Edición Nº 68

La Revista

Dossier

Oscar Soria, su centenario

 

Autor: Claudio Sánchez

Si hay un nombre - en toda la historia del cine boliviano - que se asocia directamente a la escritura de guiones, ese es el de Óscar Soria Gamarra (1917-1988). Referencia ineludible a la hora de pensar en las historias de nuestra cinematografía, es el personaje más importante, esencialmente porque su vida atraviesa los períodos históricos más relevantes del pasado siglo XX.

“Cacho”, como lo llamaban en círculos íntimos, cumpliría en diciembre de 2017 la tan mentada edad de 100 años. Es su centenario motivo suficiente para volver a él y su obra. Nacido en la ciudad de La Paz un 28 de diciembre, se sabe que desde sus años en la escuela gustó de la escritura y que sus primeros relatos corresponden a aquellos tiempos[1]. Participó de la Guerra del Chaco, que enfrentó a bolivianos con paraguayos entre los años 1932 y 1935, esta fue una de sus primeras vetas de inspiración, aunque con los años no sería la única ni la más prolífica, todavía estaba por venir el momento más trascendental de la historia nacional: la revolución de abril.

“Soria se considera un producto de la Revolución de 1952, cree también que [Jorge] Sanjinés y [Antonio] Eguino lo son. La eclosión popular de esos años transformó sus perspectivas y su visión y responsabilidad ante la sociedad.” (Mesa, 1984: 4)

Esta afirmación que se puede leer en Notas Críticas N°51, publicación editada por Cinemateca Boliviana en 1984 permite hacer un primer acercamiento a la obra de Soria. Tantos sus cuentos como los argumentos que escribiría después del ´52 ya no se desprenderán de la cuestión social, y reflexionarán sobre los nuevos actores de la sociedad boliviana: los mineros, campesinos y posteriormente las nuevas clases urbanas.

Su relación con el cine tiene origen en 1953 cuando uno de sus cuentos da pie al argumento del corto Los que nunca fueron[2], producido en Ecuador para la Organización Mundial de la Salud (OMS). La película fue realizada por Jorge Ruíz y Augusto Roca. Desde entonces empezaría a transitar los momentos más interesantes de la cinematografía: la etapa del nacionalismo revolucionario junto con Ruíz en el Instituto Cinematográfico Boliviano, el cine urgente de Jorge Sanjinés y el cine posible de Eguino, además de su posterior relación de trabajo y amistad con Paolo Agazzi a finales de los años setenta y a lo largo de la década del ochenta.

Óscar Soria fue guionista de Jorge Ruíz, Hugo Roncal, Jorge Sanjinés, Antonio Eguino y Paolo Agazzi, además colaboró con Danielle Caillet. Más de treinta películas entre cortos, medios y largometrajes llevan su firma. No sólo es sorprendente el número de producciones en las que participa, sino también la profundidad de los temas que aborda y la sensibilidad con la que lo hace.

SORIA Y RUÍZ

Jorge Ruíz convence a Soria de utilizar como argumento de Los que nunca fueron uno de sus textos, aquí se da origen a la íntima relación entre el escritor y el cine, que le acompañará toda la vida. Ruíz fue convocado por la OMS mediante una gestión de la Embajada de Estados Unidos en La Paz, a requerimiento de esta instancia internacional el cineasta se trasladó hasta Ecuador para realizar un documental que acompañe la campaña contra la malaria en aquel país. Una vez anoticiado del proyecto y el objetivo que tenía la realización de este corto documental Ruíz se contacta con Luis Ramiro Beltrán, que por entonces se encontraba en Costa Rica, y con quien había trabajado el guión literario de Vuelve Sebastiana, para adaptar un cuento que él había leído. Es así que Ruíz entra en contacto con Soria. Será sólo meses después de realizada la película que el cineasta invite al escritor a su casa en Sopocachi, ubicada en la Avenida Sánchez Lima, para poder ver el resultado final, generando en Soria la más grande alegría y satisfacción al ver cómo su escritura cobraba vida con el cine.

