmisión de la cultura en Bolivia, entre 2008 y 2011 se tiene noticia de la realización de al menos una docena de películas producidas por adolescentes de la ciudad de El Alto, cuyo circuito de comercialización son, a través del comercio informal, las calles, lugar donde habita el pasado, presente y futuro del cine mundial y local.

Estos cines interpelan a los regimenes de visibilidad en tanto rechazan el espacio institucionalizado y ritualizado de la difusión: la sala de cine. Cuestionan a una sociedad, al ejercitar la autogestión en la forma de representación, lo que trae consigo la modificación del estatus de la ciudadanía y el espacio público, puesto que estos adolescentes ingresan a él haciendo uso de un instrumento de registro audiovisual, a veces desde el anonimato. Modifican el paisaje cultural en virtud de sus cuantiosos niveles de venta, socavan al mercado legal, puesto que reivindican la autogestión y la libre oferta y demanda. Y, quizás lo más provocador, modifican su imagen, la realidad.

Esta modificación de imágenes, subjetividades y regímenes de visibilidad es hoy por hoy la marca que dejan estos productos culturales, marcas que trascienden a toda las formas de producción de las mismas. Parece existir plena conciencia entre estos jóvenes que para hacer cine es necesario simplemente una cámara, tener amigos y lo fundamental: una idea.

Un cine que (no) piensa

Desde que el cine se piensa a sí mismo, se interrogó sobre su estatus social. Al ser un producto estrictamente de masas, éste debe entretener y, a la vez, ofrecer un espectáculo. Pero lo que más debate ha provocado hasta este siglo es su carácter social.

Sobre el carácter social es donde las cinematografías se detuvieron para pensarse, en tanto se reconocieron como representaciones de una sociedad. Incluso se consideró la afirmación de que en el cine la sociedad se ve, argumento del documentalismo clásico, siempre colindante a la etnología; asimismo se consideró que los cines o regimenes de visibilidad deben estar sujetos a algún proyecto mesiánico, ya sea una revolución social y/o cultural. Sin embargo, la realidad –y esto a beneficio de inventario– no es aprehensible.

Este carácter evanescente de lo real supone en muchas latitudes –y Bolivia no es la excepción– la discusión incombustible y apasionante de las formas de ver y representar. Además de esto, la legitimidad, verdad y validez de las mismas siempre encuentra singulares cuestionamientos, lagunas referidas al posicionamiento ético de éstas, también las que señalan su actualidad y pertinencia y, como es de rigor, su funcionalidad contextual. En este sentido, habrá que acordar que lo real es irrepresentable en tanto concepto, y a su vez comprender como obvio que toda representación con pretensión icónico-figurativa, como supone cine, no logrará este peregrino menester.  

De esta manera es que el acto de pensar es imposible, al menos en el cine. Además es imposible porque se considera como validantes de la calidad de un film a solamente los recursos estrictamente materiales, como es la confianza plena a los recursos High Definition, en tanto imagen pulcra, aséptica y transparente, garantía de calidad, al igual que el empleo de artificiosos efectos visuales que imposibilitan el acto de pensar y reorienta la discusión al plano técnico-material.

Este panorama del efectismo visual, la confianza en los programas prediseñados al interior de los recursos tecnológicos, el rechazo a lo social en tanto irrepresentabilidad, el sometimiento a ciertas estructuras narrativas provenientes de la publicidad, la inmisericorde relación con la estridencia visual y sonora haciendo que cualquier guiño de "idealismo" se disuelva en estas, son entre tantas las pruebas que imposibilitan pensar el cine y que el cine piense, al menos en Bolivia.

Este estado de ausencia de pensamiento en el cine en Bolivia puede quedar establecido por la evanescencia y ubicuidad del objeto a pensar, que se encuentra en constante movimiento al igual que los pomposos conceptos: identidad, cultura, arte, indio, descolonización, Estado, democracia, mujer, educación, sociedad, entre otros que componen el glosario del siglo XXI boliviano.

Del fragmento

Las formas de pensar el cine en Bolivia pueden dilucidarse en dos cortes: uno referido a generaciones y otro que apela al formato.

El referido a generaciones encuentra su expresión en categorías que buscan establecer parámetros descriptivos como el de estética joven, pergeñado a la sazón del encuentro de cineasta sub 40 del año 2008, celebrado en la ciudad de La Paz. En este encuentro se hablaba de una estética joven, la cual es deudora de búsquedas narrativas propias de la juventud. Asimismo, el corte referido al formato puede quedar establecido bajo la relación dialéctica entre digital similar y/o próximo a amateur y carente de rigor y celuloide, por oposición, profesional, lo cual de forma indiscutible exuda el más decadente elitismo a la sombra del determinismo tecnológico de cuño negativo.

