Edición Nº 64

La Revista

Criticas

Señores generales, Señores coroneles

 

Autor: Claudio Sánchez

Los años setenta en Bolivia están marcados por la dictadura de Banzer, el golpe de estado de 1971 consagró la violencia, la represión ejercida durante este periodo, y los manejos económicos a favor de intereses privados lograron debilitar al país y sus instituciones, además de marcar a fuego la lucha social de diferentes sectores.

En este contexto, durante la propia dictadura, Alfonso Gumucio Dagron realiza una película de denuncia junto con Marcelo Quezada, se trata de Señores generales, Señores coroneles. Un documental del “cine urgente” hecho con la convicción de llevar a la pantalla grande un hecho que estaba sucediendo en ese instante, el cual tenía antecedentes y efectos que ya para entonces estaban dentro de un marco más amplio, una cuestión regional que involucraba a varios países latinoamericanos.

La película empieza con uno de los actos preparados para celebrar el sesquicentenario de la República, un momento que la dictadura de Banzer intentó capitalizar a su favor como una señal de que la tranquilidad ya estaba instalada en el país, las demostraciones de poder de las Fuerzas Armadas así lo demuestran. Estas son unas de las pocas imágenes captadas in situ del documental. Los realizadores optan en este largometraje por recurrir a fotografías fijas y voz en off – en muchos casos – para narrar y contextualizar lo que sucede en Bolivia. Muchas entrevistas importantes son las que dan sustrato a este relato, entre ellos se encuentra Juan Lechín, y quizás la presencia más importante sea la de Regis Debray, quien fuera acusado de delator de la Guerrilla del Ñancahuazú, junto con Ciro Bustos fueron enjuiciados en Camiri y sentenciados por un Tribunal Militar.

Muchas de las historias que se desarrollan en el documental todavía hoy parecen desconocidas, o más bien encubiertas, una de las más importantes hace referencia al asesinato de Joaquín Zenteno Anaya, Comandante de la Octava División de Ejército quien capturó a Ernesto Che Guevara, a quien asesinaron en una calle de Paris en mayo de 1976. Se insiste en que Zenteno Anaya fue una más de las víctimas de la denominada “Maldición del Che”, sin embargo hay un trasfondo mucho más oscuro, y una posible acción internacional en contra de este hombre que mostró públicamente su malestar con Banzer luego del asesinato de Andrés Selich el año 1973 en La Paz. El documental ya perfila la acción internacional de lo que después se conocería como el “Plan Cóndor” y su alcance internacional, como Selich y Zenteno Anaya, el derrocado presidente Juan José Torrez también fue asesinado en Buenos Aires por un grupo de ultra derecha.

Señores generales, Señores coroneles no le teme a la denuncia, lo hace como una forma de hacer internacional el mensaje de lo que está sucediendo en Bolivia, e involuntariamente pone en cuestión todo el proceso internacional de implementación de un sistema dictatorial que favorece los intereses económicos de las grandes potencias.

Sobre todo la cinematografía chilena del exilio tiene ejemplos de este tipo de cine, un cine que recupera imágenes y monta con lo que puede un discurso que necesita ser difundido frente al atropello que se vivía en cada uno de los países que sufrió estos periodos de facto. Los realizadores acá se valen de datos que se ocultan en cada uno de los países, recuperan testimonios de un alto valor para la denuncia de lo que sucede, no escatiman esfuerzos para poder dar a conocer listas de personas involucradas en crímenes cometidos bajo el consentimiento de los gobiernos dictatoriales.

La película estuvo lista para ser exhibida en 1976, y tuvo una discreta distribución en circuitos alternativos. Para cuando Señores generales, Señores coroneles estuvo concluida todavía la dictadura de Banzer no había caído. Intuitivamente los realizadores sospechan de un plan mayor de alcance regional, todavía no saben cómo nombrarlo, sin embargo eso no resulta motivo para no enunciarlo y poner a consideración de los espectadores una situación general de intervención internacional en los regímenes dictatoriales de la región.

Han pasado más de cuarenta años de su realización y la película se convierte ahora en un documento urgente, del mismo modo como fue realizada, su condición de “cine urgente” aun prevalece. La democracia partidaria en Bolivia permitió que Banzer llegara a ser Presidente Constitucional, sus alianzas con otros partidos políticos y el respaldo que consiguió de los sectores privados empoderados de la economía como resultado de más de una acción en beneficio de ellos, y suyo propio, permitieron que exista esta página absurda de nuestra historia contemporánea. Estas situaciones, las que mantuvieron en el poder a los políticos de vieja data, son también las que han instalado sistemáticamente corrientes de expropiación de la memoria colectiva. El país no puede olvidar lo que sucedió, no se trata en ningún caso de conciliar deudas a costa del dolor de un pueblo, y esta voz en off que a lo largo del documental denuncia lo que sucede durante la dictadura, sirve ahora como voz de la conciencia para tener una mirada más aguda frente a lo que sucede en todos los niveles. El cine no tiene porque renunciar a su condición de ente cuestionador de la realidad, y sin embargo el documental también puede dar respuestas sobre ciertas cuestiones. No hay una renuncia estética en beneficio del discurso, sino más bien una búsqueda de formas para hacer válida la denuncia con los recursos existentes. A pesar de las dificultades para su realización, este documental, demuestra que sólo el miedo es lo que nos detiene, o como decía Domitila Chungara: “Nuestro enemigo principal es el miedo.”     


Señores generales, Señores coroneles

Genero: Documental
Pais: Bolivia
Año: 1976
Direccion: Alfonso Gumucio Dagron
Reparto: Entrevistas a considerados políticos, líderes sindicales y ex agentes de la CIA; así como a Regis Debray asesor del presidente Mitterand.
Musica:
Fotografia: Eric Pittard
Duracion: 75 min.
Guion:
Produccion: IDHEC - PARÍS
Sinopsis:


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