“En 1954 Ruíz funda junta a Gonzalo Sánchez de Lozada, la empresa Telecine. Dada su limitación económica el grupo trabaja en co-producción, o con el ICB, o con USAID.” (Mesa, 1983: 5) Es en aquel contexto que Ruíz invita a Soria a trabajar de un modo más regular junto a su equipo en el que se encontraban: Augusto Roca, Hugo Roncal, Alberto Perrín, además de Ruíz y Sánchez de Lozada. Será entre los años 1954 y 1956 que Soria encuentre el ritmo de la narración y hallé la forma de llevar a la pantalla grande sus relatos. Aquellos son los primeros años de la Revolución, es el primer gobierno de Víctor Paz Estenssoro, y en ese tiempo Soria escribe: Juanito sabe leer (1954), Un poquito de diversificación económica (1955) y Voces de la tierra (1956). Son años de muchas satisfacciones personales puesto que en su carrera como escritor obtiene dos importantes reconocimientos: en 1954 gana el Segundo Premio del Concurso de Cuentos “Cincuentenario” convocado por “El diario” y en 1955 el Primer Premio del Concurso Latinoamericano de cuento convocado por “El nacional” de México.

La aventura de Telecine tendrá su corolario con una historia que merecería en la historiografía cinematográfica boliviana un capítulo aparte. Conocido como el último proyecto de Telecine, al que también se lo reconoce como el más ambicioso de todos, el relato del paso de ciertos bandidos norteamericanos por el país a principios del siglo XX, requería para su realización un alto financiamiento que no era posible conseguirlo en Bolivia. Óscar Soria junto al joven Gonzalo Sánchez de Lozada hicieron una profunda investigación sobre la presencia de Sundance Kid y Butch Cassidy por diferentes rincones del país. Alcanzaron a escribir un proyecto y desarrollar toda la idea de la película, hicieron distintos viajes por diferentes regiones recabando datos e información. Es este uno de los rasgos más interesantes en la vida y obra de Soria, su capacidad innata para poder recoger la vivencia y el relato popular de los lugares que recorre o por donde se encuentra.

“Sánchez de Lozada llevó el proyecto a Estados Unidos, allí uno o dos empresarios de cine mostraron interés tras escuchar la historia, pero Sánchez prefirió no arriesgar la idea temiendo una solución hollywoodiana que podía tergiversar el sentido original de la historia; el proyecto quedó archivado por falta de financiamiento.” (Mesa, 1984: 4)

Holywood le tendría reservada una página a esta historia de bandoleros cuando años después, en 1969, se estrenaría Butch Cassidy y Sundance Kid, un western dirigido por George Roy Hill, y protagonizado por Paul Newman y Robert Redford.

“Diez años después – un lapso que olía a prescripción de cualquier reclamo – la productora norteamericana [Metro Goldwin Mayer] lanzaba al mercado mundial una película: Butch Cassidy & the Sundance Kid, estelarizada por Robert Redford  y Paul Newman. La película rodada en México, enriqueció a sus productores y dejó malparada la imagen del ejército boliviano. Gonzalo insistía en que ése era su guión: sostenía que la película no había sido rodada sino robada. Anduvo espantado de ver que – en lo que pudo ser su película – la inerme reticencia aymara hubiese sido remplazada por el alboroto de charros empistolados. Más que eso: su espanto se empurpuraba de indignación cuando recordaba que no había recibido un solo centavo de paga.” (Valdivia, 1998: 29)

Décadas después se filmaría en Bolivia Blakthorn (2011) dirigida por el español Matel Gil y protagonizada por Sam Shepard, Eduardo Noriega, Stephen Rea y la peruana Magaly Solier, entre otros. Si la primera de las cintas se centra en la historia de los fugitivos hasta su último combate, la segunda presenta más bien a Butch Cassidy 20 años después de su desaparición viviendo en el sur de Bolivia.

La década del cincuenta le tendría a Soria todavía apartado uno de sus más importantes proyectos, la escritura del primer largometraje de Jorge Ruíz, se trata de La vertiente (1958). La película fue filmada en la localidad de Rurrenabaque y se convierte en el terreno de exploraciones de las capacidades técnicas que hasta entonces había alcanzado el Instituto Cinematográfico Boliviano. Soria y Ruíz se enfrentarán entonces a las dificultades de realizar una película con los recursos existentes más allá de las primeras aspiraciones que ambos hubieran podido tener.