 Ambos cortes entrañan las líneas argumentales de un mismo razonamiento, cuya conclusión es más atractiva: los nuevos cines sólo son posibles a partir del uso y apropiación de recursos digitales, añadido a esto el perfil de sus usuarios, jóvenes y adolescentes, que niegan, rechazan e ignoran la existencia de un cine anterior, un cine que podría otorgar elementos para confeccionar una tradición, al menos en la cinematografía hecha en Bolivia.

Estos dos cortes, en la breve pf_contenido de pensar el cine en Bolivia, al menos durante la primera década del XXI, pueden comprenderse como síntomas de una ruptura, la cual puede ser alimentada con otros síntomas, como el cine indígena diferente del cine nacional, el cine nacional que busca particularismos diferentes del cine hecho en Bolivia con pretensión universal, el cine oficial con escasos productos diferente del cine indígena, el cine indígena hecho en Bolivia diferente del cine boliviano, o también el cine publicidad extensamente diferente del cine "cholero", el cine de joda diferente del documental. Estos síntomas permiten intuir que el pensar el cine y los regimenes de visibilidad están sufriendo transformaciones vertiginosas e incontrastables.

La industria

Como otra promesa mesiánica, la necesidad de una industria cinematográfica se plantea como fundamento, al menos ético, para la diseminación y emergencia de productoras, las cuales al no ser legales, no responden a ninguna razón social y, al evadir ciertas normas laborales vigentes, pretenden y/o demandan crear una industria cuyas características sean las de promocionar mano de obra no calificada a empleadores extranjeros, o poder pujar por fondos de fomento y, en último caso, adquirir las jugosas cuentas del ampuloso aparato gubernamental.

La industrialización del cine, teniendo como base a las productoras, parece ser un proyecto inconcluso e inviable, ya que el desarrollo industrial en cualquier orden de la producción requiere de programas susceptibles a medición, inversión pública o privada, seguridad jurídica y, lo principal: profesionalización y especialización de recursos humanos.

La quimera de la industria parece ser un lastre en la política nacional y una herida en el imaginario popular, ya sea porque industrialización es sinónimo de saqueo, o equivalente a abusos laborales. Sin embargo, la industrialización de productos culturales funciona allí donde el mercado de bienes culturales tiene variables de crecimiento ascendentes, donde la producción cultural goza de mecanismos legales que le garanticen plazas de circulación y consumo y donde los costos de producción están acorde a los parámetros locales de subsistencia.

Bolivia no existe

Si la cuestión para poder vernos reflejados en la pantalla es consumir cine boliviano, la respuesta indiscutible es negativa. Esto en tanto y cuanto el cine hecho en Bolivia no es cine Boliviano, tomando en cuenta que los rasgos de identidad nacional de una forma de expresión no se deriva de su localización geográfica ni de la procedencia común de sus actores, sino que emana de las formas particulares de representar contenidos particulares, estableciendo en estas formas los parámetros identitarios de los modos de expresión, relativizando sus contenidos y homologando la forma. En ese caso podemos establecer de forma provisional que el cine boliviano no existe ni existió, y el pensar que existirá se presenta imposible en virtud del nuevo Estado Plurinacional. Asimismo reconocer que el cine hecho en Bolivia es o fue un cine con distintos rasgos particulares es afirmar el estado pluricultural bajo otra forma de gobierno, la republicana, entonces el rasgo de identidad del cine hecho en Bolivia ("nuestro cine") tiene como identidad la pluri-identidad. En este sentido habrá que esperar pasivamente la ruptura formal: una forma de representar la pluriculturalidad de la Bolivia del siglo XXI, en cuyo caso de irrepresentabilidad, como la realidad, demostraría su carencia y vacuidad no sólo significante, sino, y hasta aquí, su vacuidad política e histórica.

El mal se asoma Mientras duermes

El nombre Jaume Balagueró, cineasta español, se liga a una de las sagas de terror más importantes que se han realizado en los últimos años, no solamente en la península ibérica, sino también a nivel mundial. Se trata de las cuatro películas…

Encuentro de Cine | El corto boliviano, hoy

Descarga

Acercamientos críticos a Olvidados (Bolivia, 2014)

 

 

INSURGENCIAS

 

Cinemas Cine en La Razón