Edición Nº 73

La Revista

Entrevistas

Algo Quema, cine que busca en la intimidad de la memoria nacional.

 

Lila Andrea Monasterios converso con Mauricio Ovando, director de Algo quema (2018) en el marco del 20 BAFICI

 ¿Usted sabe algo sobre el expresidente de Bolivia, Alfredo Ovando Candia? Algo Quema, la ópera prima de Mauricio Ovando se trata de un documental que relata un encuentro entre los relatos familiares sobre su abuelo, un hombre amoroso con una familia idílica; versus lo que la historia dice de él, un dictador que ni siquiera es reconocido como tal, que bajo su mandato se mató al Che Guevara y se produjo la masacre de San Juan pero paradójicamente nacionalizó YPFB. Tuvo su premiere mundial el pasado 17 de abril en el BAFICI (Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente) con la aceptación de un público que llenó la sala y posteriormente faltó tiempo para la fase de preguntas y respuestas.

Un filme arriesgado desde su concepción con un formato poco usado en el cine nacional. La idea surgió en 2008 pero el trabajo serio empezó hace dos años, el guion inexistente se reemplazó por una estructura a partir del material que existía, en parte testimonios que el director obtuvo de familiares, en parte los rollos de cinta super 8 que su abuelo filmó incansablemente y que estaban en el sótano de su casa durmiendo. Finalmente fueron despertados dos generaciones después para de alguna forma, hacerse cargo de una historia controvertida de quien en vida no pagó por todo lo que hizo.

Con un presupuesto de más de $us 12.000, en 77 minutos el trabajo de Juan Alvares-Durán en la producción, Cecilia Almeida en el montaje, Fernando Hurtado e Isaac Rivera en la producción de sonido, entre otros, bajo la dirección del joven cineasta paceño de 31 años, Mauricio Ovando, llevan al espectador a conocer lo más íntimo de la vida ‘perfecta’ del militar que fue dos veces presidente defacto en Bolivia en 1966 y 1969. Con una escena final que rompe con todo lo visto e impacta en su honestidad.

Lila Andrea: ¿De cómo nace la idea de hacer un filme experimental para el mundo del documental en Bolivia?

Mauricio Ovando: Es la primera vez que me aventuro a dirigir un documental, a mí me encanta el cine que se resuelve en el camino, en el que existe ese proceso de no saber qué va a pasar, por ejemplo cuando encontramos un fragmento del año 1966 del British-Pathé nos pusimos a pensar ¿qué dice eso como secuencia, donde lo colocamos? Lo que teníamos claro eran bloques de espacio-tiempo de la memoria familiar, de la casa, de la contextualización histórica de la etapa militar.

Lila Andrea: Hablas de una película responsable ¿En qué sentido?

Mauricio Ovando: Esta fácilmente pudo haber sido un filme sobre un nieto que le rinde homenaje a su abuelo, pero ¿Pero dónde quedaría la responsabilidad de esta figura pública? Como un familiar sentía que era necesario y urgente por qué ¿Quién se hace cargo de lo que hizo Ovando si no lo hace ni la familia, ni el Estado? ¿Si ni siquiera ha desclasificado los archivos y los militares todavía tienen mucho poder? Yo me puedo hacer cargo desde el cine, desde un lugar libre, sin culpa ni moral, sin hacerse a la vista gorda ante nada.

Lila Andrea: ¿En el plano íntimo familiar hubo alguna discrepancia respecto a que hurgues en los recuerdos y en las heridas?

Mauricio Ovando: Estaba clarísimo que así como yo soy el director y quiero que se respete mi posición, también voy a respetar la posición de mi familia. Yo me tentaba en poner otras cosas pero no lo hice para tener coherencia con la película que toca mucho esto del respeto a la familia. No como una lealtad ciega casi militar pero sí con una comprensión y apoyo en el sentido en el que se puede estar de acuerdo con algo que se dijo o no, pero el “te apoyamos, no importa el final” siempre estuvo presente y eso es genial porque no creo que eso pase normalmente en una familia.