SORIA Y SANJINÉS

A “Cacho” Soria el cine boliviano le debe el guion de Ukamau (1966) opera prima de Sanjinés, quien luego de su estadía en Chile como estudiante, hizo en Bolivia algunos cortometrajes que ya mostraban su capacidad y talento, dos de los más importantes de los años previos a Ukamau son Aysa (1965) y, por supuesto, el tan impresionante Revolución (1963), ambos cortometrajes cuentan también con la participación de Soria como realizador.

Sanjinés vuelve a Bolivia en 1960, entonces se conoce con Óscar Soria y Ricardo Rada, esta relación dará distintos y variados frutos, de inicio se podría apuntar la creación del grupo “Kollasuyo” cuyo principal objetivo era fortalecer la cultura cinematográfica desde la formación, para lo cual se funda el Cine Club Boliviano y posteriormente al Escuela Fílmica Boliviana, esta última experiencia pionera en el país que vio truncada su existencia por motivos relacionadas con su validación por parte del Ministerio de Educación de entonces.

“La Escuela Fílmica ofrecía cursos de Cinematografía, Fotografía y Actuación Cinematográfica, con una duración de 3 a 5 meses, y funcionaba en los días hábiles de 9 a 11´30 de la mañana en un local de la Calle Indaburo. No tuvo mucho tiempo de vida, y no salió de ella ningún cineasta nuevo, aunque llegó a tener 25 alumnos. Los cursos eran sobretodo prácticos, utilizando los equipos del Instituto Cinematográfico Boliviano que colaboró con la iniciativa de Sanjinés y Soria en una primera etapa.” (GumucioDagrón, 1983, 201)

Desde aquel año – 1960 - la relación con Sanjinés será prolífica, junto con Soria realizarán los primeros cortometrajes incluso compartiendo créditos en la dirección. Fue con Sueños y realidades, un corto realizado en 1961 por encargo de la Lotería Nacional que se daría inicio al camino que provocaría Revolución (1963) la mejor carta de presentación que el equipo tuvo, una película independiente que no contaba con el apoyo del Estado como en aquel entonces la mayoría – sino la totalidad – de las producciones lo hacían, condicionando de este modo también los discursos de las películas de la época, siempre alineadas con el emenerrismo y sus apoyos internacionales.

La historia reconoce que en 1965 el entonces grupo “Kollasuyo” es invitado por el gobierno del General René Barrientos Ortuño – quién había dado un golpe de estado el 4 de noviembre de 1964 poniendo fin a los años de gobiernos de la revolución nacional – para que aquellos hombres formaran parte del Instituto Cinematográfico Boliviano. De acuerdo con Carlos Mesa, entre los años 1965 y 1967, el ICB tuvo en sus filas: Jorge Sanjinés (director), Óscar Soria (guionista), Ricardo Rada (producción), Jenaro Sanjinés (cámara), Alberto Villalpando (compositor musical), Jesús Urzagasti (asistente de dirección y segundo guionista) y Nicanor Jordán (encargado de administración). Este equipo será la base para la realización de Ukamau (1966) primer largometraje de Sanjinés, que fue producido por el ICB.

Ukamau será una película incómoda para el gobierno, su alta carga social y política, su capacidad de denuncia y la forma en cómo enfrenta a un espectador de élite con sus propios errores y atropellos serán suficientes motivos para que se cierre un cerco en torno al equipo del ICB, a quienes pocos meses después del estreno de la película se les hará saber que han sido despedidos. De acuerdo con una entrevista realizada en noviembre de 1983 a Soria por Carlos Mesa:

“Cuando nos echaron del ICB Jorge no estaba en Bolivia, a mí me entregaron su memorándum de despido, en ese mismo momento yo comencé a demostrar que las acusaciones contra Jorge no eran ciertas. La acusación central era de malversación de fondos, sobre todo por la realización de Ukamau. Reclamaban por la inexistencia de facturas que justificaran egresos. Por un lado esto se debió al poco orden de la administración de nuestros gastos, pero sobre todo porque muchos de esos gastos se descargaron con papeles y no con facturas valoradas por la simple y sencilla razón de que al momento de alquilar, por ejemplo, una mula en pleno altiplano, el campesino propietario mal podría darnos una factura valorada, y así muchísimos egresos en rodaje en pleno altiplano que no nos posibilitan un descargo documentado de tipo oficial.” (Mesa, 1984: 7).

