Edición Nº 62

La Revista

Entrevistas

Alejandro Pereyra Doria Medina estrena Luz en la copa

 

El cineasta boliviano Alejandro Pereyra Doria Medina estrenará comercialmente su más reciente largometraje titulado LUZ EN LA COPA. La película ya fue exhibida en otras pantallas alternativas como el Festival Radical en La Paz y el Festival Diablo de Oro en Oruro, además de su proyección de estreno en la ciudad de Sucre. El realizador también dirigió VERSE (2009) y MIRAR (2011).

Claudio Sánchez (CS).- ¿Por qué definir esta película como “largometraje deconstructivo”?

Alejandro Pereyra (AP).- Desde la  corriente arquitectónica, me gusta mucho cómo trabaja Frank Gehry. No sólo la fragmentación, la omisión de conectores tradicionales, sino la rapidez, cierta espontaneidad, algo como cuando Gehry cuenta que un cuarto de su casa no le gustaba y abrió de inmediato un hueco en la pared a martillazos. Creo que ese gesto agresivo y el gesto en si cobró importancia de brújula al abordar el rodaje y montaje de esta película, que por cierto nunca tuvo un guión. En muchas secuencias fue pura intuición. Muchas escenas no tuvieron más de una toma. Decirle deconstructiva es para mí es una presentación al público, que así podrá esperar fragmentación,  “diseño no lineal” y “rugosidad” en el filme.

CS.- ¿Cómo eliges tus actores?

AP.- Sobre todo en Luz en la copa dejé que la situación se defina a sí misma. Ya en Verse había encontrado a la protagonista en plena locación. Esta vez a Santiago Palet lo vi en el Guereo, barrio en el cual transcurre buena parte del filme. Fue una invitación a ciegas, sobre todo impulsado por una fuerte intuición sobre esta persona, quien para mí encarnaba demonios e ideales que yo deseaba exorcizar ante la cámara. Luego me gusta que personas que ya trabajaron conmigo vuelvan a aparecer o estén conectadas entre sí. El rol de la joven que se hace amiga de Santiago  lo interpreta Flavia Cardona, hija de la protagonista de Verse. El adolescente mudo es Isaac Manjón, que actuó conmigo en Mirar cuando tenía 9 años. La madre de Santiago es Rosario Saenz, quien hacía de la abuela del protagonista en Mirar y a quien en sueños volví a ver como si fuera mi propia abuelita.

CS.- El amor que crece entre Silvia e Isaac, es un amor adolescente, por qué acercarse a esta figura de “primeros amores”, cuál es tu búsqueda en este sentido.

AP.- Esta película es un vitral del amor, o los restos de un vitral roto por la inconstancia del tiempo y de la propia conciencia de que el tiempo nos pasa.  Ese amor adolescente me obsesiona por lo cándido, por promesas lanzadas al aire y por tener como el alma a flor de piel. De alguna manera la película muestra una única y sola relación de pareja en tres distintas etapas: el nacimiento de esta en Isaac y Silvia, la debacle del amor en Santiago y Tania y algo como una esperanza de amistad profunda entre Santiago y Flavia.

CS.- Hay muchas citas textuales a la literatura. ¿Cómo crees que esto favorece a la trama?

AP.- Sí hay citas, la verdad han sido incluidas con un amor culpable por las mismas. Reconozco el peligro que implican. También hay citas cinematográficas: a Billy WIlder, a Pasolini y a Jhon Ford… de alguna manera será una película que cinéfilos y literatos podrán disfrutar mejor.

CS.- ¿Por qué dialogar con tus anteriores largometrajes de manera tan explícita con imágenes que formaron parte de estas, o que si quedaron fuera de todas formas pertenecen a sus respectivos procesos de rodaje?

AP.- En cuanto testimonio autobiográfico esta película es una expiación de traumas. Las anteriores películas que mencionas tuvieron un fuerte peso en mi vida en todos los niveles. Pero incluir escenas de Verse  es más como una broma a mí mismo: a cuando, como Isaac en la película, me fui a México, después de rodar Verse, para regresar y sentirme extraviado. Es una especie de chiste doble. Las imágenes de Mirar entran para problematizar una visión de la infancia. También aparece escasos segundos la actriz de Verse, Mirtha Pardo: y regala por un segundo la sonrisa que en toda su película le negué.

CS.- La música de la película es bastante ecléctica. ¿Cómo la construyes?

AP.- Para mí Luz en la copa es un video Clip de 2 horas. Agradezco la música que hizo la compositora mejicana  Diana Syrse para el film, que en mi opinión es fantástica y aporta la elasticidad necesaria a las historias paralelas o cíclicas. Esto aparte de las muchas citas musicales, de los lieders ultrarománticos de Schumann, de la balada pop de grupo local, etc. Una vez más, desde la expiación, si en Mirar y Verse cuidé mucho de usar la música estrictamente necesaria aquí decidí no  limitarme en la dimensión que lo musical podría aportar.

CS.- La película cierra con una declaración contundente sobre la Ley de Cine. Qué es lo que piensas sobre este tema.

AP.- Que no podemos seguir haciendo malabarismo para lograr nuestras películas. Creo que la nueva generación de cineastas ha dejado claro su compromiso con el desarrollo cultural del país, con historias cada vez más profundas y de gran factura técnica. El hecho de que no exista tal ley no impedirá que se siga haciendo buen cine en Bolivia, pero sí limita notablemente la proyección nacional e internacional del mismo.  El puente con el público boliviano debe pasar por estrategias de educación audiovisual. Es decir, ahí se verá que los fondos que debe proyectar tal ley no son ningún favor a los cineastas, sino una necesidad de todos los bolivianos a expresar la vida y reconocernos a través de este arte.

CS.- ¿Cómo ves el cine en Sucre actualmente?. Realización, exhibición, distribución.

AP.- Hay una sola multisala donde hacen lo posible por mostrar cine boliviano entre miles de películas estadounidenses que ya tienen su sitio garantizado. Sin embargo hay entusiasmo desde la producción y un interesante aunque aún pequeño movimiento documental. También se han realizado un par de largometrajes de ficción, uno de los cuales está en post-producción creo y me gustaría ver, se grabó en el campo profundo con actores naturales.

CS.-  ¿Cuál es tu nuevo proyecto?

AP.- Acabo de rodar esta semana una película que por años se llamó Historia del partir y que ahora, en un nuevo guión rápidamente adaptado a las condiciones de producción, se llamará quizás “Fuego para salir de viaje” o “Por el bien de la belleza”.  Es una exploración en la vida de los personajes y también en la vida de los no-actores, que son la pareja de Historia del partir en una especie de precuela. Los conflictos de producción de aquella película son tomados como parte activa en la trama de esta versión. Tenemos a una joven que acaba de terminar el colegio y no sabe qué carrera estudiará, aún cuando su vocación está claramente marcada. En realidad el conflicto de ese momento es: cómo haré que mi espíritu y lo mejor que llevo en mí crezca y florezca en la sociedad en que vivo. Cuenta con la actuación de Flavia Céspedes, Philip Borschers y el director de teatro Diego Aramburo, entre otros. En producción y asistencia de dirección agradezco a mi gran amigo Mirko Álvarez.

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