Lila Andrea: Alfredo Ovando Candia era un hombre que entre otras cosas, tenía siempre una cámara en la mano ¿Sientes que la herencia del cine viene por allí?

Mauricio Ovando: Definitivamente. Lo que hemos dilucidado en la creación de este documental es que el vínculo con mi abuelo es el cine, es lo que nos une. Después  muchas cosas no nos unen está claro, yo con lo militar no tengo nada que ver, ni quiero, ni voy a tener.

Él tenía un amor por filmar a su familia, pedía a los edecanes que filmasen a su familia, luego al hijo mayor, luego al menor y yo sigo filmando a la familia.

Lila Andrea: ¿Contaron con algún financiamiento?

Mauricio Ovando: Cero financiamientos.  Es menester mencionar que hemos aplicado a los pocos fondos estatales, como el premio Eduardo Abaroa, o de la alcaldía y otras instancias, pero no hemos recibido nada.

Lila Andrea: ¿De cómo es que logran estrenar este documental en un festival tan importante como es el BAFICI?

Mauricio Ovando: Ha sido una sorpresa para nosotros porque hemos mandado a un par de festivales con respuesta negativa. Pero hemos decidido confiar en que la película podía ir a festivales grandes y que alguno podría darle atención, hemos puesto mucha energía en esto para que realmente pueda ser y tal cual nos han respondido muy rápido. Es el lugar correcto para estrenar, no solo en la región sino en el mundo.

Con Argentina somos países hermanos y estamos muy unidos por nuestra historia con las dictaduras. Aquí existe un despertar por parte de los hijos de los genocidas como esta organización HIJOS (Hijos e hijas por la identidad y la justicia contra el olvido y el silencio), el solo saber que eso está en Argentina ya me parece el lugar correcto. Además hay varios archivos de noticieros argentinos eso también lo ha sabido leer el comité de selección ¡No podemos estar más felices!

Lila Andrea: A diferencia de otros países en Bolivia no parece ser de interés abordar temas que nos revuelvan un poco nuestra historia sobre todo en esa época cuando la injerencia estadounidense hizo de Latinoamérica su centro de dictaduras ¿Este filme se trata de un breve rescate de nuestra memoria?

Mauricio Ovando: Siento que hay muy pocos casos de películas sobre las dictaduras y lo que hay creo que lo afrontan desde lugares bastante comunes como el militante de los 70 - que no tiene nada de malo - pero yo quería mostrar como vemos desde ahora hacia ese pasado, ahora tenemos otra lógica.

Son tan pocos los filmes que no se puede hablar de cine y memoria como tendencia, pero Algo Quema habla sobre eso, de cómo se construye una memoria no solo de la vida personal de mi abuelo sino de cómo la propia familia selecciona de qué cosas acordarse. Que también representa una versión en pequeño de la sociedad, ¿De qué queremos hablar, qué queremos olvidar? La dictadura es una herida es mejor no hablar de eso en la memoria colectiva.

A eso súmale el silencio y omisión por parte del Estado, los archivos clasificados de la época y el poder que tienen los militares sobre la historia y la memoria que nos corresponden. El mismo silencio que puede guardar una familia es el mismo silencio que puede guardar un Estado hacia sus conciudadanos.

Mi abuelo era muy consciente de como construía su imagen pública, como también la familiar y esa última es la que yo exploto y la gozo para hacer el contraste entre esta imagen familiar de padre perfecto, con la del hombre que ha incidido en otras familias que no tienen los mismos recursos o conocimientos para mostrar sus propias historias.

Chico y Rita: La fiesta, la vida

Un hombre se encuentra con una mujer en una rumba. Se encuentran y se desencuentran a medida que pasa la noche. El hombre se llama Chico, la mujer Rita. Ambos son músicos, uno toca el piano y la otra canta. La rumba va pasando, sin saberlo, los dos se enamoran. La vida va pasando, sin saberlo,…

Encuentro de Cine | El corto boliviano, hoy

Descarga

Acercamientos críticos a Olvidados (Bolivia, 2014)

 

 

INSURGENCIAS

 

Cinemas Cine en La Razón