Soria trabajaría junto a Sanjinés en: Ukamau (1966), Yawar Mallcu (1969), Los caminos de la muerte (1970) - la frustrada realización de la película que nunca se llegó a terminar – y El coraje del pueblo (1971). Luego de este periodo Sanjinés saldría al exilio y Soria permanecería en La Paz, junto con otros cineastas que ya habían empezado a trabajar de manera más profesional y continua.

SORIA Y EGUINO

Luego del golpe militar del coronel Hugo Bánzer, el año 1971, en complicidad con el MNR y la Falange Socialista Boliviana, quienes formaban parte del Grupo Ukamau verán cómo éste se divide para dar lugar a dos nuevas instancias y también corrientes, por una parte Sanjinés en el exilio y por otra Antonio Eguino en el país. Así como lo hizo con Sanjinés con quien colaboró en su opera prima, del mismo modo Soria lo hizo con Eguino cuando escribió el guion de su primera película Pueblo chico (1974).

“Pueblo chico significó una ruptura con el cine que hasta entonces había desarrollado Sanjinés. No es un film político, pero es un film de alusiones políticas. Es un cine de búsqueda, de interrogación, de constatación, que se niega a presentar una alternativa o una respuesta. A diferencia de los films de Sanjinés, no pretende dirigirse al público campesino, sino al de clase media, considerando que este es el que frecuenta las salas.” (Gumucio Dagron, 1983: 273)

Donde radica la importancia de Pueblo chico es en cierto cambio de paradigma dentro del cine nacional, que deja su vena política-combativa o su más profunda raíz etnográfica, para dar lugar a expresiones – que si bien no se alejan de la cuestión social – permiten reflexionar sobre “el ahora” del país.

“Pueblo chico de Antonio Eguino es una película que no está protagonizada por directamente por el campesino o el minero (como en anteriores producciones del Grupo Ukamau) sino que los personajes clave son de clase media, que es la que más ve el cine en nuestro país. Por esto, Pueblo chico no es un film que presenta al espectador un problema diverso del de este espectador nacional. Por ello la película no nos hace contemplar una historia de acción, sino que convierte al espectador en actor, y es a él a quien le estimula conocer y hacer algo por nuestra realidad nacional. El film no toma partido, sino que contrapone actitudes, para que de este choque de realidades nazca la clarividencia.” (Espinal, 1982: 160)

Eguino se convierte en un director que demuestra sus capacidades y logra convencer al público de que tiene algo por decir. Esta condición del realizador paceño se confirmará con su segundo largometraje, la película más vista de la historia del cine nacional, Chuquiago, estrenada en julio 1977 en el Cine “16 de julio” de la ciudad de La Paz. Largometraje cuyo guion literario fue escrito por Óscar Soria como consecuencia de investigaciones previas realizadas por un equipo importante de hombres y mujeres que ayudaron a la recopilación de información y datos para la elaboración de cada una de las cuatro historias que dan forma a esta película.

SORIA – EGUINO –AGAZZI

Ukamau Ltda., como se llamó la productora que quedó a cargo de Eguino, luego de producir Chuquiago, que logra ser una película en la que se ve la madurez de un grupo de cineastas y técnicos, reúne al mejor equipo humano de aquellos años, incluido Luis Espinal.

“Después de Chuquiago se produce un fenómeno interesante en el grupo de Eguino. Tras un largo paréntesis de cinco años, la empresa estrena otro largometraje, pero esta vez de un nuevo director, Paolo Agazzi. A diferencia de lo acaecido en 1971 se posibilita en el seno del mismo grupo el surgimiento de otro realizador, dando paso a una nueva generación  sin producirse por ello una ruptura.” (Mesa, 1984: 8)

Agazzi llega a la pantalla grande con su primer largometraje, se trata de Mi socio (1982), una historia que es guionizada por Óscar Soria, que sin embargo es resultado del trabajo de un equipo, que como lo reconocen los créditos de la película está forado por: Paolo Agazzi, Raquel Romero, Guillermo Aguirre, UteGumz y María Luisa Mercado. Esta forma de trabajo no le es desconocida a Soria, quien desde El coraje del pueblo (Sanjinés, 1971) ha desarrollado un método participativo que permite un mejor desarrollo del argumento. He aquí otro de los valores en el trabajo de Soria, la posibilidad de dialogar y generar encuentro o reflexiones a partir de horizontal la horizontalidad en una mesa de trabajo.

“A finales de 1980, alojados en la casa de Eduardo Ruíz, industrial maderero de Santa Cruz, la circunstancia de conocer a través de él aspectos del trabajo de la madera en la región de Río Grande, nos condujo a la formulación de un tema cinematográfico. La información apasionada del conocedor del tema que era nuestro amigo Eduardo, pintaba el trabajo del maderero con trazos de belleza visual y mucha fuerza.” (Soria: 1982, 7)

Esta remembranza del origen del argumento de Mi socio, que se completa con la idea de “reunir en un mismo tema la dura tarea del maderero oriental con el trabajo de mayor sacrificio en la región occidental, que es el de las minas”, los cuales dan lugar a pensar en: “el camino, el camión y el transportista” son cuestiones que en perspectiva se emparentan con una idea que Soria ya ha trabajado junto con Jorge Ruíz en Un poquito de diversificación económica (1954), un mediometraje que propone la integración del país entre oriente y occidente. El éxito de Mi socio está en su propuesta de ser una película cómica y su apuesta por el roadmovie, una combinación perfecta para un país acostumbrado al drama. Como declara el propio guionista en una entrevista realizada por el periodista Mario Castro en febrero de 1982:

“(…) Hace cosa de un año casi, las producciones de sus miembros, de un miembro cualquiera de Ukamau, podía producir una película. Diremos que la aplicación de esta reglamentación se cumplió en primer lugar con Mi socio. Esta es la primera película que se realiza con esta reglamentación, es (de) Ukamau pero es un subgrupo que se forma alrededor de una realización en este caso de un director: Paolo Agazzi, con Raquel Romero y yo. Con otro equipo de jóvenes relacionados con Ukamau, formamos esto que se ha llamado la Cooperativa Cinematográfica Mi socio, ahora es una experiencia muy linda, son todos muy jóvenes, algunos fueron nuestros alumnos en talleres cinematográficos que hemos ido preparando en el último año, (…) y entonces estábamos en un ambiente muy amigable, muy cordial, entre risa y risa abordábamos las escenas, imaginábamos las situaciones, y yo las iba escribiendo, y así creció el guion.” (Castro, 2013: 266-267)

La Productora Cinematográfica Ukamu, estrenaría en 1984 el drama histórico Amargo mar, largometraje que escudriña sobre la historia de la campaña del Pacífico en la que Bolivia perdió su salida soberana al océano Pacífico. En este nuevo emprendimiento Soria, Eguino y Agazzi desarrollarán el argumento de una producción dirigida por Eguino. Amargo mar es el resultado de una ardua y rigurosa investigación histórica, que contó en el apoyo y asesoramiento de: Fernando Cajías, Edgar Oblitas, Grl. Roberto Flores Becerra, entre otros. Sin embargo este último proyecto de largometraje entre Soria y Eguino, dará como resultado un distanciamiento entre ambos por la visión de cada uno sobre el tema que aborda la película. Eguino insistió – y consiguió – en un proyecto de corte histórico como resultado de la investigación de largos años sobre el tema, y Soria apostaba más bien por una historia de romance, que pueda centrar la atención en la historia de amor que había dado origen al argumento.

En 1985 se estrenó el segundo largometraje de Agazzi, se trata de Los hermanos Cartagena, una adaptación de la novela Hijo de opa escrita por Gaby Vallejo. La adaptación fue hecha por Óscar Soria, y fue la primera vez que en Ukamau se hizo un trabajo de estas características, adaptar una obra ajena requirió otro tipo de trabajo que significó para el equipo, y en especial para Soria un nuevo desafío.

SORIA Y SU LEGADO

Más allá de este breve repaso de algunos de los trabajos que realizó Soria Gamarra como guionista, la obra de este escritor como guionista permite descubrir el desarrollo del cine en Bolivia a lo largo de al menos tres décadas (1954-1988), cada una con sus propias características, las cuales son matizadas por nombres propios que han dejado para la cinematografía nacional sus influencias siendo ahora obras referenciales de cierta tradición que se puede reconocer no sólo en un contexto local sino también internacional.

Jorge Ruíz, Jorge Sanjinés, Antonio Eguino y Paolo Agazzi son sólo algunos de los cineastas que tienen la firma de Soria en sus obras, pero más allá de cualquier dato curioso, la influencia del guionista impregna varias generaciones de realizadores que estuvieron cerca de él en diferentes momentos, valga por ejemplo nombrar a: Guillermo Aguirre, Raquel Romero o Mela Márquez.

Soria es entonces uno de los personajes más sobresalientes del cine boliviano de todos los tiempos, indiscutiblemente es el guionista más prolífico y su obra merece especial atención para entender los procesos históricos y los fenómenos sociales de épocas bastante agitadas.

 

FILMOGRAFÍA – COMO GUIONISTA (Datos obtenidos de: NOTAS CRÍTICAS 54: Óscar Soria)

Películas de Jorge Ruíz

1954 – Los que nunca fueron (cm)

1954 – Juanito sabe leer (cm)

1955 – Un poquito de diversificación económica (mm)

1956 – Voces de la tierra (cm)

1956 – Semillas de progreso (cm)

1958 – La vertiente (lm)

1959 – Laredo de Bolivia (cm)

1960 – La colmena (cm)

Películas de Hugo Roncal

1962 -  El mundo que soñamos (cm)

Películas de Jorge Sanjinés

1961 – Sueños y realidades (cm)

1962 – Un día Paulino (cm)

1963 – Revolución (cm)

1964 – Bolivia avanza (cm)

1965 – El Mariscal de Zepita (cm)

1965 – Aysa (cm)

1966 – Ukamau (lm)

1969 – YawarMallcu (lm)

1971 – El coraje del pueblo (lm)

Película de Antonio Eguino

1970 – Basta (cm)

1970 – Censo ´70 (cm)

1971 – La primera respuesta (cm)

1974 – Pueblo chico (lm)

1975 – Operación turbina (cm)

1976 – Ábrele tu puerta al censo (cm)

1977 – Queremos ser sanos (cm)

1977 – Chuquiago (lm)

1977 – El agua es vida (cm)

1980 – La segunda cosecha (cm)

1982 – Bolivia corazón de América (cm)

1984 – Amargo mar (lm)

Películas de Paolo Agazzi

1980 – Hilario Condori campesino (cm)

1982 – Mi socio (lm)

1984 – Abriendo brecha (cm)

1984 – Los hermanos Cartagena (lm)

Películas de DanielleCaillet

1980 – Warmi (cm)

BIBLIOGRAFÍA

Castro, Mario; Lo que el viento no se llevó – Volumen 1; Editorial 3600; La Paz, Bolivia; 2013

Espinal, Luis en Carlos D. Mesa Gisbert; El cine según Luis Espinal; Editorial Don Bosco; La Paz, Bolivia; 1982

Gumucio Dagron, Alfonso; Historia del cine boliviano; Filmoteca UNAM; México; 1983

Mesa Gisbert, Carlos D.; Notas Críticas 47, Jorge Ruíz; Cinemateca Boliviana; La Paz, Bolivia; 1983

Mesa Gisbert, Carlos D.; Notas Críticas 54, Óscar Soria; Cinemateca Boliviana; La Paz, Bolivia; 1984

Soria, Óscar; Chuquiago; Editorial Don Bosco; La Paz, Bolivia; 1977

Soria, Óscar; Mi socio; Editorial Los Amigos del libro; Cochabamba-La Paz; 1982

Soria, Óscar; Sepan de este andar, Antología de cuentos; Imprenta de la Universidad Mayor de San Andrés; La Paz, Bolivia; 1991

Valdivia, José Antonio; Testigo de la realidad. Jorge Ruíz: Memorias del cine documental boliviano; CONACINE, Fundación Cinemateca Boliviana; La Paz, Bolivia; 1998)

[1] Libros publicados de Óscar Soria: Contando sueños (novela, 1957), Mis caminos, mis cielos, mi gente (cuentos, 1966) y póstumamente, la Antología de cuentos Sepan de este andar (1991); además de los guiones cinematográficos de: Chuquiago (1977) y Mi socio (1982).

 

[2] Jorge Ruíz iniciaría su trabajo en el exterior con esta película estrenada en 1954. Desde aquel momento Ruíz ha realizado diferentes filmes en distintos países como Chile, Guatemala y Perú.

 

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